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CONO SUR ESTRATÉGICO
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Geopolitica.ar

Análisis geopolíticos sin dogmas
Índice de Riesgo Regional
ALTO · 74/100
15.277 km²Ocupación británica
965.597 km²Sector Antártico
US$ 1.000 MPesca ilegal · milla 201
500 kmBase OTAN · Malvinas
50 kmHielos Continentales
5.302 km²Reclamo chileno · C. de Hornos
Seis frentes abiertos. Un criterio: el interés argentino.
◆ ATLÁNTICO SUR · SISTEMA REGIONAL · CHILE, URUGUAY Y BRASIL
El Atlántico Sur es un sistema y la Argentina lo discute por partes
Buenos Aires trata Malvinas, la Antártida, la pesca ilegal y Tierra del Fuego como expedientes separados. Londres los administra como un solo sistema, con un comando único que une Mount Pleasant, Georgias, Sandwich y Ascensión, y con una red de relaciones sudamericanas que abarata el costo de permanecer en el Atlántico Sur. Chile, Uruguay y Brasil sostienen esa red sin haber renunciado nunca al apoyo diplomático a la posición argentina, porque hasta ahora esa duplicidad no les costó nada.
10 SEP 2026 Riesgo Alto Relevancia: 96/100 ⏱ Análisis · Atlántico Sur ◈ Ver en el mapa
⚑ Por qué importa Ningún Estado sudamericano necesita declararse aliado británico en Malvinas para que el conjunto de sus decisiones termine reduciendo el costo británico de permanecer en el Atlántico Sur. Ahí está el problema, y también la salida: la unidad de sanción no es el país sino la conducta, con su actor identificado y el beneficio argentino afectado.
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◆ ATLÁNTICO SUR · GEOPOLÍTICA REGIONAL · DEFENSA Y DIPLOMACIA
El Atlántico Sur y el costo de la impotencia institucional
Chile, Uruguay y Brasil profundizan su cooperación con Londres mientras el dispositivo británico en el Atlántico Sur se consolida sin costo político — y Buenos Aires no logra transformar el respaldo diplomático regional en una doctrina de Estado.
09 SEP 2026 Riesgo Alto Relevancia: 96/100 ⏱ Análisis · Atlántico Sur ◈ Ver en el mapa
⚑ Por qué importa Chile sostiene el vuelo semanal a Mount Pleasant y fue calificado por Londres como «socio estratégico»; Uruguay aloja un funcionario de las islas dentro de la embajada británica en Montevideo; Brasil firmó en marzo de 2026 una asociación estratégica militar con el Reino Unido. La región aprendió que colaborar con la ocupación no tiene costo — y mientras tanto, Sea Lion avanza.
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◆ ATLÁNTICO SUR · SOBERANÍA Y RECURSOS · TIERRA DEL FUEGO
Catorce horas bajo pabellón británico
El petrolero VS Promise amarró en el muelle comercial de Ushuaia. Dejó a la vista de todos la desidia del gobierno argentino y destapó la discusión sobre control de nuestros recursos soberanos.
25 AGO 2026 Riesgo Alto Relevancia: 94/100 ⏱ Análisis · Atlántico Sur y recursos estratégicos ◈ Ver en el mapa
⚑ Por qué importa La ley fueguina 852 prohíbe el amarre de buques de bandera británica vinculados a la explotación de recursos en la cuenca Malvinas, y el registro de la Isla de Man integra el Red Ensign Group. El puerto de Ushuaia está intervenido por la Nación desde enero de 2026 y el expediente está en la Corte Suprema: siete meses después de tomar el control invocando el interés estratégico en el Atlántico Sur, la administración que designó habilitó el amarre.
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◆ GUERRA COGNITIVA · FRENTE INTERNO · ATLÁNTICO SUR
El frente interno: cómo se naturaliza una ocupación
En julio, la selección eliminó a Inglaterra del Mundial y el plantel desplegó una bandera. Fue, en términos estrictos, la mayor operación de comunicación soberana de las últimas cuatro décadas, y no la diseñó nadie. Tres semanas después, La Nación publica un extenso reportaje al autor de una novela sobre la guerra narrada desde el punto de vista de los habitantes de las islas.
13 AGO 2026 Riesgo Alto Relevancia: 93/100 ⏱ Análisis · Guerra cognitiva y Atlántico Sur ◈ Ver en el mapa
⚑ Por qué importa El objetivo, la unidad, el mandato y la activación de operaciones cibernéticas ofensivas del GCHQ sobre la Argentina están documentados en los papeles de Snowden. Sea Lion es el activo que la Operación QUITO pretendía proteger. Dieciséis años después, el yacimiento entró en fase de obras.
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◆ DIPLOMACIA PÚBLICA · GUERRA COGNITIVA · FORMACIÓN DE CUADROS
Retornos (sobre la influencia)
Chevening cumple treinta y cinco años en la Argentina y más de seiscientos profesionales pasaron por sus aulas británicas. Un programa de formación de dirigentes ejecutado por una fundación privada volvió a poner el tema sobre la mesa, aunque el problema de fondo es bastante más viejo que el caso que lo destapó.
25 AGO 2026 Riesgo Alto Relevancia: 90/100 ⏱ Investigación · Diplomacia pública y formación de cuadros ◈ Ver en el mapa
⚑ Por qué importa El Foreign Office dejó escrito cómo mide el afecto que financia: uno de los cinco indicadores de su programa global de becas se llama return on influence y mide el cambio de actitudes hacia el Reino Unido entre los egresados y sus redes. Son 59,4 millones de libras al año y treinta y cinco años de continuidad en la Argentina. Lo que no existe es un programa argentino equivalente.
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◆ INTELIGENCIA TERRITORIAL · ESTADÍSTICA Y SOBERANÍA · ARGENTINA
Tres millones fuera del mapa: el problema geopolítico de un Estado que no conoce con precisión a su población
Una investigación geoespacial presentada por Nissim Lebovits sostiene que los registros oficiales argentinos podrían estar subestimando severamente la población de los barrios populares. El hallazgo no demuestra que «falten tres millones de argentinos» del Censo en sentido literal, pero plantea la cuestión mucho más profunda de cuánto sabe realmente el Estado argentino sobre la ocupación de su propio territorio, con qué instrumentos la mide y qué capacidad conserva para producir inteligencia territorial autónoma.
10 SEP 2026 Riesgo Medio Relevancia: 88/100 ⏱ Análisis · Capacidades del Estado
⚑ Por qué importa Una investigación geoespacial independiente estima que el RENABAP y el Censo 2022 podrían estar registrando cerca de la mitad de la población que vive en los barrios populares. La cifra es todavía una hipótesis, pero la pregunta que abre no lo es. Un Estado que no mide con precisión quién vive dónde pierde capacidad de planificar, de anticipar y de gobernar su territorio, y queda expuesto a que terceros lo observen mejor que él mismo.
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◆ INTELIGENCIA TERRITORIAL · FRONTERAS Y DATOS · ENTRE RÍOS
La frontera dejó de estar en la frontera: qué muestra el control migratorio en Entre Ríos
Un artículo de Manuel Andrés Pereira reconstruye cómo cambió el control migratorio argentino entre 2011 y 2022 y encuentra que las funciones fronterizas se desprendieron de la línea limítrofe para instalarse en registros, estándares e intercambios de información. Entre Ríos aparece como caso, y no por casualidad: una provincia con frontera fluvial internacional donde el ingreso lo autoriza un organismo nacional y la vida posterior transcurre entre jurisdicciones que registran por separado.
10 SEP 2026 Riesgo Medio Relevancia: 87/100 ⏱ Análisis · Capacidades del Estado
⚑ Por qué importa Un dispositivo biométrico identifica sin error a quien atraviesa un paso habilitado y no dice nada de quien nunca pasó por ahí. Si la información que producen Migraciones, las provincias y los municipios no es interoperable, una parte de la frontera queda opaca, y lo que se pierde ahí es capacidad estatal para saber qué ocurre dentro del propio territorio.
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◆ SOBERANÍA TERRITORIAL · DATOS Y VIGILANCIA
Tierra y datos: el expediente que Peter Thiel dejó abierto
El Gobierno retiró del Senado el capítulo que liberaba la compra de tierras por extranjeros. Seis meses antes había firmado con Estados Unidos una cláusula que permite sacar del país los datos personales de los argentinos. Parecen dos expedientes distintos.
11 AGO 2026 Riesgo Alto Relevancia: 92/100 ⏱ Investigación · Soberanía y recursos ◈ Ver en el mapa
⚑ Por qué abre el sitio La tierra y los datos son las dos materias primas del mismo modelo de negocio. Founders Fund ya opera quince megavatios de centros de datos a boca de pozo en Vaca Muerta, sin conexión al sistema interconectado. Tierra sin tope más Súper RIGI no es apertura a la inversión: es enclave.
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◆ DESARROLLO · TERRITORIO Y RECURSOS ESTRATÉGICOS
La economía ocupa espacio. De la geografía económica a la estrategia nacional
La localización de la actividad productiva no es sólo un problema de costos de transporte. Detrás de cada ruta, cada puerto y cada ferrocarril hay una decisión sobre qué país se está construyendo.
2 AGO 2026 Riesgo Medio Relevancia: 88/100 ⏱ Análisis · Desarrollo y territorio ◈ Ver en el mapa
⚑ Impacto en los intereses nacionales Dónde se produce no es un detalle técnico. Una ruta, un puerto o un ferrocarril deciden qué regiones se integran a la economía nacional y cuáles quedan como simples zonas de paso. Por eso la infraestructura nunca es solamente infraestructura, sino la distribución territorial de capacidades.
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◆ ESTRATEGIA NACIONAL · CIENCIA, TECNOLOGÍA Y SOBERANÍA
Sin ciencia no hay autonomía. El costo geopolítico del desfinanciamiento
La caída del presupuesto científico y de los salarios del CONICET no constituye solamente una crisis sectorial. Debilita las capacidades con las que la Argentina observa su territorio, administra recursos, desarrolla tecnología y negocia desde una posición propia.
31 JUL 2026 Riesgo Alto Relevancia: 97/100 ⏱ Análisis · Ciencia y soberanía ◈ Ver en el mapa
⚑ Por qué importa Entre 2023 y 2026 el presupuesto de Ciencia y Técnica cayó entre 43% y 50,2% real, y los salarios del CONICET perdieron 40,5%. Se erosionan las capacidades que sostienen la presencia antártica, la observación del Mar Argentino y las tecnologías nuclear y espacial.
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◆ POLÍTICA EXTERIOR · ARGENTINA–BRASIL
Cuando la afinidad ideológica desplaza al interés nacional
La intervención presidencial en la campaña brasileña provocó una respuesta formal de Itamaraty. No hay ruptura ni represalia económica, pero la Argentina debilitó su interlocución con el país que concentra sus intereses industriales, energéticos y regionales más importantes.
31 JUL 2026 Riesgo Alto Relevancia: 96/100 ⏱ Análisis · Política exterior
⚑ Impacto en los intereses nacionales La industria automotriz argentina y el corredor del Mercosur dependen de cupos, homologaciones y reglas de origen que se administran políticamente. Vaca Muerta necesita a Brasil como demanda estable de gas.
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◆ POLÍTICA EXTERIOR · BRASIL · COMPETENCIA EE.UU.–CHINA
Brasil bajo presión: cinco frentes geopolíticos que están reorganizando América del Sur
Las tarifas estadounidenses, la disputa sobre las elecciones brasileñas, la securitización del crimen organizado, la crisis con la Argentina y el acercamiento a China no son acontecimientos inconexos. En conjunto, revelan una lucha creciente por determinar la orientación internacional de Brasil y, por extensión, el equilibrio de poder sudamericano.
5 AGO 2026 Riesgo Alto Relevancia: 94/100 ⏱ Análisis · Política exterior ◈ Ver en el mapa
⚑ Por qué importa Brasil es el principal socio comercial de la Argentina y el país con el que comparte la Cuenca del Plata, la Hidrovía y las cadenas automotriz, energética y nuclear. Todo lo que condicione las decisiones brasileñas condiciona, un escalón después, el margen de maniobra argentino.
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◆ IMAGINARIOS TERRITORIALES · GUERRA COGNITIVA
La Argentina en el imaginario territorial de sus vecinos
Chile enseña la «pérdida de la Patagonia»; Bolivia representa la Puna y el Chaco como partes de su desmembramiento; Paraguay conserva la memoria de Misiones y Formosa; Uruguay recuerda Martín García. Ninguno de estos relatos equivale a una reclamación oficial.
31 JUL 2026 Riesgo Medio Relevancia: 92/100 ⏱ Análisis regional · Memoria territorial
⚑ Impacto en los intereses nacionales Los tratados fijan las fronteras; la educación, la historiografía y los mapas deciden cómo esas fronteras son recordadas. Ignorar esa segunda dimensión deja su representación en manos ajenas.
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◆ RECURSOS ESTRATÉGICOS · SOBERANÍA TERRITORIAL
La Ley de Tierras: hacia la disgregación territorial
El oficialismo busca derogar los límites de 2011 a la compra extranjera de tierra rural. Leída como una cuestión de poder sobre el territorio, la reforma toca el nervio más sensible del litoral: el control del agua y de la frontera.
24 JUL 2026 Riesgo Alto Relevancia: 93/100 ⏱ Análisis · Recursos estratégicos ◈ Ver en el mapa
⚑ Impacto en los intereses nacionales Iguazú e Ituzaingó, sobre el eje del Paraná, ya superan el 30% de su superficie en manos extranjeras. Bajo la Mesopotamia está el Acuífero Guaraní; sobre esa franja corre la Hidrovía.
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◆ SOBERANÍA TERRITORIAL · DATOS OFICIALES
Trece millones de hectáreas: la extranjerización leída por departamentos
Los datos oficiales del Registro Nacional de Tierras Rurales muestran 36 departamentos por encima del límite del 15%. Cuatro de los más comprometidos están sobre el Paraná.
31 JUL 2026 Riesgo Alto Relevancia: 90/100 ⏱ Datos · Infografía ◈ Ver en el mapa
⚑ Impacto en los intereses nacionales Lácar, General Lamadrid, Molinos y San Carlos superan el 50%. Sobre el Paraná, cuatro departamentos pasan el 30%: el corredor por el que sale la agroexportación.
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◆ GUERRA COGNITIVA · RECIPROCIDAD
Hundan la Argentina
El Mundial de 2026 hizo visible una ofensiva narrativa regional contra la Argentina. Detrás: la jerarquía regional en disputa.
23 JUL 2026 Riesgo Alto Relevancia: 94/100 ⏱ Análisis regional
⚑ Por qué importa Por qué la reputación es un recurso estratégico y cómo pasar de la generosidad automática a la reciprocidad soberana.
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◆ PODER BLANDO · GUERRA COGNITIVA · INVESTIGACIÓN
Bajo presión
Anatomía de la campaña de erosión reputacional contra la Argentina. Por qué la reputación nacional es un recurso tan estratégico como el petróleo del Atlántico Sur.
20 JUL 2026 Riesgo Alto Relevancia: 95/100 ⏱ Estimación de inteligencia ◈ Ver en el mapa
⚑ Impacto en los intereses nacionales De la bandera de Malvinas en el Mundial al petróleo de Sea Lion: cómo se fabrica la sospecha, quién gana con una Argentina desacreditada y la doctrina del interés nacional para responder.
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CAPACIDADES DEL ESTADO · Doctrina
¿Quién debería conducir al Estado?
La elección otorga el mandato, pero no garantiza la capacidad de conducir. Frente a la improvisación partidaria y la tecnocracia sin arraigo, la necesidad de formar cuadros integrales.
Riesgo Medio91/100
ATLÁNTICO SUR · Defensa
Malvinas y el Atlántico Sur: geopolítica de un océano ocupado
Del litigio diplomático a la militarización del Atlántico Sur: intereses marítimos, plataforma continental y antesala antártica.
Riesgo Alto91/100◈ Zona en el mapa
ATLÁNTICO SUR · Hidrocarburos
Sea Lion: la ocupación pasa de explorar a explotar el petróleo argentino
Navitas y Rockhopper aprobaron el desarrollo del yacimiento al norte de Malvinas. Lectura crítica de la cobertura probritánica.
Riesgo Alto93/100◈ Zona en el mapa
ANTÁRTIDA · Soberanía científica
Antártida: la ciencia como soberanía y el mito de 2048
Una presencia centenaria, el régimen del Tratado Antártico y la nueva carrera por el continente blanco.
Riesgo Medio85/100◈ Zona en el mapa
CUENCA DEL PLATA · Uruguay
Los kelpers miran a Montevideo: misión comercial de las Malvinas ocupadas
La FIDC prepara una delegación para abastecerse en Uruguay. Implicancias para el frente diplomático regional.
Riesgo Alto88/100
HIDROVÍA PARANÁ-PARAGUAY · Soberanía fluvial
La Hidrovía Paraná-Paraguay: la arteria fluvial del interés nacional
El corredor por el que sale el 80% de las exportaciones agrícolas: soberanía, renta y federalismo tras la concesión a 25 años.
Riesgo Alto96/100◈ Zona en el mapa
LITIO · Recursos estratégicos
Litio: el nuevo mapa de los recursos críticos y el desafío de industrializar en origen
La clave no es el mineral sino la capacidad de industrializarlo, dentro del federalismo del artículo 124.
Riesgo Medio88/100◈ Zona en el mapa
ENERGÍA · Gas Natural
Vaca Muerta y el gasoducto reconfiguran la geopolítica energética del sur
La capacidad exportadora de GNL se convierte en palanca diplomática. Análisis de capacidad y ventana temporal.
Riesgo Bajo82/100◈ Zona en el mapa
INFRAESTRUCTURA · Bioceánico
Corredor Bioceánico Central: Brasil y Paraguay aceleran inversiones
El eje Porto Alegre-Pacífico remodela los flujos logísticos regionales. Argentina evalúa su inserción.
Riesgo Bajo79/100◈ Zona en el mapa
MERCOSUR · Comercio
UE-MERCOSUR: el acuerdo entró en fase de ratificación parlamentaria
La mayor zona de libre comercio interregional del mundo depende de las legislaturas de 31 países. Cronograma y escenarios.
Riesgo Medio87/100
ALIANZAS · UNASUR
PROSUR y UNASUR: fragmentación regional y vacío de gobernanza sudamericana
La ausencia de un bloque cohesionado deja a los países expuestos a presiones bilaterales de potencias extra-regionales.
Riesgo Medio68/100
CHINA · Influencia
Bases espaciales chinas en Patagonia: alcance real vs narrativa mediática
Análisis técnico de las instalaciones de Neuquén. Qué pueden y qué no pueden hacer. Posición oficial y debate estratégico.
Riesgo Medio76/100◈ Zona en el mapa

Todo el material publicado, ordenado por los mismos ejes con los que el radar pondera las señales. Cada título abre la nota completa sin salir de esta página.

Antártida

La posición antártica argentina y su cadena logística propia.

Hidrovía y Cuenca del Plata

Costos logísticos y soberanía fluvial de Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba.

Guerra cognitiva y reputación

Cómo se construye la imagen del país y qué costos concretos tiene.

Capacidades del Estado

La capacidad de conocer, decidir y actuar por medios propios.

Fundamentos y herramientas

El marco conceptual y los instrumentos con los que se lee todo lo demás.

27 análisis · 9 ejes · Protocolo: hechos / hipótesis / incertidumbres / sesgos declarados · Cada pieza se pondera por su incidencia sobre los intereses nacionales argentinos, no por su repercusión mediática.
◆ ATLÁNTICO SUR · SOBERANÍA Y LOGÍSTICA · MALVINAS Y MAGALLANES

Una ruta desde Punta Arenas abastecerá la ocupación británica en Malvinas

La Argentina tiene tres frentes abiertos en el extremo austral y suele discutirlos por separado. Esta semana quedaron a la vista como uno solo, y el más urgente fue también el que menos se nombró. La ruta marítima que se abre en noviembre desde Punta Arenas hacia Puerto Argentino le da a las islas la retaguardia continental que nunca tuvieron. Sumada al petróleo de Sea Lion, completa las dos patas de la viabilidad económica del archipiélago. El aislamiento era el último costo que la ocupación todavía tenía.

⚑ Por qué importa

El primer buque desde Punta Arenas hacia Puerto Argentino zarpa en noviembre y acorta a la mitad el trayecto de abastecimiento que hoy llega desde Montevideo. Sumado a la decisión final de inversión de Sea Lion, con plataforma en 2027 y primer petróleo anunciado para 2028, le da al archipiélago las dos patas de su viabilidad económica. El aislamiento era el último costo que la ocupación todavía tenía.

En una misma semana Donald Trump insinuó que Washington podría revisar su posición sobre Malvinas, Javier Milei anunció por cadena nacional un paquete de medidas para encarecer la explotación petrolera en las islas, José Antonio Kast pasó revista a la flota chilena en el Estrecho de Magallanes y la corporación de desarrollo isleña cerró con el municipio de Punta Arenas una ruta comercial marítima hacia Puerto Argentino. La prensa trató esos cuatro hechos como cuatro noticias separadas y no lo son.

El teatro

Al sur del paralelo 50 la Argentina juega su posición en un espacio continuo que va del Estrecho de Magallanes a la península antártica, pasando por las islas del Atlántico Sur. Ese espacio tiene tres capas superpuestas. La primera es de soberanía territorial y ahí hay una sola disputa abierta, la que sostenemos con el Reino Unido por Malvinas, Georgias del Sur e Islas Sandwich del Sur. La segunda es de espacios marítimos, donde se define quién tiene derechos sobre el lecho y el subsuelo más allá de las doscientas millas, es decir la plataforma continental extendida. La tercera es logística, y es la que decide en la práctica quién puede operar, abastecerse y proyectarse hacia el continente blanco.

Un lector que llega por primera vez al tema suele encontrarse con las dos primeras capas y casi nunca con la tercera. Sin embargo, en el extremo austral la logística no acompaña a la soberanía. La antecede. Quien tiene el puerto, el muelle, el rompehielos y la ruta de abastecimiento termina fijando los hechos que después el derecho reconoce.

Los tres frentes

El primero es el frente chileno de plataforma continental. El Tratado de Paz y Amistad de 1984 trazó el límite marítimo austral vértice por vértice, del Punto A al Punto F, y nada dijo sobre lo que ocurre más allá. En agosto de 2021 Chile firmó el Decreto Supremo 95, que proyecta plataforma continental desde las islas Diego Ramírez al este del meridiano 67°16′ oeste y alcanza una medialuna de 5.302 kilómetros cuadrados. Esa superficie forma parte del límite exterior que la Argentina construyó sobre las recomendaciones que la Comisión de Límites de la Plataforma Continental adoptó en 2016 y que el Congreso demarcó por Ley 27.557 en 2020. Es el único frente austral donde tenemos un título formal y perdemos superficie concreta.

El segundo es Malvinas. La disputa arrastra ciento noventa y tres años y una guerra, y desde la Resolución 2065 de 1965 Naciones Unidas viene pidiendo negociaciones de soberanía que Londres, después de 1982, se niega a retomar. Lo nuevo es el petróleo. El proyecto Sea Lion, que operan la israelí Navitas Petroleum con el 65 por ciento y la británica Rockhopper con el resto, tomó decisión final de inversión el 10 de diciembre de 2025. La plataforma llegaría a comienzos de 2027 y el primer petróleo está anunciado para 2028.

El tercero es la puerta antártica. Las reclamaciones argentina, chilena y británica se superponen y están congeladas por el Tratado Antártico, de modo que la competencia real se juega en infraestructura. Punta Arenas concentra más de veinte programas antárticos y, según cifras chilenas, alrededor del 90 por ciento de las misiones científicas sudamericanas, estrenó en 2025 el rompehielos Almirante Viel, de 210 millones de dólares, y comprometió en enero otros 42 millones para un centro antártico internacional cuya licitación se abrió este año. La Base Naval Integrada de Ushuaia, anunciada en abril de 2024, llevaba en abril de 2025 un avance físico del 9,13 por ciento.

La tesis de geopolitica.ar

Nuestra posición austral no se está perdiendo por desafíos frontales. Se está perdiendo por erosión del perímetro, que es el conjunto de instrumentos administrativos, logísticos y cartográficos con los que la Argentina encareció durante quince años la presencia ajena en el Atlántico Sur. El Decreto 256 de 2010, que exige autorización previa a todo buque que transite entre puertos argentinos y las islas o que atraviese nuestras aguas jurisdiccionales rumbo a ellas. La declaración del Mercosur de 2011, que les cerró los puertos del bloque a los barcos con bandera isleña. Las leyes 26.659 y 26.915, cuyo régimen sancionatorio permitió inhabilitar a Rockhopper en 2013 y a Navitas en 2022. Ese perímetro funcionó. Ninguna gran operadora internacional trabaja hoy en la cuenca malvinense, y quien explota Sea Lion es una compañía de tamaño medio, no una de las grandes.

El perímetro se erosiona porque del otro lado hay calendario y de este lado hay ciclo de anuncios. Esa es la segunda mitad de la tesis y la que explica el ritmo. Chile dictó su decreto de plataforma cinco semanas después de que la Argentina publicara la directiva de defensa de 2021, lo volcó a la carta náutica del SHOA y lo defendió después con cartografía nueva. Botó su rompehielos y lo mandó a la Antártida. La operadora de Sea Lion ejerció en agosto la opción de compra de su buque por 125 millones de dólares. El primer barco a Puerto Argentino zarpa en noviembre. Cada uno de esos actos tiene fecha, presupuesto y responsable. Del lado argentino, en cambio la Base Naval de Ushuaia sigue en el 9,13 por ciento de avance que registraba en abril de 2025, aquella directiva de 2021 que Chile viene pidiendo que derogemos sigue sin reemplazarse y las medidas contra Sea Lion se anunciaron el 3 de septiembre para recién ahora ser enviadas al Congreso.

Los dos movimientos se juntan en un solo hecho, y por eso el acuerdo de Punta Arenas es el emblema de todo esto. Una ruta comercial con cabecera en Punta Arenas hacia Puerto Argentino rompe el cerco que la Argentina construyó sobre Malvinas y lo hace usando la posición magallánica, que es el otro frente. Acorta el trayecto de abastecimiento de los dos mil kilómetros que hoy demanda la vía de Montevideo a poco más de mil, mueve alimentos, materiales de construcción y gas licuado por unos veinte millones de dólares anuales, y le da a las islas un proveedor continental estable que hasta ahora no tenían. Tres frentes que discutimos por separado y una sola operación que los atraviesa.

El cerco se rompe en noviembre

Conviene entender por qué ese cerco importaba tanto, porque nunca fue un gesto simbólico. Malvinas es un enclave de tres mil seiscientos habitantes civiles, sin contar la guarnición de Monte Agradable, situado a unos quinientos kilómetros de la costa argentina, con una economía que depende en cerca del 60 por ciento de la pesca y con casi todo lo que consume llegando por mar desde Montevideo. Mientras esa ecuación se mantuvo, sostener el archipiélago le costó a Londres cuatro décadas de guarnición permanente, de subsidio y de aislamiento diplomático en toda la región.

En noviembre zarpa el primer buque desde Punta Arenas y esa ecuación se rompe. El archipiélago pasa a tener detrás un continente que lo abastece a mil kilómetros y a precio de vecino. A comienzos de 2027 llega la plataforma de Sea Lion y, con el capital ya hundido en el lecho marino, se desploma nuestra capacidad de volver caro ese proyecto. En 2028, cuando salga el primer barril, las islas sumarán a la autonomía logística la autonomía fiscal. Ahí está el verdadero peligro para la causa argentina, y no en lo que Trump haya insinuado en una entrevista. Un enclave subsidiado y aislado es una anomalía que el mundo entiende que en algún momento hay que resolver. Un territorio autosuficiente, abastecido por sus vecinos y financiado por su propio petróleo, deja de ser un problema pendiente y pasa a ser un hecho consumado que a Londres ya no le cuesta nada, y nadie se sienta a negociar lo que no le cuesta nada. Mientras tanto, cada carta náutica chilena que no contestamos consolida la lectura de que al sur del Punto F tampoco tenemos nada que decir.

El orden de las tareas se desprende de ese calendario. Lo urgente es el perímetro antes que la declaración, porque lo primero que vence es una ruta marítima y no un principio jurídico. El reclamo por la ruta chilena tiene que llegar a Santiago y al Mercosur ahora, mientras el primer buque todavía no zarpó. El régimen de sanciones tiene que alcanzar a los contratistas, las aseguradoras y las sociedades de clasificación que le prestan servicio a Sea Lion antes de que la plataforma esté puesta.

Base documental

  • Tratado de Límites de 1881, art. V
  • Tratado de Paz y Amistad de 1984, arts. 7 a 11
  • Decreto Supremo 95 de Chile (agosto de 2021)
  • Ley 27.557 (2020) y recomendaciones de la Comisión de Límites de la Plataforma Continental (2016)
  • Resolución 2065 (1965) y Resolución 31/49 de la Asamblea General
  • Decreto 256/2010 y declaración del Mercosur de 2011
  • Leyes 26.659 (2011) y 26.915 (2013)
  • Tratado Antártico (1959), art. IV

Hechos y datos

  • Cadena nacional del presidente Milei del 3 de septiembre de 2026
  • declaraciones de Donald Trump del 31 de agosto y del 3 de septiembre de 2026
  • acuerdo Punta Arenas–Puerto Argentino informado el 3 de septiembre de 2026
  • decisión final de inversión de Sea Lion (10/12/2025), Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration
  • economía isleña según datos 2021-2024
  • estado de obra de la Base Naval Integrada de Ushuaia a abril de 2025
  • rompehielos Almirante Viel y Centro Antártico Internacional de Punta Arenas

◈ Notas relacionadas: El Atlántico Sur y el costo de la impotencia institucional

◆ ATLÁNTICO SUR · SISTEMA REGIONAL · CHILE, URUGUAY Y BRASIL

El Atlántico Sur es un sistema y la Argentina lo discute por partes

Buenos Aires trata Malvinas, la Antártida, la pesca ilegal y Tierra del Fuego como expedientes separados. Londres los administra como un solo sistema, con un comando único que une Mount Pleasant, Georgias, Sandwich y Ascensión, y con una red de relaciones sudamericanas que abarata el costo de permanecer en el Atlántico Sur. Chile, Uruguay y Brasil sostienen esa red sin haber renunciado nunca al apoyo diplomático a la posición argentina, porque hasta ahora esa duplicidad no les costó nada.

⚑ Por qué importa

Ningún Estado sudamericano necesita declararse aliado británico en Malvinas para que el conjunto de sus decisiones termine reduciendo el costo británico de permanecer en el Atlántico Sur. Londres no consiguió convencer a Chile, Uruguay o Brasil de que las islas son británicas; consiguió algo más útil, que es separar la posición diplomática del comportamiento material.

Hay una diferencia de método antes que de fuerza entre la manera en que Londres y Buenos Aires miran el Atlántico Sur.

La Argentina lo divide administrativamente. Malvinas constituye una política, la Antártida otra, la pesca ilegal otra, Tierra del Fuego otra. La Armada, la marina mercante, los puertos, los hidrocarburos offshore y la relación con Chile, Uruguay y Brasil pertenecen a organismos distintos y, muchas veces, a discusiones políticas distintas que no se cruzan nunca.

El Reino Unido hace lo contrario.

La documentación británica actualizada en agosto de 2026 coloca bajo un mismo comando, las British Forces South Atlantic Islands, al complejo militar de Mount Pleasant, a las responsabilidades británicas sobre Georgias del Sur y Sandwich del Sur y a la actividad militar británica en la isla Ascensión. La revisión estratégica de defensa británica de 2025 integra además esas posiciones dentro de una Integrated Global Defence Network, cuya función declarada consiste en usar bases, diplomacia militar, tecnología y relaciones con países asociados para defender intereses británicos y producir alcance global.

Ése es el punto de partida correcto para cualquier política argentina que aspire a durar más de un mandato. El adversario estratégico administra una red, no una isla, y la respuesta argentina debería empezar por describir esa red con precisión.

Qué es el sistema del Atlántico Sur

Desde el interés nacional argentino, el sistema puede leerse en cinco componentes interdependientes, a los que se suman los vínculos empresariales, financieros y diplomáticos que los sostienen.

1. El núcleo territorial. Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos correspondientes. No se trata solamente de superficie terrestre. Alrededor de esos territorios aparecen jurisdicciones pesqueras reclamadas, recursos del lecho y el subsuelo, posiciones para vigilancia marítima y aérea, y espacios oceánicos enormes.

Naciones Unidas continúa reconociendo expresamente que existe una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido sobre las Malvinas, que permanecen incluidas en la lista de territorios no autónomos. El Comité de Descolonización volvió a tratar el asunto en junio de 2026. El significado geopolítico de esos territorios se multiplica porque forman un arco que conduce desde la plataforma continental sudamericana hacia aguas subantárticas y antárticas.

2. El componente militar. Mount Pleasant funciona como nodo de presencia permanente antes que como guarnición encargada de impedir una recuperación militar argentina. El propio Ministerio de Defensa británico lo integra a una red militar mundial y reconoce que las BFSAI tienen responsabilidades que conectan Malvinas, Georgias, Sandwich y Ascensión.

La importancia de Ascensión resulta decisiva porque transforma el Atlántico en profundidad estratégica. La presencia británica no termina en Malvinas ni empieza en Gran Bretaña; hay escalones intermedios. Eso modifica la comparación relevante. No se trata de la Argentina frente a los habitantes de las islas, sino de la capacidad argentina frente a una potencia nuclear de la OTAN que incorpora sus posiciones australes a una infraestructura militar global.

3. El componente económico. Aquí aparecen la pesca, el petróleo, eventualmente el gas y los servicios derivados de esas actividades. La Prefectura contabilizó durante la temporada 2024-2025 unos 523 pesqueros extranjeros identificados en el conjunto del área adyacente a la zona económica exclusiva, Malvinas-Georgias-Sandwich y la Antártida. De ellos, 141 fueron registrados en torno de Malvinas, Georgias y Sandwich.

El proyecto Sea Lion agrega una dimensión cualitativamente distinta. El problema no consiste solamente en el petróleo extraído. Una explotación sostenida capitaliza el territorio ocupado, genera ingresos fiscales, infraestructura portuaria, servicios especializados y empleo, y atrae intereses corporativos internacionales, seguros, transporte y vínculos financieros que aumentan la autonomía económica de la administración isleña.

Por eso importa la reacción argentina del 3 y 4 de septiembre de 2026, cuando el Gobierno inició procedimientos contra 45 personas humanas y jurídicas, incluidos accionistas y proveedores de servicios del proyecto. Una ocupación económicamente autosuficiente resulta mucho más difícil de revertir que una ocupación subsidiada.

4. El componente logístico. Éste es uno de los grandes puntos ciegos argentinos. Ninguna posición oceánica se sostiene sólo con soldados o con documentos jurídicos. Necesita puertos, combustible, alimentos, repuestos, hospitales, talleres, tripulaciones, aeropuertos, vuelos comerciales, carga marítima, seguros y comunicaciones.

Ahí entran los países sudamericanos. La información oficial de la administración de las islas indica que en 2026 funcionan un vuelo semanal de LATAM entre Chile y Mount Pleasant, vuelos británicos desde Brize Norton y un servicio marítimo regular entre las islas y Uruguay, con escalas periódicas en Chile. Eso merece una definición más precisa que la de «relaciones comerciales». Chile y Uruguay reducen objetivamente el costo geográfico de la ocupación británica. La afirmación no supone que sus gobiernos reconozcan soberanía británica, porque no la reconocen. Describe una función material.

5. El componente antártico. Probablemente sea la dimensión futura más importante. La Argentina, Chile y el Reino Unido tienen reclamaciones antárticas superpuestas, aunque el artículo IV del Tratado Antártico preserva las posiciones existentes y dispone que las actividades realizadas mientras el Tratado esté vigente no pueden crear, ampliar ni destruir títulos de soberanía.

Esa congelación jurídica no vuelve irrelevante la presencia, porque la capacidad científica, logística, cartográfica, meteorológica, aérea y marítima sigue produciendo capacidad material. El Reino Unido publicó en diciembre de 2025 su primera estrategia antártica hasta 2035, que incluye expresamente entre sus objetivos la defensa de sus intereses soberanos.

Chile, el caso más delicado

Conviene abandonar dos simplificaciones. Chile no es un satélite británico. Tampoco es un actor neutral desde la perspectiva de la correlación de fuerzas austral.

La documentación disponible resulta demasiado explícita para ignorarla. Chile y el Reino Unido mantienen una Carta de Intención de Cooperación Antártica 2023-2028, con diálogo bilateral institucionalizado entre sus organismos antárticos y cooperación científica. En mayo de 2026 una delegación del Royal College of Defence Studies británico visitó Punta Arenas, el INACH y el rompehielos Almirante Viel; la propia comunicación británica calificó a Chile como socio estratégico en defensa y seguridad, observación espacial, minerales críticos y cooperación antártica. Punta Arenas sigue proporcionando la conexión aérea comercial semanal con Mount Pleasant. Y durante la operación Austral Endurance hubo cooperación entre fuerzas británicas asentadas en el Atlántico Sur y contrapartes chilenas para mejorar capacidades de operación antártica.

Por separado, cada hecho puede presentarse como cooperación normal entre Estados. Observados en conjunto forman otra imagen: Punta Arenas, infraestructura antártica chilena, cooperación científica británica, cooperación de defensa, conectividad con Mount Pleasant, proyección hacia la península Antártica. No hace falta una conspiración. Hace falta un mapa.

Al mismo tiempo, Chile mantiene oficialmente el apoyo a los derechos argentinos en Malvinas. Santiago desarrolla entonces una política de dos carriles, con solidaridad diplomática hacia la Argentina y cooperación material con el Reino Unido. Desde el interés chileno tiene toda la racionalidad del mundo, porque obtiene acceso al mercado argentino, energía argentina, integración física, comercio regional, vínculo privilegiado con una potencia europea, cooperación militar, conocimiento antártico y el posicionamiento de Punta Arenas como puerta de entrada a la Antártida. Lo relevante es que hasta hoy el costo argentino de esa duplicidad ha sido prácticamente nulo.

La paradoja económica chilena

Acá aparece uno de los datos más reveladores. En 2025 el intercambio comercial Chile-Argentina alcanzó US$ 7.931 millones. La Argentina es hoy el quinto socio comercial de Chile y el segundo de Sudamérica. El comercio de bienes entre Chile y el Reino Unido durante el mismo año fue de aproximadamente US$ 1.110 millones según estadísticas oficiales chilenas. Más importante todavía, las importaciones chilenas procedentes de la Argentina fueron US$ 6.865 millones, frente a sólo US$ 609 millones procedentes del Reino Unido.

En energía la asimetría es mayor. El Ministerio de Energía chileno informó que en 2025 alrededor del 20% de sus importaciones energéticas procedió de la Argentina, que se convirtió en su segundo proveedor energético después de Estados Unidos.

La relación material con la Argentina es, por lejos, más grande que la relación con Gran Bretaña. ¿Por qué entonces Chile puede cooperar con Londres en sectores extremadamente sensibles para nosotros? Porque beneficio económico y alineamiento estratégico no son la misma variable. Londres ofrece otra cosa: tecnología, conocimiento, cooperación militar, inserción financiera, prestigio académico, redes internacionales y asociación con una potencia extrarregional. Y sobre todo, Chile aprendió que puede obtener las dos cosas a la vez. El problema argentino no consiste en que Chile haya elegido a Gran Bretaña por encima de nosotros. Consiste en algo bastante más incómodo: nunca tuvo que elegir.

Uruguay, la retaguardia logística menos observada

Uruguay es un caso distinto. Su importancia no surge de la Antártida sino de Montevideo. La cercanía geográfica al Atlántico Sur y la infraestructura portuaria lo convierten naturalmente en plataforma logística, y la documentación oficial de las islas confirma hoy un servicio marítimo regular con Uruguay.

Los vínculos no son nuevos. Una descripción de la propia embajada británica señalaba ya hace una década la provisión de frutas y verduras uruguayas, pescadores uruguayos trabajando en las islas, atención médica de isleños en Montevideo y esfuerzos explícitos para aumentar los vínculos comerciales.

Tampoco se trata sólo de historia. En mayo de 2026 Uruguay y el Reino Unido firmaron un nuevo memorando de cooperación estratégica bilateral en materias económicas e institucionales; el proceso había identificado infraestructura, sector aeroespacial, inteligencia artificial e innovación entre las áreas prioritarias. Londres inició además en julio consultas destinadas a profundizar su relación comercial con Uruguay mientras avanza el ingreso uruguayo al CPTPP. Existe también cooperación británico-uruguaya en defensa y formación militar, y un compromiso previo de desarrollar cooperación antártica.

Vuelve a aparecer la misma contradicción. Uruguay respalda diplomáticamente a la Argentina en Malvinas, y determinadas actividades uruguayas ayudan a mantener conectada la economía isleña con el continente. La asimetría económica es otra vez considerable. En 2025 la Argentina exportó unos US$ 1.624 millones a Uruguay e importó US$ 558 millones, alrededor de US$ 2.182 millones de intercambio de bienes. El comercio británico de bienes con Uruguay durante 2025 fue de unos £ 501 millones según estadísticas británicas. A eso hay que sumarle Salto Grande, la infraestructura física compartida, el Mercosur, el turismo, las inversiones recíprocas y la interdependencia del Río de la Plata.

Uruguay obtiene de la Argentina mucho más que comercio. Obtiene profundidad continental inmediata. Y aun así, como Chile, pudo desarrollar relaciones con Londres y conexiones con las islas sin asumir prácticamente ningún costo argentino.

Brasil, el caso más complejo

Brasil no puede colocarse en la misma categoría. No hay evidencia suficiente para afirmar que esté proporcionando hoy a Malvinas una función logística equivalente a la chilena o la uruguaya. Al contrario, Brasil sigue respaldando oficialmente la posición argentina y en junio de 2026 habló ante el Comité de Descolonización en nombre de la ZOPACAS.

Pero hay una novedad que una lectura argentina seria no puede ignorar. El 26 de marzo de 2026 Brasil y el Reino Unido elevaron su vínculo a una Asociación Estratégica 2026-2030 que no es solamente comercial. Incluye cooperación de defensa, transferencia de tecnología, cooperación industrial militar, entrenamiento, ejercicios conjuntos, intercambios militares, cooperación espacial, investigación e innovación de defensa, intercambio de información marítima y cooperación en doctrina militar.

Ese dato debe leerse junto con otro. La estrategia militar británica contemporánea afirma explícitamente que Londres usará la diplomacia de defensa y las relaciones con países socios como parte de su red global. No se puede demostrar que la asociación Brasil-Reino Unido tenga por finalidad Malvinas, y afirmarlo sería falso. Tampoco puede sostenerse que sea geopolíticamente irrelevante para la Argentina que la principal potencia sudamericana profundice cooperación militar, tecnológica, espacial y doctrinal con la potencia extrarregional que mantiene una base militar sobre territorio argentino reclamado. Ésa es la cuestión que debería plantearse Buenos Aires.

La interdependencia es enorme. Datos oficiales brasileños indican que la Argentina fue en 2025 el tercer socio económico de Brasil: las exportaciones brasileñas hacia la Argentina superaron los US$ 18.000 millones y las importaciones procedentes de la Argentina se acercaron a los US$ 13.000 millones. Más de US$ 31.000 millones en total, sobre una integración automotriz, industrial, nuclear, eléctrica y gasífera densa. En abril de 2026 ambos países terminaron un estudio bilateral destinado a desarrollar exportaciones de gas de Vaca Muerta hacia Brasil. La relación económica británico-brasileña es importante, pero la propia declaración de la nueva asociación estratégica registra £ 13.300 millones de comercio bilateral.

Otra vez, la cuestión no consiste en que Brasil haya preferido comercialmente a Londres, sino en que Brasilia considera que puede maximizar ambos vínculos a la vez. Desde su perspectiva es racional. Desde la nuestra, corresponde preguntarse si esa libertad de maniobra debe extenderse sin límite a cuestiones que afectan directamente el equilibrio estratégico del Atlántico Sur.

Londres no necesita aliados antiargentinos

Probablemente sea la conclusión más importante de esta investigación. No hay evidencia seria de un pacto Chile-Uruguay-Brasil-Reino Unido dirigido secretamente contra la Argentina. Tampoco hace falta.

La estrategia británica obtiene resultados superiores mediante algo mucho menos visible: redundancia continental. Si la Argentina intenta aislar la ocupación, existen conexiones por Chile. Si aparece una dificultad chilena, está Uruguay. Si Londres necesita ampliar su penetración política, militar, científica o tecnológica regional, tiene relaciones con Brasil. Si necesita legitimidad científica antártica, coopera con Chile. Si necesita servicios regionales, hay una red empresarial continental. Y detrás de todo eso permanecen Ascensión y la conexión directa con Gran Bretaña.

La consecuencia es notable. Ningún Estado sudamericano necesita declararse aliado británico en Malvinas para que el conjunto de sus decisiones termine reduciendo el costo británico de permanecer en el Atlántico Sur. Eso resulta mucho más eficiente que una alianza formal.

Dónde está el umbral

Conviene definir el término con precisión. Mantener relaciones diplomáticas o comerciales normales con el Reino Unido no debería considerarse colaboración contraria al interés argentino; nosotros también las mantenemos. El umbral tiene que ser material.

Habría colaboración objetivamente contraria al interés argentino cuando una persona, empresa o Estado regional abastezca directamente la economía de los territorios disputados; proporcione transporte regular de pasajeros o carga; facilite reparaciones, bunkering, seguros o servicios portuarios a embarcaciones vinculadas con explotaciones no autorizadas; participe directa o indirectamente en Sea Lion u otra explotación de recursos; proporcione infraestructura o servicios que aumenten capacidades militares británicas asentadas en los territorios disputados; utilice la cooperación antártica para reforzar materialmente posiciones británicas superpuestas con las argentinas; ayude a construir reconocimiento internacional separado de las islas como sujeto soberano; o financie, asegure o asesore operaciones económicas cuya legalidad la Argentina desconoce.

Es una definición operacional, y permite diferenciar la cooperación legítima con Gran Bretaña de la asistencia material a la consolidación del statu quo territorial.

El socio imprescindible del sistema británico son nuestras propias debilidades

Una doctrina seria no puede atribuirle todo a los vecinos. Ese autoengaño ya nos costó caro otras veces. Hay factores nacionales que favorecen objetivamente la posición británica.

La discontinuidad política. Probablemente sea el principal. En 2016 el comunicado Foradori-Duncan acordó tomar medidas para eliminar obstáculos que limitaban el crecimiento económico y el desarrollo sostenible de las islas en materia de comercio, pesca, navegación e hidrocarburos. En 2018 la Argentina aceptó un nuevo enlace aéreo regional con las islas vía San Pablo. En 2026 el Estado está iniciando sanciones contra participantes de Sea Lion. Cada política puede discutirse; lo que no puede negarse es la oscilación. Una potencia externa que piensa en décadas se beneficia enormemente cuando su contraparte cambia de doctrina cada cuatro años.

La desmaritimización económica. El propio Estado argentino reconoció en 2025 que desde 1991 la marina mercante nacional había perdido más del 80% de su pabellón. Un país que reclama espacios oceánicos enormes pero depende de terceros para transportar su comercio exterior tiene soberanía jurídica sin poder marítimo equivalente.

La debilidad militar relativa. Según los últimos datos del SIPRI, la Argentina gastó alrededor de US$ 3.876 millones en defensa durante 2025, frente a unos US$ 88.978 millones del Reino Unido. La comparación no implica que debamos perseguir paridad, lo que sería absurdo. Significa que la recuperación de una capacidad mínima de disuasión, vigilancia oceánica, patrulla marítima, defensa aérea y conocimiento situacional es una condición de credibilidad estatal antes que un accesorio de la política Malvinas.

La vulnerabilidad logística fueguina. Ushuaia debería ser uno de los grandes nodos logísticos del hemisferio austral. Sin embargo, en enero de 2026 la propia autoridad nacional describió déficits de infraestructura suficientemente graves como para disponer la intervención administrativa del puerto, al que simultáneamente calificó como estratégico para la proyección antártica. Mientras discutimos quién administra un muelle, Punta Arenas compite por convertirse en puerta de entrada antártica internacional.

La fragmentación institucional. Cancillería maneja Malvinas, Defensa controla capacidades militares, Economía administra hidrocarburos y puertos, Tierra del Fuego defiende competencias provinciales, Prefectura vigila el mar, la Armada desarrolla intereses marítimos, el INIDEP estudia recursos pesqueros y la política antártica tiene su propio entramado. Cada organismo puede actuar correctamente y el sistema completo fracasar igual. Por eso merece atención la reciente decisión de crear una estructura de seguridad nacional transversal: Sea Lion está obligando al Estado a reconocer que soberanía, economía, inteligencia, defensa e infraestructura forman parte del mismo problema.

El continentalismo cultural. Tenemos un mapa bicontinental obligatorio desde 2010 y, aun así, una cultura de Malvinas sin suficiente cultura marítima. Se recuerda la isla y se conoce mucho menos la plataforma continental. Se conmemora la guerra y se discute mucho menos la marina mercante. Se reivindica la Antártida y se presta menor atención a puertos, rompehielos, investigación oceanográfica, industria naval, cables submarinos, pesquerías y logística polar. El resultado es una soberanía simbólicamente intensa y materialmente incompleta.

Qué pasaría si la Argentina empezara a imponer costos

También acá conviene abandonar el voluntarismo. Tenemos instrumentos de presión, pero no la misma capacidad frente a Chile, Uruguay y Brasil, y sancionar indiscriminadamente sería un error.

Contra las empresas involucradas, la capacidad es alta. La Ley 26.659 prohíbe expresamente participar, financiar, contratar o prestar servicios financieros, logísticos, técnicos o de asesoramiento a actividades hidrocarburíferas no autorizadas en la plataforma continental reclamada por la Argentina. Las sanciones incluyen inhabilitaciones de cinco a veinte años e imposibilidad de contratar con el Estado. El precedente existe: Navitas fue inhabilitada por veinte años en 2022. Por eso la ampliación de septiembre de 2026 hacia accionistas y proveedores pesa mucho más que una protesta diplomática. El principio puede ser sencillo: quien contribuya económicamente a la explotación unilateral deberá elegir entre ese negocio y el mercado argentino. Eso sí genera una decisión empresarial.

Con Chile, condicionalidad antes que castigo. Tenemos capacidad económica significativa, y eso no significa cortar relaciones ni cerrar fronteras. La variable energética es especialmente sensible, con ese 20% de las importaciones energéticas chilenas de 2025 procedente de la Argentina. Pero usar cortes arbitrarios de energía sería jurídicamente cuestionable, destruiría nuestra reputación como proveedor y empujaría a Chile a buscar sustitutos. La herramienta inteligente pasa por condicionar beneficios futuros extraordinarios: contratos energéticos de muy largo plazo, nueva infraestructura de exportación, financiamiento argentino, proyectos logísticos, compras públicas, cooperación de defensa, beneficios regulatorios, proyectos antárticos conjuntos. No como castigo colectivo sino como reciprocidad estratégica. Una Argentina que provea gas competitivo durante treinta años tiene derecho a preguntar qué obtiene a cambio en el plano estratégico.

Con Uruguay, precisión societaria. Buenos Aires podría aumentar el costo de aquellas empresas que actúen simultáneamente en la Argentina y en actividades ligadas a los territorios disputados, e intensificar controles sobre navieras, seguros, bunkering, agencias portuarias, proveedores, contratistas, bancos y operadores vinculados con proyectos extractivos. Una guerra comercial contra Uruguay sería estratégicamente torpe, porque necesitamos un Río de la Plata cooperativo y Uruguay nos necesita. Precisamente por eso hay espacio para una regla regional más precisa: ningún Estado del Mercosur debería permitir que su territorio funcione como plataforma para explotaciones económicas unilaterales realizadas en territorios sujetos a una disputa de soberanía reconocida por Naciones Unidas. Eso convierte a Malvinas de solidaridad retórica en obligación material.

Con Brasil, negociación dura y no coerción. Intentar castigar comercialmente a Brasil pondría en riesgo una relación superior a los US$ 31.000 millones y cadenas industriales decisivas para nosotros mismos. La relación de poder no nos es favorable. La herramienta apropiada es la negociación estratégica. Brasil debería ser llevado diplomáticamente a enfrentar una contradicción. ¿Puede reivindicar el Atlántico Sur como zona de paz, apoyar los derechos argentinos y profundizar cooperación de defensa con Gran Bretaña sin establecer ninguna salvaguarda respecto de las fuerzas británicas desplegadas en el Atlántico Sur? Un acuerdo argentino-brasileño serio debería establecer que ninguna cooperación militar brasileño-británica alimente capacidades de las BFSAI, use información suministrada desde la región para reforzar Mount Pleasant, preste apoyo logístico a fuerzas destinadas a los territorios disputados ni facilite unilateralmente la proyección británica desde Malvinas hacia el sistema antártico. Eso sería verificable, y obligaría a pasar del «Brasil apoya Malvinas» a una pregunta más útil: qué hace Brasil materialmente para que ese apoyo tenga consecuencias.

La unidad de sanción no es el país

Ahí está la diferencia entre nacionalismo declamatorio y política de poder. Sancionar a Chile porque es Chile sería contraproducente. Sancionar a Uruguay porque es Uruguay, también. Pretender disciplinar comercialmente a Brasil sería probablemente autodestructivo.

La unidad correcta de sanción es la conducta, con su actor identificado y el beneficio argentino afectado. Una empresa chilena participa en Sea Lion y pierde acceso a determinados negocios argentinos. Una naviera uruguaya presta servicios esenciales a una explotación no autorizada y enfrenta sanciones y restricciones dentro de la jurisdicción argentina. Una empresa británica usa una subsidiaria brasileña para participar en operaciones prohibidas y se extiende la trazabilidad societaria. Una cooperación militar extranjera contribuye a capacidades británicas desplegadas en las islas y la Argentina suspende o limita áreas equivalentes de cooperación estratégica.

Eso produce algo que hoy prácticamente no existe: costo de oportunidad.

Por qué los vecinos pueden actuar así

La respuesta es incómoda. Chile, Uruguay y Brasil no están arriesgándolo todo. Calcularon que no arriesgan casi nada.

La Argentina les ofrece mercado, energía, turismo, integración industrial, infraestructura, acceso territorial, Mercosur, interconexiones eléctricas, gas y proximidad geográfica. Gran Bretaña les ofrece capital, finanzas, tecnología, defensa, universidades, cooperación científica, inserción internacional, CPTPP en determinados casos, relaciones diplomáticas y prestigio institucional.

¿Por qué deberían renunciar voluntariamente a cualquiera de las dos relaciones si la Argentina jamás convirtió su posición en una condición material? La lógica no tiene que ver con la amistad ni con la traición sino con el cálculo de poder, y nuestro error estratégico consiste en esperar solidaridad donde deberíamos haber puesto incentivos.

La doctrina que falta

La política argentina debería abandonar la «Cuestión Malvinas» entendida aisladamente y formular algo bastante mayor, un Sistema Nacional del Atlántico Sur y Antártida que integre en una sola planificación las Malvinas, Georgias y Sandwich, la plataforma continental, la Antártida, el Mar Argentino, la pesca, los hidrocarburos offshore, la Armada, la Prefectura, la Fuerza Aérea, la inteligencia, los puertos, la industria naval, la marina mercante, los cables submarinos, los satélites, la oceanografía, la investigación polar, Tierra del Fuego, la Patagonia, Ushuaia y Río Grande, la relación con Punta Arenas y con Montevideo, el vínculo con Brasil, la ZOPACAS, las empresas vinculadas a la explotación de recursos, los seguros, el financiamiento y la logística, y la educación y la cultura marítima.

Y sobre todo debería aplicar una regla permanente. Toda decisión de política exterior, económica, energética, científica, militar o comercial tendría que ser evaluada por su efecto acumulativo sobre la correlación de poder argentina en el Atlántico Sur. Ése es el criterio que falta.

El punto decisivo

La mayor habilidad británica no consistió en convencer a Chile, Uruguay o Brasil de que Malvinas son británicas. No lo consiguió, y los tres continúan apoyando formalmente la posición argentina; en junio de 2026 volvieron a hacerlo dentro del sistema regional.

Londres logró algo más útil. Consiguió separar la posición diplomática del comportamiento material.

Los vecinos pueden votar con nosotros y comerciar con las islas. Pueden apoyar negociaciones de soberanía y cooperar militarmente con Londres. Pueden defender la zona de paz del Atlántico Sur y ampliar simultáneamente su asociación de defensa con Gran Bretaña. Pueden respaldar Malvinas y ayudar a que Mount Pleasant siga conectado con Sudamérica. Para ellos no hay contradicción porque la Argentina no obligó a que la hubiera.

La reconstrucción argentina del poder en el Atlántico Sur no empieza preguntando quiénes son nuestros amigos. Empieza con una pregunta más severa: qué conductas sirven al interés argentino, cuáles sirven al dispositivo británico y qué costo concreto estamos dispuestos a imponer cuando ambas cosas se vuelven incompatibles.

Mientras la solidaridad regional siga siendo gratuita, será declarativa. El día en que colaborar materialmente con la consolidación británica implique perder oportunidades reales en la Argentina, aparecerá por primera vez una elección verdadera. Y sólo entonces la dimensión continental de la disputa empezará a funcionar a favor, y no únicamente en contra, del interés nacional.

Base documental

  • Documentación británica sobre las British Forces South Atlantic Islands, actualizada en agosto de 2026
  • Revisión estratégica de defensa del Reino Unido (2025) e Integrated Global Defence Network
  • Estrategia antártica británica hasta 2035 (diciembre de 2025)
  • Tratamiento de la cuestión Malvinas en el Comité de Descolonización de Naciones Unidas, junio de 2026
  • Tratado Antártico (1959), art. IV
  • Ley 26.659 (2011) y procedimientos sancionatorios argentinos del 3 y 4 de septiembre de 2026
  • Carta de Intención de Cooperación Antártica Chile-Reino Unido 2023-2028
  • Memorando de cooperación estratégica Uruguay-Reino Unido, mayo de 2026
  • Asociación Estratégica Brasil-Reino Unido 2026-2030, firmada el 26 de marzo de 2026

Hechos y datos

  • Prefectura Naval Argentina: 523 pesqueros extranjeros identificados en la temporada 2024-2025, 141 en torno de Malvinas, Georgias y Sandwich
  • Comercio Chile-Argentina 2025: US$ 7.931 millones; importaciones chilenas desde la Argentina US$ 6.865 millones frente a US$ 609 millones desde el Reino Unido
  • Ministerio de Energía de Chile: alrededor del 20% de las importaciones energéticas chilenas de 2025 procedió de la Argentina
  • Comercio Argentina-Uruguay 2025: US$ 1.624 millones de exportaciones y US$ 558 millones de importaciones
  • Comercio Argentina-Brasil 2025: más de US$ 31.000 millones de intercambio total
  • SIPRI, gasto militar 2025: US$ 3.876 millones (Argentina) frente a US$ 88.978 millones (Reino Unido)
  • Intervención administrativa del puerto de Ushuaia dispuesta en enero de 2026
  • Pérdida de más del 80% del pabellón de la marina mercante argentina desde 1991, según reconocimiento estatal de 2025

◈ Notas relacionadas: Una ruta desde Punta Arenas abastecerá la ocupación británica en Malvinas · El Atlántico Sur y el costo de la impotencia institucional

◆ INTELIGENCIA TERRITORIAL · ESTADÍSTICA Y SOBERANÍA · ARGENTINA

Tres millones fuera del mapa: el problema geopolítico de un Estado que no conoce con precisión a su población

Una investigación geoespacial presentada por Nissim Lebovits sostiene que los registros oficiales argentinos podrían estar subestimando severamente la población de los barrios populares. El hallazgo no demuestra que «falten tres millones de argentinos» del Censo en sentido literal, pero plantea la cuestión mucho más profunda de cuánto sabe realmente el Estado argentino sobre la ocupación de su propio territorio, con qué instrumentos la mide y qué capacidad conserva para producir inteligencia territorial autónoma.

⚑ Por qué importa

Una investigación geoespacial independiente estima que el RENABAP y el Censo 2022 podrían estar registrando cerca de la mitad de la población que vive en los barrios populares. La cifra es todavía una hipótesis, pero la pregunta que abre no lo es. Un Estado que no mide con precisión quién vive dónde pierde capacidad de planificar, de anticipar y de gobernar su territorio, y queda expuesto a que terceros lo observen mejor que él mismo.

Una entrevista reciente del MapScaping Podcast con el urbanista e ingeniero geoespacial Nissim Lebovits parte de un hallazgo extraordinariamente inquietante para la Argentina. Utilizando bases abiertas de huellas de edificaciones obtenidas mediante imágenes satelitales y herramientas de análisis geoespacial, Lebovits estima que podría existir una población del orden de tres millones de personas adicionales en los barrios populares registrados oficialmente que no aparece adecuadamente representada en los datos estatales utilizados para describir esos territorios.

El episodio fue publicado con un título deliberadamente provocador: «3 Million people are miscounted in Argentina, here's how». La entrevista corresponde a una conversación sobre tecnología geoespacial cloud native, datos abiertos y las investigaciones que Lebovits realizó durante su estadía en Argentina como becario Fulbright.

La cifra merece atención. Pero todavía más importante es comprender qué significa y qué no significa.

No se trata, al menos por ahora, de una demostración estadística definitiva de que la Argentina tenga tres millones de habitantes más que los informados oficialmente. Lo que existe es una discrepancia masiva y técnicamente fundada entre diferentes formas de observar el territorio. Y allí comienza el verdadero problema geopolítico.

El descubrimiento

Lebovits trabajó inicialmente sobre el Registro Nacional de Barrios Populares (RENABAP), la principal infraestructura estatal destinada a identificar y caracterizar los asentamientos informales argentinos.

Actualmente el propio Estado informa 6.467 barrios populares registrados. El RENABAP reúne información territorial, habitacional y poblacional destinada, entre otras funciones, a planificación urbana, regularización dominial, servicios públicos e integración sociourbana.

La legislación argentina establece además que el registro comprende los terrenos, construcciones y personas que habitan esos barrios. Para incorporarse deben cumplirse determinadas condiciones de precariedad dominial y acceso insuficiente a servicios esenciales.

Lebovits hizo algo conceptualmente sencillo pero tecnológicamente potente. Tomó los polígonos geográficos oficiales del RENABAP y los superpuso con bases internacionales abiertas capaces de identificar desde imágenes aéreas y satelitales las huellas físicas de los edificios existentes dentro de esos polígonos. Después comparó dos magnitudes: 1) cuántas familias decía el Estado que vivían allí y 2) cuántas construcciones podían observarse físicamente.

El resultado fue difícil de ignorar. Según el proyecto Barrios Visibles, el RENABAP registra aproximadamente 1,24 millones de familias y alrededor de 4,15 millones de habitantes, mientras que la estimación realizada a partir de las construcciones detectadas elevaría la población potencial aproximadamente hasta 7,59 millones, dependiendo de los supuestos utilizados sobre ocupación y tamaño de los hogares.

La diferencia ronda los tres millones de personas. Pero ese fue solamente el primer hallazgo.

Del RENABAP al Censo 2022

Lebovits se preguntó posteriormente si el problema pertenecía exclusivamente al RENABAP o si podía encontrarse también en el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2022.

La distinción es crucial. El Censo 2022 estableció una población definitiva de 45.892.285 habitantes. Esa es la cifra oficial vigente. Para poner a prueba sus resultados, Lebovits combinó los radios censales de INDEC con los límites geográficos de los asentamientos del RENABAP y volvió a compararlos con las edificaciones detectadas.

Su primera estimación producía diferencias exageradamente altas en determinadas provincias. El propio investigador reconoce el problema metodológico: cuando un pequeño asentamiento densamente poblado ocupa solamente una fracción de un radio censal muy grande, distribuir uniformemente la población por superficie puede producir artificialmente una aparente subestimación. Por eso fue endureciendo sucesivamente el criterio.

Cuando analiza solamente radios censales prácticamente coincidentes con los barrios populares —donde ese problema espacial disminuye considerablemente— la diferencia deja de caer y se estabiliza.

En radios cubiertos en más del 90% por un barrio popular, obtiene aproximadamente 1,98 habitantes esperados por cada habitante representado en el cálculo censal. Al exigir una coincidencia territorial superior al 95%, la relación continúa siendo de aproximadamente 1,88 a 1.

Su conclusión es contundente, aunque debe entenderse como una hipótesis empírica pendiente de validación institucional: el Censo 2022 podría haber registrado aproximadamente la mitad de la población realmente residente en una parte sustancial de los asentamientos informales estudiados.

Lebovits obtiene además relaciones de entre 1,7 y 2,1 veces al modificar los supuestos sobre personas por vivienda.

Eso es lo que explica el título de la entrevista.

El INDEC ya reconoce que ningún censo cuenta a todos

Existe un elemento importante para interpretar correctamente la investigación. El propio INDEC explica en la documentación metodológica del Censo 2022 que todo censo contiene algún nivel de omisión. Entre las causas explícitamente reconocidas enumera zonas que no fueron territorialmente cubiertas, viviendas ocupadas en las que no se encontró a los moradores y hogares que subdeclararon integrantes. Además, el organismo informó que la cobertura territorial del operativo de 2022 alcanzó el 98,6% de los segmentos censales.

Que exista omisión censal, por lo tanto, no constituye en sí mismo un descubrimiento.

La cuestión planteada por Lebovits es diferente: ¿está esa omisión extraordinariamente concentrada en los barrios populares y es mucho mayor de lo que hasta ahora suponíamos?

Si la respuesta fuese afirmativa, el problema adquiriría otra dimensión. Porque no estaríamos solamente ante un error estadístico promedio sino ante un sesgo territorial sistemático.

El territorio que existe y el territorio que ve el Estado

Aquí la cuestión deja de ser exclusivamente demográfica. Desde una perspectiva geopolítica clásica, una de las capacidades elementales de cualquier Estado es conocer la población, los recursos y la ocupación efectiva de su territorio.

Cartografiar no es simplemente representar, es gobernar.

Un Estado necesita saber quién vive dónde, en qué condiciones, utilizando qué infraestructura, sometido a qué riesgos y conectado mediante qué redes.

La estadística nacional nació históricamente ligada precisamente a esa función estatal. La Ley 17.622 encomienda al INDEC la dirección superior de las estadísticas oficiales y la articulación de los organismos estadísticos nacionales, provinciales y municipales dentro del Sistema Estadístico Nacional.

Por eso una población deficientemente registrada genera consecuencias que exceden ampliamente cualquier discusión administrativa. Afecta la estimación de necesidades de agua, cloacas, electricidad, transporte, escuelas y hospitales. Distorsiona la planificación de viviendas. Deforma denominadores utilizados en la planificación y ejecución de políticas públicas y confección de estadísticas sociales. Reduce la precisión de las estimaciones de riesgo climático. Complica los planes de contingencia. Dificulta conocer el crecimiento de las periferias urbanas. Finalmente termina afectando las propias políticas que deberían modificar esas condiciones.

El problema puede expresarse en una fórmula sencilla: lo que el Estado no mide correctamente termina gobernándolo deficientemente.

Tres millones estadísticos equivalen a un país

La escala de la hipótesis merece dimensión. Tres millones de personas equivalen aproximadamente al orden de magnitud de toda la población de una provincia argentina grande o de un Estado pequeño. No están físicamente desaparecidas. Trabajan, consumen energía, generan residuos, utilizan transporte, demandan educación y salud, establecen relaciones económicas y ocupan territorio.

¿Con qué precisión aparecen representadas en el sistema mediante el cual el Estado piensa el territorio?

Esa diferencia entre territorio real y territorio estadístico constituye un problema de capacidad estatal.

El RENABAP reconoce oficialmente que la actualización de esos territorios requiere relevamientos presenciales, revisión digital y georreferenciación permanente. Entre sus propias tareas enumera corregir dimensiones de manzanas y terrenos, delimitar edificaciones, identificar viviendas, pasillos y usos comunitarios y vincular físicamente familias y construcciones.

Es decir, el propio diseño institucional admite que se trata de un territorio dinámico y extremadamente difícil de representar mediante instrumentos convencionales.

Una paradoja estratégica: extranjeros pueden observar mejor algunas partes de Argentina que el propio Estado

Existe además una segunda lectura de la entrevista que resulta particularmente relevante para Geopolítica.ar.

Lebovits consiguió realizar buena parte del análisis desde una computadora utilizando bases globales abiertas, formatos como GeoParquet, procesamiento con DuckDB, sistemas GIS y conjuntos de huellas de edificios producidos a partir de observación remota.

La infraestructura censal argentina que él reorganizó se encuentra incluso publicada actualmente en Source Cooperative con información correspondiente a los censos de 1991, 2001, 2010 y 2022.

También desarrolló un complemento abierto para QGIS que permite consultar datos censales argentinos directamente desde la nube.

La lección no debería ser que la Argentina debe reemplazar al INDEC mediante Google, Microsoft, satélites extranjeros u organizaciones privadas. Sería exactamente la conclusión equivocada.

La verdadera conclusión es que el Estado argentino debería poseer una capacidad superior a cualquiera de ellas para integrar estadística, observación terrestre, cartografía, catastros, registros administrativos y análisis geoespacial de su propio territorio.

La disponibilidad de información global produce una transformación silenciosa del poder. Hoy actores privados, universidades, empresas extranjeras, organizaciones internacionales e incluso individuos técnicamente capacitados pueden analizar partes del territorio argentino con resoluciones que anteriormente solamente estaban al alcance de grandes organismos estatales.

Si terceros pueden detectar antes que el Estado cambios demográficos, infraestructura, expansión urbana, producción económica o transformaciones territoriales dentro de la Argentina, existe una asimetría de inteligencia territorial.

Y la información geográfica nunca es neutral desde el punto de vista del poder.

Una precaución indispensable

El trabajo de Lebovits no debería convertirse todavía en el titular simplificador de que «Argentina tiene tres millones de habitantes ocultos». La estimación de habitantes a partir de edificaciones contiene supuestos. Una huella edilicia no equivale automáticamente a una vivienda. Una vivienda no equivale necesariamente a un hogar. Y el número de integrantes de cada hogar debe estimarse.

El propio proyecto permite modificar las hipótesis sobre ocupación y utiliza como referencias tanto el promedio nacional del INDEC de 2,8 personas por hogar como una cifra mayor derivada de relevamientos del RENABAP.

Además, el análisis de radios censales exige operaciones estadísticas para estimar dónde se encuentra espacialmente la población dentro de cada radio.

Lebovits reconoce expresamente esas restricciones, identifica la distorsión que producían en sus primeros cálculos y modifica el procedimiento para reducirla. Esa transparencia metodológica fortalece su planteo, pero no transforma el resultado en una nueva cifra oficial de población.

La afirmación correcta es más precisa y, paradójicamente, más importante:

Existe evidencia geoespacial independiente suficientemente fuerte como para justificar una auditoría específica de la cobertura del Censo 2022 y del RENABAP en los barrios populares argentinos.

La Argentina debería comprobarlo

Eso significa reproducir el análisis utilizando los datos originales, incorporar imágenes nacionales, realizar muestras territoriales independientes y contrastarlas con RENAPER, catastros, servicios eléctricos, escolaridad y otros registros administrativos, preservando siempre el secreto estadístico.

Si el trabajo estuviera equivocado, Argentina obtendría una validación adicional de sus estadísticas.

Si estuviera parcialmente acertado, permitiría corregirlas. Y si la magnitud se aproximara realmente a la planteada, estaríamos ante uno de los problemas estadístico-territoriales más importantes descubiertos en el país durante los últimos años.

Cualquiera de los tres resultados sería preferible a ignorar la pregunta.

Estadística, territorio y soberanía

La entrevista con Lebovits termina revelando algo mayor que una anomalía censal.

En el siglo XXI, soberanía territorial también significa soberanía informacional. No alcanza con que un territorio figure dentro de las fronteras de un mapa político. Debe ser observado, medido, conectado y comprendido por el Estado en el ejercicio de su legítima jurisdicción.

Argentina posee casi 46 millones de habitantes contabilizados oficialmente, una enorme extensión continental y marítima, regiones fronterizas, grandes periferias metropolitanas y profundas asimetrías territoriales. Administrar semejante espacio exige una infraestructura de conocimiento proporcional a esa complejidad.

El hallazgo de Barrios Visibles debería entonces utilizarse como advertencia y oportunidad. La cuestión de fondo no es si un investigador extranjero logró encontrar una inconsistencia utilizando una computadora portátil. La pregunta verdaderamente incómoda es ¿por qué el sistema nacional de inteligencia territorial no la había detectado primero?

Conocer el territorio constituye una forma elemental de poder. La Argentina que viene enfrentará la enorme tarea de recuperar capacidad estratégica por lo que deberá comenzar por saber con la mayor precisión posible quiénes somos, cuántos somos y dónde estamos.

Fuentes

◆ INTELIGENCIA TERRITORIAL · FRONTERAS Y DATOS · ENTRE RÍOS

La frontera dejó de estar en la frontera: qué muestra el control migratorio en Entre Ríos

Un artículo de Manuel Andrés Pereira reconstruye cómo cambió el control migratorio argentino entre 2011 y 2022 y encuentra que las funciones fronterizas se desprendieron de la línea limítrofe para instalarse en registros, estándares e intercambios de información. Entre Ríos aparece como caso, y no por casualidad: una provincia con frontera fluvial internacional donde el ingreso lo autoriza un organismo nacional y la vida posterior transcurre entre jurisdicciones que registran por separado. Lo que se pierde en ese pasaje es capacidad estatal para saber qué ocurre dentro del propio territorio.

⚑ Por qué importa

Un Estado que identifica correctamente a una persona antes de autorizar su ingreso tiene una capacidad. Otro que registra ese ingreso y años después no puede determinar la situación de esa persona tiene una capacidad menor. Uno cuyos organismos producen información incompatible entre sí tiene menos todavía. El dato deja de ser una herramienta administrativa y empieza a funcionar como capacidad territorial.

Un mapa político muestra una línea. De un lado la Argentina, del otro Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia o Chile. Sobre esa línea hay puentes, puertos, aeropuertos y puestos de control, y buena parte de la discusión pública sobre fronteras sigue ocurriendo encima de ese dibujo.

Manuel Andrés Pereira, investigador del CONICET en el Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad de la Universidad Nacional de Córdoba, publicó en mayo de 2026 un trabajo que corre el foco. Analiza cómo se transformó el control migratorio argentino entre 2011 y 2022 a partir de documentos de organismos regionales, nacionales y subnacionales y de entrevistas a funcionarios públicos. Entre Ríos ocupa un lugar central en ese análisis, y la elección no es geográficamente casual: la provincia tiene una extensa frontera fluvial internacional con Uruguay y funciona como territorio de circulación entre la Argentina y el resto de Sudamérica.

La frontera se desprende de la línea

La idea más productiva del trabajo es también la más simple. Las funciones fronterizas pueden separarse del lugar donde está la frontera. A una persona se la identifica en un punto distinto de aquel donde cruzó el límite internacional. Sus antecedentes están almacenados en otra jurisdicción, la información proviene de varios organismos y la clasificación se apoya en datos producidos antes y en otro lado.

Pereira llama zona tecnológica al espacio construido por los estándares y las tecnologías que permiten producir, organizar y hacer circular esa información. La interoperabilidad es lo que habilita que actores estatales distintos operen sobre categorías compatibles. Desde esa perspectiva el territorio fronterizo deja de coincidir con la línea limítrofe. La frontera se desplaza hacia el interior del país, se proyecta hacia afuera, acompaña administrativamente al individuo y opera antes o después del cruce físico.

La información es infraestructura fronteriza

Solemos pensar la infraestructura fronteriza como algo material, con puentes, caminos, puestos migratorios, radares, embarcaciones, cámaras e instalaciones. El trabajo de Pereira permite agregar otra capa, la informacional, y ahí es donde una lectura geopolítica encuentra lo suyo.

Un Estado que identifica correctamente a una persona antes de autorizar su ingreso tiene una capacidad. Otro que registra ese ingreso y años después no puede determinar la situación de esa persona tiene una capacidad menor. Uno cuyos organismos producen información incompatible entre sí tiene menos todavía. El dato deja entonces de ser una herramienta administrativa y empieza a funcionar como capacidad territorial.

El propio Pereira concluye que la expansión de estas fronteras depende de la estandarización de la información, porque es lo que hace posible la cooperación entre escalas y organismos. Sin información interoperable, una parte de la frontera queda opaca.

Entre Ríos, donde la frontera es cotidiana

La escala provincial importa porque el control territorial real involucra a muchos más actores que el organismo migratorio nacional. Un extranjero puede ingresar por un paso habilitado, después residir en una provincia, usar servicios municipales, trabajar en circuitos económicos locales y relacionarse con instituciones públicas que registran cada cosa por separado y con criterios propios. La capacidad nacional depende de que esos niveles produzcan una representación suficientemente coherente de lo que ocurre.

Eso no significa fusionar indiscriminadamente todas las bases públicas, porque hay razones constitucionales, estadísticas y de protección de datos para poner límites. Significa que hace falta una arquitectura institucional capaz de convertir información fragmentaria en conocimiento estratégico.

En Entre Ríos la discusión no es abstracta. Tres puentes internacionales, Gualeguaychú-Fray Bentos, Colón-Paysandú y Concordia-Salto, sostienen una circulación diaria de trabajo, comercio, salud, estudio y turismo entre las dos orillas, y Salto Grande agrega una infraestructura binacional sobre el mismo tramo del río Uruguay. Es el tipo de frontera donde el cruce es rutina y donde la distancia entre registrar un movimiento y comprender una trayectoria se nota antes que en cualquier otro lado.

Medir primero, discutir después

La cuestión de la inmigración no registrada suele oscilar entre dos posiciones igualmente improductivas. Una atribuye sin evidencia problemas sociales o territoriales a la inmigración. La otra convierte en tabú cualquier investigación destinada a determinar con precisión la magnitud de la inmigración irregular o insuficientemente registrada. Un Estado moderno debería hacer exactamente lo contrario y medir.

Medir supone distinguir situaciones jurídicamente distintas que la discusión pública tiende a mezclar, entre el residente regular, el residente cuya documentación perdió vigencia, el ingreso reciente, la movilidad transfronteriza frecuente, la persona censada, la no censada y el ingreso realizado fuera de los dispositivos establecidos. Pereira muestra que la evolución del control migratorio argentino estuvo estrechamente ligada a tecnologías destinadas a identificar y clasificar movimientos. La pregunta, entonces, no es si el Estado debe saber, sino qué sabe, con qué precisión y durante cuánto tiempo conserva la capacidad de representar la realidad de su territorio.

El mismo hueco, visto con otro instrumento

Publicamos acá el trabajo geoespacial de Nissim Lebovits sobre los barrios populares argentinos, que encontró una discrepancia importante entre la población registrada y la que puede inferirse de las edificaciones observables. Ese hallazgo no demuestra que falten tres millones de personas en el Censo ni que existan tres millones de habitantes extranjeros clandestinos, y transformarlo directamente en cualquiera de esas afirmaciones sería metodológicamente incorrecto.

Lo que abre es una pregunta: ¿coincide la población estadísticamente representada con la que ocupa materialmente el territorio? Pereira permite formular una segunda: ¿coincide la población que atraviesa los dispositivos migratorios con aquella cuya trayectoria posterior el Estado puede conocer? Son problemas distintos, con métodos distintos, y convergen sobre una misma cuestión, que es qué capacidad tiene la Argentina de producir conocimiento sobre los movimientos humanos que transforman su territorio.

Soberanía informacional no equivale a vigilancia

Conviene marcar la diferencia porque se confunden con facilidad. La vigilancia indiscriminada pretende observar permanentemente al individuo. La inteligencia territorial que necesita un Estado pretende conocer magnitudes, distribuciones, movimientos, concentraciones y vulnerabilidades del sistema nacional, y puede hacerlo preservando derechos individuales.

Cuanto más sofisticados se vuelven los sistemas de identificación, más fácil resulta confundir control tecnológico con control territorial. Un dispositivo biométrico identifica sin error a quien atraviesa un paso habilitado y no dice nada de quien nunca pasó por ahí. Una base migratoria registra perfectamente una entrada sin garantizar que se conozca la residencia efectiva de esa persona diez años después. Un satélite identifica una construcción y no determina quién vive adentro. Cada instrumento observa una parte, y la capacidad estratégica aparece cuando el Estado consigue leer el sistema completo.

El territorio conocido es territorio gobernable

La frontera filtra personas, y también mercancías, capital, información, tecnología y energía, y cada uno de esos flujos tiene su propio sistema de registro. Migraciones conoce movimientos humanos, la Aduana registra mercancías, el Banco Central y el sistema financiero observan determinados movimientos monetarios, los organismos tributarios producen información económica, el RENAPER identifica personas, el INDEC representa estadísticamente población y actividad, y las provincias tienen catastros y registros propios. La pregunta que deja abierta Pereira es si la Argentina posee solamente organismos que producen datos o si posee además capacidad de convertirlos en una representación estratégica integrada del territorio nacional.

Un Estado puede tener jurisdicción plena sobre un territorio y conocerlo mal. Puede acumular millones de registros administrativos sin convertirlos nunca en conocimiento útil. La frontera física sigue siendo indispensable y ya no alcanza, porque un país que no puede convertir su territorio en conocimiento propio termina dependiendo de representaciones incompletas de sí mismo. Y lo que un Estado no consigue identificar, medir y comprender difícilmente pueda convertirse en objeto de una estrategia nacional.

Nota editorial: esta reseña no supone adhesión a la perspectiva teórica del autor. Pereira se inscribe en los estudios críticos de migraciones y fronteras y problematiza también las tecnologías de clasificación y los perfiles de riesgo. Para Geopolítica.ar, el interés de su trabajo reside en que sus resultados permiten examinar, desde una perspectiva propia, la relación entre información, capacidad estatal, territorio y soberanía informacional.

Referencia académica

  • Pereira, Manuel Andrés (2026). «Zonas tecnológicas y prácticas de datos: el control migratorio en Argentina y Entre Ríos». Estudios Fronterizos, vol. 27, e183. DOI 10.21670/ref.2605183, publicado el 7 de mayo de 2026. Leer el artículo completo

Base documental

  • Documentos de organismos regionales, nacionales y subnacionales y entrevistas a funcionarios públicos relevados por Pereira para el período 2011-2022
  • Puentes internacionales Gualeguaychú-Fray Bentos, Colón-Paysandú y Concordia-Salto, y complejo binacional de Salto Grande
  • Investigación geoespacial de Nissim Lebovits sobre barrios populares y registros del RENABAP y el Censo 2022

◈ Notas relacionadas: Tres millones fuera del mapa · Tierra y datos: el expediente que Peter Thiel dejó abierto

◆ ATLÁNTICO SUR · GEOPOLÍTICA REGIONAL · DEFENSA Y DIPLOMACIA

El Atlántico Sur y el costo de la impotencia institucional

Chile, Uruguay y Brasil profundizan su cooperación con Londres mientras el dispositivo británico en el Atlántico Sur se consolida sin costo político — y Buenos Aires no logra transformar el respaldo diplomático regional en una doctrina de Estado.

⚑ Por qué importa

El Reino Unido sostiene su ocupación de las Islas Malvinas gracias a una red regional de colaboración logística y estratégica — vuelos chilenos a Mount Pleasant, servicios marítimos uruguayos, cooperación militar brasileña — que hasta ahora no ha generado ningún costo político. Mientras el MERCOSUR retrocedió de sancionar en 2011 el ingreso a puertos de buques con bandera ilegal de Malvinas a limitarse en 2026 a redactar declaraciones, el proyecto petrolero Sea Lion avanza. Sin una doctrina argentina de premios y castigos, el dispositivo británico seguirá insertándose en Sudamérica sin resistencia.

La Argentina tiene un problema más grave que la ocupación británica de las Islas Malvinas. Tiene un problema de poder.

El Reino Unido ocupa territorio argentino, mantiene allí una estructura militar permanente, explota recursos naturales, desarrolla hidrocarburos, controla pesquerías, proyecta capacidades hacia la Antártida, consolida comunicaciones con Sudamérica y procura incorporar progresivamente a las islas a circuitos económicos internacionales. Nada de esto ocurre en aislamiento.

Para sostener una posición situada a miles de kilómetros de Londres, Gran Bretaña necesita una red. Necesita aeropuertos, puertos, transporte, combustible, información, servicios financieros, empresas, proveedores, relaciones diplomáticas y países regionales dispuestos a reducir el costo logístico, económico y político de su presencia. Esa red existe.

Y buena parte de ella se encuentra en Sudamérica.

Chile mantiene la conexión aérea regular con Mount Pleasant. Uruguay integra el circuito marítimo que abastece las islas. Londres define públicamente a Chile como socio estratégico en defensa, seguridad, observación espacial, minerales críticos y cooperación antártica. Uruguay acaba de profundizar su cooperación económica e institucional con el Reino Unido. Brasil, mientras continúa respaldando formalmente los derechos argentinos sobre Malvinas, firmó en marzo de 2026 una asociación estratégica con Londres que comprende cooperación militar, ejercicios conjuntos, tecnología de defensa, intercambio marítimo, cooperación espacial y desarrollo doctrinario.

Desde la óptica del puro interés nacional argentino no existe obligación alguna de encontrar explicaciones benévolas para estas conductas. Existe, en cambio, la obligación de determinar qué efectos producen.

Y el efecto acumulativo es inequívoco. Disminuyen el aislamiento geográfico británico, incrementan su inserción regional y reducen los costos necesarios para sostener una posición territorial contraria a los intereses permanentes de la Argentina. Eso debe tener un nombre.

Cuando una conducta estatal, empresarial o logística regional contribuye materialmente a consolidar la ocupación, la explotación económica o la capacidad militar británica en los territorios disputados, desde una doctrina argentina puede ser definida como colaboración con el dispositivo británico del Atlántico Sur.

No importa que simultáneamente ese mismo Estado firme una declaración favorable a Buenos Aires.

En geopolítica interesa menos lo que un país declara que aquello que permite.

Malvinas es el centro, pero el sistema es mucho mayor

El primer error argentino consiste en reducir el problema a las islas. El sistema del Atlántico Sur comprende, como mínimo:

Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur; los espacios marítimos circundantes; la plataforma continental; los recursos pesqueros; los hidrocarburos offshore; el dispositivo militar de Mount Pleasant; las rutas aéreas y marítimas; Tierra del Fuego; Ushuaia; Punta Arenas; el estrecho de Magallanes; el pasaje de Drake; la península Antártica; los reclamos antárticos superpuestos; Ascensión; los puertos brasileños y uruguayos; las conexiones comerciales sudamericanas; la marina mercante; la industria naval; los sistemas satelitales; los cables submarinos; la investigación oceanográfica; la presencia militar; la diplomacia regional y la capacidad económica necesaria para sostener todo lo anterior.

Ese es el sistema. El Reino Unido integra a sus fuerzas del Atlántico Sur dentro de una red global de bases y capacidades. Su lógica es sistémica: territorio, defensa, diplomacia, infraestructura, economía y alianzas funcionan de manera complementaria.

La Argentina responde con organismos separados, presupuestos separados, políticas separadas y gobiernos que incluso adoptan estrategias contradictorias entre sí. Ese desequilibrio intelectual precede al desequilibrio material.

Chile: colaboración material con el dispositivo austral británico

El caso chileno requiere particularmente abandonar la ingenuidad.

Punta Arenas constituye una de las piezas continentales más útiles para la posición británica. No como abstracción, materialmente.

La propia autoridad aeronáutica de las islas informa que LATAM mantiene un vuelo regular todos los sábados entre Chile y Mount Pleasant. Documentación marítima de 2026 agrega que esa conexión permite enlazar Punta Arenas y Santiago con el resto del mundo.

Un documento ambiental elaborado para actividades hidrocarburíferas en las islas describe además servicios de transporte de contenedores que conectan Montevideo y Punta Arenas con Malvinas.

No estamos hablando de simpatías diplomáticas. Estamos hablando de infraestructura logística continental. Cada vuelo desde Punta Arenas reduce el aislamiento de Mount Pleasant. Cada conexión marítima reduce el costo de abastecimiento. Cada servicio prestado desde territorio continental amplía la sustentabilidad económica de la ocupación.

El cuadro se vuelve todavía más grave cuando esa logística se combina con cooperación estratégica.

En mayo de 2026 el propio Gobierno británico calificó oficialmente a Chile como un «socio estratégico» en defensa y seguridad, observación espacial, minerales críticos y cooperación antártica. Una delegación del Royal College of Defence Studies recorrió el Instituto Antártico Chileno y el rompehielos Almirante Viel, unidad específicamente destinada a operaciones logísticas, científicas y de soberanía en la Antártida.

Desde Londres esto es política estratégica coherente. Desde Santiago también.

La anomalía está en Buenos Aires. Argentina mantiene con Chile una extraordinaria densidad de relaciones económicas, energéticas, territoriales y militares y, sin embargo, aparentemente ha aceptado que esas relaciones no produzcan ninguna restricción significativa sobre la cooperación chilena con la potencia que ocupa territorio argentino.

Ese es el fracaso. No se trata de exigir amistad. Se trata de hacer valer poder relativo. Chile tiene perfecto derecho a perseguir su interés nacional. Argentina tiene exactamente el mismo derecho.

Lo incomprensible es que Santiago consiga simultáneamente los beneficios de la integración con Argentina y los beneficios de su cooperación estratégica con Gran Bretaña sin que exista prácticamente ningún costo de incompatibilidad.

Uruguay: la retaguardia continental silenciosa

Uruguay plantea un problema igualmente serio aunque de naturaleza diferente.

Montevideo ocupa una posición geográfica extraordinariamente útil para el abastecimiento del Atlántico Sur.

La documentación oficial de las islas de 2026 reconoce expresamente un servicio marítimo programado entre Uruguay y Malvinas, con escalas periódicas en Chile.

Más revelador todavía es que la propia administración isleña mantiene un funcionario destinado dentro de la Embajada británica en Montevideo para desarrollar relaciones de las islas desde Uruguay.

No es una relación accidental.

La Estrategia de Desarrollo Económico de las islas 2026-2040 considera explícitamente una oportunidad continuar desarrollando sus vínculos con Uruguay y Chile y ampliar posteriormente sus relaciones comerciales internacionales.

Londres entiende perfectamente para qué sirve Uruguay.

La pregunta pertinente es si Buenos Aires lo entiende con la misma claridad.

En mayo de 2026 Uruguay y Reino Unido firmaron además un Memorando de Entendimiento destinado a estructurar y profundizar la cooperación estratégica económica e institucional bilateral.

Uruguay, mientras tanto, continúa firmando declaraciones de respaldo a los derechos argentinos. Desde una perspectiva argentina esto ya no debería ser considerado suficiente. Porque existe una diferencia fundamental entre solidaridad declarativa y comportamiento estratégico.

Un Estado puede votar durante décadas una declaración favorable a la Argentina y simultáneamente permitir desde su territorio actividades que disminuyen el costo logístico de la presencia británica.

Brasil: apoyo diplomático y penetración estratégica británica

Brasil constituye un caso distinto porque su importancia excede ampliamente la cuestión logística.

Es la principal potencia sudamericana. Precisamente por ello la asociación estratégica Reino Unido-Brasil 2026-2030 merece una consideración mucho más severa de la que ha recibido en Buenos Aires.

El documento firmado el 26 de marzo de 2026 prevé profundizar la cooperación militar británico-brasileña mediante transferencia tecnológica, colaboración industrial, entrenamiento, ejercicios conjuntos, cooperación espacial, investigación en defensa, intercambio de información marítima y desarrollo de doctrina militar.

Brasil continúa apoyando diplomáticamente los derechos argentinos. Pero nuevamente aparece el problema de fondo.

¿Para qué sirve un respaldo diplomático si simultáneamente la principal potencia regional profundiza su interoperabilidad estratégica con la potencia militar extrarregional instalada en territorio argentino?

No corresponde afirmar que Brasil colabora directamente con Mount Pleasant.

Sí corresponde advertir que la creciente penetración británica en los sistemas de defensa, tecnología, información marítima y formación doctrinaria brasileños constituye una variable estratégica que la Argentina no puede considerar neutral.

Sobre todo porque Brasil es indispensable para cualquier arquitectura de poder sudamericana en el Atlántico.

Sin Brasil, Argentina enfrenta al Reino Unido como potencia media debilitada.

Con Brasil integrado a una estrategia sudamericana autónoma, Londres debe operar frente a una masa continental, económica, tecnológica y militar incomparablemente mayor. Gran Bretaña lo sabe. Por eso su penetración bilateral en Brasil constituye un éxito estratégico británico.

Que Argentina no haya establecido líneas rojas claras sobre esa cooperación constituye un fracaso.

La gran regresión: de cerrar puertos a redactar comunicados

Existe un dato que permite medir la magnitud del retroceso regional.

En diciembre de 2011 los Estados del MERCOSUR y asociados acordaron impedir el ingreso a sus puertos de buques que enarbolaran la bandera ilegal de las Islas Malvinas. También existía el compromiso regional de informar a la Argentina sobre embarcaciones destinadas a actividades hidrocarburíferas o mineras vinculadas con los territorios disputados. Aquello era política, de la que se podía discutirse su alcance, pero poseía una virtud fundamental: producía consecuencias materiales.

Tan eficaz fue la medida que el entonces canciller británico William Hague debió reconocer públicamente que los barcos con bandera de las islas no podrían ingresar a los puertos del Mercosur y países asociados.

Comparemos eso con junio de 2026. La declaración más reciente del MERCOSUR reafirma los derechos argentinos, critica las medidas unilaterales británicas, reconoce el derecho argentino a iniciar acciones legales y solicita nuevamente los buenos oficios del Secretario General de Naciones Unidas.

Pero ya no establece en ese texto nuevas obligaciones operativas equivalentes: no crea un sistema regional de sanciones, no impide servicios logísticos, no establece exclusiones financieras, no crea trazabilidad empresarial ni determina consecuencias para quienes participen en Sea Lion.

Ésa es la medida del retroceso. En 2011 la región discutía qué barcos podían entrar en sus puertos. En 2026 vuelve a discutir declaraciones.

Mientras tanto, Sea Lion avanza. Ésa es una derrota política argentina.

El desarme regional

Durante determinados períodos Sudamérica llegó a disponer de instrumentos que, desarrollados correctamente, podían haber comenzado a producir autonomía estratégica.

UNASUR creó un Consejo de Defensa Suramericano. Existió un Centro de Estudios Estratégicos de Defensa. Se construyeron mecanismos de consulta, registro de gastos militares, confianza mutua, cooperación industrial y discusión estratégica sin participación directa de potencias extrarregionales.

La propia documentación oficial argentina reconoció posteriormente que la paralización de UNASUR y del Consejo de Defensa Sudamericano dejó vacantes espacios de cooperación, diálogo y coordinación considerados indispensables.

Argentina participó de su destrucción. En 2019 decidió retirarse de UNASUR. En 2023 volvió a ingresar. Esa oscilación resume el problema argentino. La política regional dejó de ser una política nacional y pasó a depender de la identificación ideológica de cada gobierno. Un gobierno desmonta lo que construyó el anterior.

El siguiente intenta reconstruirlo, el resultado final es que ninguna arquitectura estratégica madura.

Mientras Sudamérica desarticulaba sus mecanismos autónomos de defensa, las potencias extrarregionales continuaban celebrando acuerdos bilaterales con cada Estado por separado, con resultado perfectamente previsible: la fragmentación.

Hoy el Consejo de Defensa Sudamericano no constituye el centro de coordinación estratégica regional que pudo haber sido, mientras Gran Bretaña puede desarrollar por separado cooperación militar con Brasil, cooperación antártica con Chile y relaciones económicas con Uruguay.

Es difícil imaginar una configuración más favorable para Londres.

ZOPACAS: un instrumento desperdiciado

La Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur debería constituir otro instrumento central.

Reúne a 24 Estados sudamericanos y africanos del espacio atlántico austral.

En abril de 2026 adoptó en Río de Janeiro una nueva estrategia que incluye cooperación marítima, pesca, observación oceánica, infraestructura logística y conectividad. Pero el propio documento establece expresamente que se trata de un instrumento no vinculante, que no genera obligaciones jurídicas.

Ése es precisamente el problema.

Argentina debería impulsar la transformación gradual de ZOPACAS desde foro diplomático hacia instrumento efectivo de seguridad cooperativa austral.

  • Vigilancia marítima.
  • Intercambio de inteligencia pesquera.
  • Protección de infraestructura submarina.
  • Coordinación frente a bases militares extrarregionales.
  • Ejercicios de búsqueda y rescate.
  • Investigación oceanográfica.
  • Política portuaria.
  • Industria naval.
  • Control sobre operaciones logísticas vinculadas con explotaciones cuestionadas.

Sin instrumentos concretos, la proclamación del Atlántico Sur como «zona de paz» puede convivir indefinidamente con una base británica extraordinariamente poderosa en Mount Pleasant.

Una contradicción que debería resultar intolerable para una política argentina de Estado.

La responsabilidad sigue estando en Buenos Aires

En 2016, mediante el comunicado Foradori-Duncan, el Gobierno argentino acordó adoptar medidas destinadas a remover obstáculos que limitaban el crecimiento económico y desarrollo sustentable de las islas, incluyendo comercio, pesca, navegación e hidrocarburos.

Una década después Argentina debe intentar sancionar a quienes avanzan con Sea Lion. La contradicción no pertenece a Londres. Pertenece a Buenos Aires.

El problema estratégico argentino no es simplemente la existencia de políticas equivocadas. Es la imposibilidad histórica de garantizar continuidad estratégica en el núcleo del estado argentino.

Un país que reclama el océano pero pierde su marina mercante

La debilidad tampoco es exclusivamente diplomática. El propio Estado argentino reconoció en 2025 que desde 1991 la Marina Mercante Nacional perdió más del 80% de su pabellón y llegó a advertir sobre el peligro de su extinción.

La contradicción es brutal. Argentina posee una de las mayores extensiones marítimas del hemisferio. Reclama soberanía sobre Malvinas, Georgias, Sandwich, espacios marítimos y sector antártico. Pero no desarrolló una marina mercante proporcionada a esa geografía. No posee todavía la industria naval suficiente. No dispone de una infraestructura portuaria austral acorde con su posición. Su poder naval militar se deterioró durante décadas. Su flota pesquera y su capacidad de investigación enfrentan limitaciones permanentes.

Y buena parte del debate político nacional continúa desarrollándose como si la Argentina fuese fundamentalmente un territorio continental limitado al mapa situado al norte de Tierra del Fuego.

Premios y castigos: lo que una política nacional debería haber construido hace años

Un sistema de alianzas funciona cuando colaborar produce beneficios y actuar contra los intereses fundamentales del aliado produce costos.

Argentina prácticamente eliminó esa segunda parte de la ecuación.

Hay premios. Hay mercado argentino. Hay energía argentina. Hay infraestructura argentina. Hay acceso preferencial. Hay gas. Hay electricidad. Hay tránsito. Hay cooperación científica. Hay coordinación militar. Hay turismo. Hay integración universitaria. Hay financiamiento.

Pero cuando un actor utiliza esos beneficios y simultáneamente contribuye materialmente a la consolidación de la posición británica, no existe una respuesta argentina automática, previsible y proporcional. Ése un error que pagaremos caro.

La región aprendió que Argentina no cobra

Ésta puede ser la conclusión más incómoda.

Chile no está arriesgando su relación con Argentina porque Buenos Aires nunca le demostró que estuviera en riesgo. Uruguay tampoco. Cada Estado regional ha aprendido que puede respaldar Malvinas en un comunicado; profundizar relaciones con Londres; obtener beneficios de Argentina; mantener cooperación regional; y evitar cualquier costo serio. El resultado es perfectamente racional.

Si colaborar con el dispositivo británico cuesta cero, la colaboración continuará.

La doctrina necesaria

El principio debería resultar comprensible para cualquier Estado de la región:

Argentina no exige enemistad con Gran Bretaña. Exige que ninguna relación con Gran Bretaña se construya a costa de intereses territoriales, marítimos, económicos o estratégicos argentinos.

Quien respete ese principio encontrará en Argentina mercado, energía, infraestructura, cooperación y asociación.

Quien contribuya directamente a consolidar la ocupación británica deberá saber que esa conducta tendrá consecuencias proporcionadas. No se trata de beligerancia. Se trata precisamente de terminar con la anomalía de pretender que la colaboración con la ocupación británica no tenga costos y que la única parte obligada permanentemente a moderarse sea la Argentina.

Fuentes

  • Documentación oficial de las Islas Malvinas, 2026 (conexión aérea regular LATAM Chile–Mount Pleasant; servicio marítimo programado Uruguay–Malvinas)
  • Estrategia de Desarrollo Económico de las Islas Malvinas 2026-2040
  • Asociación estratégica Reino Unido-Brasil 2026-2030, firmada el 26 de marzo de 2026
  • Memorando de Entendimiento Uruguay-Reino Unido, mayo de 2026
  • Declaración del MERCOSUR, junio de 2026, y decisión del MERCOSUR y Estados asociados sobre buques con bandera ilegal de Malvinas, diciembre de 2011
  • Estrategia ZOPACAS adoptada en Río de Janeiro, abril de 2026
  • Comunicado conjunto Foradori-Duncan, 2016

◈ Notas relacionadas: Catorce horas bajo pabellón británico

◆ ATLÁNTICO SUR · SOBERANÍA Y RECURSOS · TIERRA DEL FUEGO

Catorce horas bajo pabellón británico

El petrolero VS Promise amarró en el muelle comercial de Ushuaia. Dejó a la vista de todos la desidia del gobierno argentino y destapó la discusión sobre control de nuestros recursos soberanos.

⚑ Por qué importa

La ley fueguina 852 prohíbe el amarre de buques de bandera británica vinculados a la explotación de recursos en la cuenca Malvinas, y el registro de la Isla de Man integra el Red Ensign Group. El puerto de Ushuaia está intervenido por la Nación desde enero de 2026 y el expediente está en la Corte Suprema: siete meses después de tomar el control invocando el interés estratégico en el Atlántico Sur, la administración que designó habilitó el amarre.

El VS Promise entró al muelle comercial de Ushuaia a las 7.08 del lunes 24 de agosto con nueve metros de calado. Mide 228,6 metros de eslora, transporta algo más de medio millón de barriles y navega bajo registro de la Isla de Man. Volvió a zarpar rumbo a la monoboya de Río Cullen unas catorce horas después. La escala fue corta. El ruido que dejó, no.

Es un tanque tipo Panamax construido en 2007 en astilleros chinos, botado como Hellespont Promise, con matrícula IMO 9351438 y unas setenta mil toneladas de porte bruto. La titularidad registral figura a nombre de Valloeby Promise Ltd, con domicilio en Douglas, y la gestión técnica está a cargo de la alemana Hellespont Ship Management. Fue tomado en fletamento para operar en el Atlántico Sur argentino.

Antes de amarrar había estado cargando crudo en la monoboya de Río Cullen, la terminal de Total Austral, filial de TotalEnergies que junto con Pan American Energy y Wintershall Dea opera los yacimientos costa afuera Hidra, Aries, Carina y Vega Pléyade en la Cuenca Marina Austral. O sea, crudo argentino extraído de aguas argentinas y embarcado en una bodega con pabellón británico.

El gobierno de Tierra del Fuego difundió el mismo lunes un comunicado en el que repudia y rechaza enérgicamente la operación y la califica de inadmisible mientras el Reino Unido mantenga la ocupación de las Malvinas, las Georgias, las Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. Andrés Dachary, secretario provincial de Malvinas, sostuvo que no hay antecedentes de estas características y afirmó que la carga tenía como destino Estados Unidos. La provincia reclamó dos cosas, que la Nación explique con qué criterio se autorizó el amarre y que levante la intervención del puerto.

Qué dice la ley y hasta dónde llega

La norma que se invoca es la ley provincial 852, sancionada en agosto de 2011 y bautizada Gaucho Rivero por el peón entrerriano que se sublevó a la ocupación británica en las islas. Prohíbe la permanencia, el amarre y el aprovisionamiento de buques de bandera británica vinculados a la exploración o explotación de recursos naturales y a operaciones militares en la cuenca Malvinas, y extiende la restricción a pabellones de conveniencia y enseñas de colonias del Commonwealth. Santa Cruz, Chubut, Río Negro y Buenos Aires dictaron normas equivalentes en los meses siguientes. Los antecedentes de aplicación son conocidos, en febrero de 2012 Ushuaia les negó la entrada a los cruceros Star Princess y Adonia, y en 2014 el Queen Victoria tuvo que arriar su bandera en el puerto de Buenos Aires.

La Isla de Man es una dependencia de la Corona británica y su registro naval integra el Red Ensign Group en categoría uno, de manera que sus buques enarbolan el pabellón británico. Bajo el criterio de la ley fueguina, que incluye expresamente las enseñas asociadas, el VS Promise califica sin demasiada discusión.

El puerto intervenido

El expediente se vuelve más denso cuando se mira quién manda hoy en ese muelle. En enero de 2026 la Agencia Nacional de Puertos y Navegación intervino administrativamente el puerto de Ushuaia mediante la resolución 4/2026. Invocó desvíos de fondos contrarios al convenio de transferencia de 1992, pilotes faltantes en el muelle comercial y deficiencias en el sistema contra incendios. El gobierno de Gustavo Melella impugnó la medida por inconstitucional y por avance sobre la autonomía provincial. El juez federal Federico Calvete se declaró incompetente el 10 de febrero, ambas partes renunciaron a los plazos de apelación para acelerar el trámite y el expediente llegó a la Corte Suprema el 18. La terminal mueve alrededor de veintidós mil millones de pesos por año, unos setecientos buques y más de doscientos treinta y dos mil pasajeros solo en 2024.

Sobre esa secuencia armó la provincia su reclamo. La Nación tomó el control del puerto invocando entre otras razones el interés estratégico en el Atlántico Sur, y siete meses después la administración que ella misma designó habilitó el amarre de un buque con pabellón británico. Se aplique o no la ley 852 al caso concreto, el costo político de esa sucesión de hechos es difícil de discutir, y explica por qué el comunicado provincial dedica más párrafos a la intervención que al barco.

Lo que la bandera tapa

Debajo del episodio hay algo que ninguna ley provincial resuelve. La Argentina embarca su crudo costa afuera en cascos ajenos porque hace décadas dejó de tener flota petrolera de ultramar propia. El desguace de la marina mercante estatal en los años noventa no fue compensado por ningún desarrollo privado equivalente, y hoy la logística de exportación de hidrocarburos depende casi por completo de armadores extranjeros y de mercados internacionales de fletamento.

Hay además una serie de preguntas concretas que nadie contestó todavía. Quién contrató el buque y bajo qué modalidad de fletamento. Cuál era el destino final de la carga y con qué permiso de exportación. Qué organismo autorizó el amarre y en qué expediente consta esa autorización. En una operación así intervienen la autoridad portuaria, la Prefectura Naval, la Aduana, la Secretaría de Energía provincial por los volúmenes y protocolos de terminal y la nacional por la licencia de exportación. Es un circuito con muchas firmas y ninguna de ellas se hizo pública.

La bandera es lo que se ve desde la costanera. El control sobre un recurso es lo que no se está discutiendo. El contrato de fletamento, la declaración aduanera, la auditoría de regalías y la capacidad institucional de decir que no cuando corresponde decirlo. El VS Promise estuvo catorce horas amarrado y se fue. Las preguntas que dejó no se van con él.

Fuentes

  • Gobierno de Tierra del Fuego, comunicado del 24 de agosto de 2026.
  • Perfil, Diario Río Negro, Infobae, Infofueguina y Huella del Sur, coberturas del 24 y 25 de agosto de 2026.
  • Agencia Nacional de Puertos y Navegación, resolución 4/2026 y comunicado oficial de la intervención.
  • Infobae, La Corte Suprema definirá el control institucional sobre el Puerto de Ushuaia, 21 de febrero de 2026.
  • Ley provincial 852 de Tierra del Fuego y antecedentes de aplicación.
  • Red Ensign Group, registro naval de la Isla de Man.

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◆ GUERRA COGNITIVA · FRENTE INTERNO · ATLÁNTICO SUR

El frente interno: cómo se naturaliza una ocupación

En julio, la selección eliminó a Inglaterra del Mundial y el plantel desplegó una bandera. Tres semanas después, La Nación publica un extenso reportaje al autor de una novela sobre la guerra narrada desde el punto de vista de los habitantes de las islas. No hace falta que alguien haya ordenado esa secuencia para que su efecto sea el que es: naturalizar la ocupación.

⚑ Por qué importa

Una ocupación se sostiene por la fuerza y se consolida cuando deja de percibirse como ocupación. El tránsito no ocurre por persuasión (nadie va a convencer a la sociedad argentina de que las islas son británicas) sino por un procedimiento más económico que implica desplazar el centro de la cuestión; cambiar el tema sobre el que hay que responder.

En julio, la selección eliminó a Inglaterra del Mundial y el plantel desplegó una bandera: «Las Malvinas son argentinas». El gesto tuvo alcance planetario y produjo reacción inmediata en la prensa británica. Fue, en términos estrictos, la mayor operación de comunicación soberana de las últimas cuatro décadas, y no la diseñó nadie.

Tres semanas después, el 13 de agosto, La Nación publica un extenso reportaje a Nicolás Cassese —cronista del propio diario— autor de Puerto Stanley, 1982 (Sudamericana), una novela sobre la guerra narrada desde el punto de vista de los habitantes de las islas.

En la entrevista Cassese admite que su libro es «una provocación, pero es una provocación con un sentido» el de, supuestamente, exponer cuánto ignora la Argentina sobre las islas que reclama. Y lo presenta, además, como «una crítica a la guerra que decidió Galtieri».

No hace falta que alguien haya ordenado esa secuencia para que su efecto sea el que es: naturalizar la ocupación. Ese es el eje de este análisis.

Cómo se naturaliza una ocupación

Quien lea el ecosistema informativo doméstico como un espacio naturalmente inocente parte de un supuesto que los propios papeles del adversario desmienten. Una ocupación se sostiene por la fuerza y se consolida cuando deja de percibirse como ocupación. El tránsito no ocurre por persuasión (nadie va a convencer a la sociedad argentina de que las islas son británicas) sino por un procedimiento más económico que implica desplazar el centro de la cuestión; cambiar el tema sobre el que hay que responder.

La pregunta soberana es ¿por qué las islas son argentinas? Y una adecuada respuesta involucra 1833, el desalojo de la población y las autoridades argentinas, la continuidad del reclamo y la doctrina de la población implantada.

La pregunta desplazada es ¿qué sintió la gente que estaba ahí en 1982?

Al operar el desplazamiento, quien objeta este movimiento queda en posición de estar en contra de que se cuenten historias humanas.

Los cuatro niveles

El desplazamiento no opera en un solo registro. Trabaja en cuatro niveles encadenados, que van de lo más visible a lo menos perceptible. El nombre del lugar en disputa, el sujeto que ocupa el centro moral del relato, el estatuto jurídico que ese sujeto habilita sin que nadie lo afirme, y lo que queda disponible en la cabeza de quien no vivió 1982. Cada nivel es más difícil de ver que el anterior, y por eso mismo más difícil de revertir. El primero es el único que llega a discutirse en público.

El nombre

Nombrar es admitir quién tiene autoridad para nombrar: es una posición jurisdiccional condensada. La erosión del topónimo tiene una secuencia reconocible:

EstadioFormaEfecto
1«lo que ellos llaman Stanley»Marca distancia. No normaliza.
2«Puerto Argentino/Stanley»Equipara ambos regímenes de nombre.
3«Stanley, porque es el nombre histórico»Invierte la carga: lo argentino pasa a ser lo impuesto.
4«Stanley»El reconocimiento se volvió invisible.

El tercer estadio es la bisagra en la que se instala un argumento de autoridad que los usos posteriores ya no necesitan repetir.

Conviene ser preciso con el dato de base, porque si no el argumento se rompe al primer contacto. Es cierto que la prensa y la cartografía argentinas usaban «Puerto Stanley» antes de abril de 1982, y es cierto que «Puerto Argentino» fue instituido por decreto de la autoridad militar de facto tras el desembarco, después de un primer nombre de vigencia efímera, «Puerto Rivero».

Lo que no se sigue es la conclusión a la que la entrevista de La Nación pretende que arribemos por nuestros propios medios. La denominación fue asumida y sostenida por todos los gobiernos constitucionales posteriores e incorporada a la cartografía oficial. Su origen no la contamina retroactivamente —igual que el origen dictatorial de innumerables normas no invalida su vigencia democrática—. La operación consiste en transferir el descrédito del régimen de 1982 al nombre, y del nombre al reclamo.

El sujeto moral

Fijar el punto de vista en los habitantes de las islas reasigna cuatro posiciones simultáneamente:

Marco soberanoMarco desplazado
VíctimaNación despojada en 1833Población civil atacada en 1982
AgresorImperio británicoJunta militar argentina
ObjetoTerritorio usurpadoComunidad invadida
Horizonte1833 – presente1 abr. – 14 jun. de 1982

La reducción del horizonte temporal es la operación decisiva. Al fijar la unidad de análisis en el otoño de 1982, la usurpación de 1833 sale del encuadre. Sin 1833, la presencia británica deja de ser una ocupación y pasa a ser el estado de cosas previo.

La legitimación jurídica indirecta

Es el efecto de mayor consecuencia y el menos visible.

La posición argentina sostiene que se trata de una disputa de soberanía entre dos Estados, no de un caso de descolonización con sujeto autodeterminante, porque la población fue implantada tras el desalojo de 1833. Por eso la Constitución de 1994 es deliberadamente precisa: manda respetar «el modo de vida de sus habitantes», no sus deseos. La distinción entre way of life (modo de vida) y wishes (deseos) es el eje exacto de la controversia con Londres, cuya doctrina descansa enteramente sobre los wishes de una población implantada.

Construir a los isleños como comunidad con historia, densidad cultural y voz propia no afirma jurídicamente nada. Pero prepara el terreno cognitivo para que la autodeterminación resulte intuitivamente razonable ante un público que no maneja la distinción técnica. La pregunta que ese marco habilita —«¿y ellos qué querían?»— es precisamente la que la posición argentina sostiene improcedente.

El efecto no es jurídico: es de plausibilidad. Y la plausibilidad es la precondición de la aceptación.

La disponibilidad cognitiva

El efecto de largo plazo no se juega en la persuasión sino en la economía de la atención.

Para una cohorte sin memoria directa de 1982, el cúmulo de representaciones disponibles sobre Malvinas se compone de relatos de trauma de conscriptos, relatos de la responsabilidad de la dictadura y, ahora, relatos de la experiencia isleña. Ninguno contiene el argumento del título soberano.

El resultado inmediato no es que la sociedad crea que las islas son británicas. Es que deje de tener a mano las razones por las cuales serían argentinas. La adhesión sobrevive como identidad afectiva sin contenido argumentativo — y una adhesión sin argumento no resiste el primer costo concreto que se le imponga.

Operación QUITO: lo que está escrito

Cualquier discusión sobre influencia externa en el frente interno tiene que empezar por un hecho documentado, no por una sospecha.

El 2 de abril de 2015 (aniversario de la Operación Virgen del Rosario) The Intercept publicó, con firma de Andrew Fishman y Glenn Greenwald, documentos filtrados por Edward Snowden que revelaban la Operación QUITO, un plan encubierto del JTRIG (Joint Threat Research and Intelligence Group, Grupo Conjunto de Investigación e Inteligencia de Amenazas) del Foreign Office británico (la Cancillería del Reino Unido), en preparación desde al menos 2008. Los documentos publicados cubren el período 2008-2011 y están archivados públicamente por la Electronic Frontier Foundation.

Lo que dicen los papeles:

  • La Argentina era el principal objetivo regional. Un Extended Enterprise Report (informe de empresa extendida) de la NSA fechado en 2008, basado en reuniones con representantes del GCHQ, consigna que la Argentina era «GCHQ’s primary interest in the region» («el principal interés del GCHQ en la región»).
  • La misión está descrita como «long-running, large scale, pioneering effects operation» — una operación de efectos, de larga duración y gran escala, pionera. En la jerga del JTRIG, effects operations significa diseminación de engaño y disrupción en línea.
  • El objetivo del Foreign Office, al que JTRIG y otras divisiones del GCHQ fueron asignadas, era «[prevent] Argentina from taking over the Falkland Islands» («[impedir] que la Argentina se apodere de las Malvinas»).
  • El estudio del DSTL (Defence Science and Technology Laboratory, Laboratorio de Ciencia y Tecnología de Defensa), publicado en marzo de 2011, establece que uno de los fines de la unidad era «preventing Argentina from taking over the Falkland Islands by conducting online HUMINT» («impedir que la Argentina se apodere de las Malvinas mediante HUMINT en línea») — inteligencia humana en línea, definida como recolección sobre blancos humanos mediante seguimiento pasivo o interacción bajo identidad falsa.
  • El repertorio del JTRIG, según el catálogo de sus capacidades: operaciones de false flag (bandera falsa), honey traps (trampas de miel) sexuales, implantación de virus, herramientas encubiertas para «sembrar internet con información falsa», manipular resultados de encuestas en línea, inflar artificialmente visitas, amplificar mensajes en YouTube y plantar publicaciones falsas de Facebook para «países enteros». El propio DSTL describe el lenguaje de sus operaciones con los verbos discredit, distrust, dissuade, deceive, disrupt, delay, deny, denigrate/degrade (desacreditar, sembrar desconfianza, disuadir, engañar, perturbar, demorar, negar, denigrar/degradar).

El dato más duro es el último, y es el que menos se cita. Un documento del Network Analysis Centre (Centro de Análisis de Redes) del GCHQ correspondiente al segundo trimestre de 2011 registra que el «análisis de redes en apoyo de operaciones cibernéticas ofensivas» sobre la Argentina pasó de RED a GREEN (de rojo a verde) — de inactivo a activo — durante ese trimestre. No es planificación, es evidencia de desarrollo operativo en curso a fines de 2011.

Los documentos consignan además asistencia de la NSA estadounidense en curso al menos hasta 2010, pese a la negativa pública de Washington a respaldar la posición británica.

El frente regional, en los papeles

Un taller del GCHQ de noviembre de 2011 sobre Mission Driven Access (acceso orientado por la misión) planteó a su personal el siguiente escenario:

«El GCHQ ha tenido un desempeño consistentemente deficiente en Brasil, con crecientes preocupaciones de que las actitudes [sud]americanas sobre las Malvinas se estén alineando con Argentina. Una próxima visita ministerial a Chile ofrece una oportunidad para contrarrestar esta tendencia. El Foreign Office está buscando asesoramiento.»

Lo que el propio Intercept no afirma

La investigación señala expresamente que «the full extent of JTRIG’s tactics used in the Falklands mission is unclear» («no está claro el alcance total de las tácticas del JTRIG empleadas en la misión Malvinas»), y que QUITO estaba, hacia 2009, «en etapas de planificación», con «una cantidad significativa de trabajo previo» y «casi completa».

Es decir: el objetivo, la unidad, el mandato y la activación de operaciones cibernéticas ofensivas están documentados; el detalle de qué se ejecutó lo sufrimos hoy todos los argentinos.

El detonante, y por qué importa hoy

The Intercept fecha el salto de tensión en 2010, con el descubrimiento británico de grandes reservas offshore de petróleo y gas potencialmente valuadas en miles de millones de dólares.

Ese es el hilo que conecta 2010 con este agosto. La operación de inteligencia y el yacimiento no son dos expedientes distintos. Sea Lion es el activo que QUITO pretendía proteger. Dieciséis años después, el yacimiento entró en fase de obras.

El problema real

La posición argentina no dispone hoy de un producto cultural de circulación masiva que exponga el título soberano —1833 o la población implantada— con calidad narrativa comparable a la de los relatos que lo desplazan. No hay una novela, ni una serie de alcance popular sobre el desalojo de 1833. Hay una industria entera dedicada al trauma de 1982.

Un Estado que reclama un territorio durante casi dos siglos y no financia investigación, archivo ni divulgación sobre su propio título cede el campo por omisión. No hace falta que nadie lo empuje.

Y hay una ironía que conviene registrar y es que buena parte del material que circula hoy con intenciones hostiles es argumentativamente aprovechable. La reconstrucción del vínculo previo a 1982 —maestras argentinas en las escuelas isleñas, atención médica en Comodoro Rivadavia, conectividad aérea provista por el Estado argentino, primacía del vínculo con Buenos Aires sobre el vínculo con Londres— documenta que la integración funcional del archipiélago con el continente era el curso natural de las cosas frente a la estrategia que busca prolongar la ocupación costosa y artificial.

Ese es un argumento argentino. Está disponible. Nadie lo está usando.

Fuentes

Fuente primaria

Cobertura y contexto

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◆ DIPLOMACIA PÚBLICA · GUERRA COGNITIVA · FORMACIÓN DE CUADROS

Retornos (sobre la influencia)

Chevening cumple treinta y cinco años en la Argentina y más de seiscientos profesionales pasaron por sus aulas británicas. Un programa de formación de dirigentes ejecutado por una fundación privada volvió a poner el tema sobre la mesa, aunque el problema de fondo es bastante más viejo que el caso que lo destapó.

⚑ Por qué importa

El Foreign Office dejó escrito cómo mide el afecto que financia: uno de los cinco indicadores de su programa global de becas se llama return on influence y mide el cambio de actitudes hacia el Reino Unido entre los egresados y sus redes. Son 59,4 millones de libras al año, mil cuatrocientas becas y treinta y cinco años de continuidad en la Argentina. Lo que no existe es un programa argentino equivalente.

En enero de 2016 el Foreign Office publicó un llamado a propuestas para evaluar su programa global de becas. El pliego pedía construir un marco de medición permanente con cinco indicadores. Cuatro son los que cualquiera esperaría de un organismo que rinde cuentas por dinero público, el retorno sobre la inversión, la relación costo beneficio, el rastreo del regreso efectivo del becario a su país y la satisfacción del propio becario. El quinto lleva un nombre que conviene leer despacio, return on influence, una definición que nada disimula. Se trata del cambio en las actitudes hacia el Reino Unido entre los alumni de Chevening y sus redes en sus países de origen.

Dos detalles de esa formulación merecen atención. El objeto medido no es el becario sino sus redes, de modo que el programa se evalúa por el efecto que produce en círculos de segundo grado. Y el indicador es actitudinal, mide disposición, no rendimiento académico. Nada de eso hay que deducirlo ni inferirlo. El Estado británico dejó escrito cómo mide el afecto que financia.

Chevening existe desde 1983 y depende del Foreign, Commonwealth & Development Office. En el ejercicio 2025-2026 recibió 59,4 millones de libras, con el 97 por ciento computado como gasto de desarrollo, y otorga alrededor de mil cuatrocientas becas por año. Acumula más de sesenta mil egresados en más de ciento cuarenta países, entre ellos veintidós jefes de Estado o de gobierno actuales o pasados. Hay dos exclusiones que dicen mucho sobre el diseño, Estados Unidos y los países de la Unión Europea. El programa no va donde ya hay acceso.

En la Argentina opera desde 1991. En 2018 la embajada informaba más de quinientos diez seleccionados y en agosto de este año el embajador David Cairns habló de más de seiscientos profesionales argentinos beneficiados. Las cohortes recientes se mueven entre veintiuno y treinta y cinco becarios por año, con destino en la London School of Economics, Oxford, el University College London, King's College y Dundee. Son números modestos en términos absolutos y muy concentrados en términos de perfil, gente de entre veinticinco y treinta y cinco años con experiencia laboral previa que vuelve al país por obligación contractual.

El vínculo no termina con la maestría. Existe una asociación local de alumni con comisión directiva electa por voto y embajadores regionales en Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y la Patagonia. En marzo de 2013 Buenos Aires fue sede de la primera conferencia latinoamericana de egresados, en la residencia del embajador británico, con delegados de diez países y financiamiento del Chevening Alumni Fund. El valor de una red así no está en su volumen sino en la arquitectura en que el Estado receptor (Gran Bretaña) financia la difusión del instrumento de influencia del Estado emisor (Argentina).

Para sorpresa de nadie, el reclutamiento pasa por el propio Estado argentino. La convocatoria se publica en Campus Argentina Global, la plataforma de becas internacionales del Ministerio de Capital Humano, que en septiembre de 2023 difundió la apertura del ciclo con anuncio propio.

Una fundación, una funcionaria y un programa

El 17 de agosto de este año El Destape publicó una investigación de Nicolás Lantos sobre el Future Leaders Programme Argentina, una iniciativa de la Fundación Argentina Global lanzada con apoyo del programa Chevening de la Embajada Británica en Buenos Aires. Está dirigida a estudiantes universitarios avanzados y recién graduados, combina talleres virtuales, encuentros con especialistas y visitas institucionales, arranca el 7 de septiembre con un taller a cargo de Fulvio Pompeo (secretario general y de Relaciones Internacionales del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Secretario de Relaciones Internacionales del PRO y Presidente de la Fundación Argentina Global) y cierra en febrero de 2027 en la sede de la embajada.

El punto sensible es quién integra esa fundación. Paola Di Chiaro figura como miembro fundador y desde enero de 2024 conduce nada menos que la Secretaría de Malvinas, Antártida, Política Oceánica y Atlántico Sur de la Cancillería. Viene de un recorrido largo por el aparato estatal, asesora en comisiones de Relaciones Exteriores y Defensa del Congreso entre 1998 y 2009, directora general de Relaciones Internacionales del gobierno porteño, subsecretaria de Asuntos Globales y jefa de la Unidad Estrategia Nacional de Seguridad entre 2015 y 2019, y secretaria de Estrategia y Asuntos Militares en Defensa. Pompeo, que dará el taller inaugural, fue secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia en el mismo período.

Conviene una precisión que buena parte de la cobertura pasó por alto. Varios títulos afirmaron que la funcionaria participa del programa Chevening. No existe fuente pública que acredite que Di Chiaro haya sido becaria. Lo documentado es que la fundación que cofundó ejecuta una actividad con apoyo del programa, que es una relación institucional y no un antecedente académico personal. La diferencia no es menor, porque de ella depende qué se está discutiendo exactamente.

El 18 de agosto la diputada Agustina Propato presentó dos proyectos en la Cámara baja, un pedido de informes y una declaración de repudio, acompañada por catorce firmantes entre los que están Germán Martínez, Pablo Todero y Roxana Monzón. El texto califica el episodio como una situación de gravedad institucional inadmisible y sostiene que la formación de cuadros políticos en articulación con el Foreign Office no es una mera actividad académica sino, en términos geopolíticos, la facilitación de herramientas de influencia e injerencia extranjera. De los seis puntos que reclama, el cuarto es el más interesante y el que nadie había pedido antes, cuánto personal formado en programas del Reino Unido se desempeña hoy en esa secretaría.

Los analistas consultados por la prensa no coincidieron. Gonzalo Fiore Viani calificó el caso de gravísimo. Gabriel Puricelli fue bastante más cauto y dijo que no cree que haya prueba de que este tipo de programas marquen la influencia, aunque aclaró que igual rechazaría esa candidatura para ese cargo. La segunda posición es la honesta y la que obliga a trabajar más. También hay que anotar que la noticia circuló rápido por RT y Sputnik, medios estatales rusos con interés propio en narrativas de injerencia occidental, lo que puede afectar el tono de la cobertura pero no los hechos, porque la convocatoria del programa es pública y el expediente legislativo existe.

El litio, el derecho minero y lo que efectivamente está probado

La hipótesis más inquietante, la de una formación británica orientada a los cuadros que regulan los recursos argentinos es verificable. En la cohorte 2024-2025 los anuncios oficiales de la embajada listan derecho internacional de minerales y política energética y climática entre las áreas de estudio. En la de 2016-2017 aparecen estudios de energía y la Universidad de Dundee entre los destinos. El propio sitio de Chevening destaca hoy como caso argentino a Manuel Alderete, presentado como alguien que ayuda al país a liderar una transición energética justa y que, con pasión por los minerales críticos, usa el derecho para proteger a las personas y al planeta. Lo dice la institución, no un crítico.

Dundee no es una universidad cualquiera en este rubro. Su Centre for Energy, Petroleum and Mineral Law and Policy formó a más de seis mil profesionales de cincuenta países desde 1977 y es la usina clásica de reguladores de hidrocarburos y minería del mundo en desarrollo. Ahora bien, hay una arista amenazadora que aparece a medida que se indaga sobre la cuestión. La Chevening Energy Market Reform Fellowship, alojada precisamente en ese centro y dirigida a profesionales sénior del sector energético, está reservada a candidatos de China.

Donde el vínculo entre financiamiento británico y arquitectura regulatoria de recursos aparece con mayor nitidez es fuera de las becas. La convocatoria de proyectos que la embajada abrió en 2019, con fondos de ayuda al desarrollo, incluía explícitamente el apoyo a la Iniciativa para la Transparencia de las Industrias Extractivas, que es un estándar de divulgación de la renta minera e hidrocarburífera. Y en marzo de 2024 el British Geological Survey, financiado por la red científica del gobierno británico, condujo talleres en la Argentina y Chile sobre extracción responsable de litio con participación del servicio geológico argentino, el CONICET y los gobiernos de Salta, Jujuy y Catamarca, con el objetivo declarado de proponer una hoja de ruta priorizada de investigación. Incidir sobre qué se investiga es incidir sobre qué se podrá decidir después, aunque el producto no tenga fuerza normativa y el formato haya sido de diálogo abierto con operadores y comunidades.

Hasta ahí llega la evidencia. No hay nómina pública de becarios argentinos, el presupuesto de Chevening no se publica desagregado por país y no existe ningún estudio que mida efectos del programa sobre decisiones regulatorias concretas en la Argentina. Existe si un circuito deliberado para colocar egresados en instituciones británicas en organismos de energía, minería o pesca. En base a la evidencia publica podemos afirmar que hay un dispositivo de influencia declarado, medido y sostenido durante treinta y cinco años, y hay un caso puntual de superposición de roles que amerita respuesta.

Esa respuesta se puede forzar sin recursos extraordinarios. Un pedido bajo la ley 27.275 a la Cancillería por los convenios firmados con la embajada británica desde 2024 y por la nómina de agentes de la secretaría que participaron en programas financiados por el Reino Unido. Otro al Ministerio de Capital Humano por las series de postulantes y adjudicatarios argentinos. Una consulta a la Oficina Anticorrupción sobre los artículos 13 y 15 de la ley 25.188. Un pedido a la Inspección General de Justicia por el estatuto y las autoridades vigentes de la Fundación Argentina Global. Y dos solicitudes bajo la Freedom of Information Act británica, una por el presupuesto Chevening asignado a la Argentina por ejercicio y otra por los informes de return on influence desagregados por país. Cualquier bloque legislativo puede presentarlos esta semana.

Londres invierte en este programa cincuenta y nueve millones de libras al año en formar dirigentes, lo declara en documentos públicos y lo audita con una métrica que se llama retorno sobre la influencia. Lo que no existe es un programa argentino equivalente. Un país que discute soberanía sobre su plataforma continental y sobre el litio de la puna necesita cuadros propios formados con criterio propio, y no los tiene. Mientras esa asimetría siga intacta, y los responsables administrativos y políticos argentinos lo permitan cada convocatoria abierta será acción abiertamente hostil contra la Nación Argentina.

Fuentes

  • Foreign Office, llamado a propuestas para el proyecto de monitoreo y evaluación de Chevening (definición de return on influence).
  • FCDO, respuesta a la revisión independiente de los esquemas de becas, CP 981, diciembre de 2023.
  • Parlamento del Reino Unido, respuesta escrita 112518, 23 de febrero de 2026.
  • GOV.UK y Embajada Británica en Buenos Aires, anuncios de cohortes 2016-2017 a 2025-2026 y convocatorias de proyectos 2017, 2018 y 2019.
  • Chevening, páginas de Argentina y de fellowships. Universidad de Dundee, Chevening Energy Market Reform Fellowship.
  • British Geological Survey, Responsible extraction in South America's Lithium Triangle.
  • Nicolás Lantos, El Destape, 17 de agosto de 2026. Parlamentario, 19 de agosto de 2026. Sputnik, declaraciones de Fiore Viani y Puricelli, 22 de agosto de 2026.
  • argentina.gob.ar, Campus Argentina Global, ficha de la beca Chevening.

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◆ DESARROLLO · TERRITORIO Y RECURSOS ESTRATÉGICOS

La economía ocupa espacio. De la geografía económica a la estrategia nacional

La localización de la actividad productiva no es sólo un problema de costos de transporte. Detrás de cada ruta, cada puerto y cada ferrocarril hay una decisión sobre qué país se está construyendo.

⚑ Por qué importa

Dónde se produce no es un detalle técnico. Una ruta, un puerto o un ferrocarril deciden qué regiones se integran a la economía nacional y cuáles quedan como simples zonas de paso. Por eso la infraestructura nunca es solamente infraestructura, sino la distribución territorial de capacidades.

El domingo 1 de agosto de 2026, Juan Carlos de Pablo publicó en La Nación una columna titulada «La disciplina económica poco desarrollada de la que no se habla (y que es muy importante)»1. La disciplina en cuestión es la geografía económica, y el texto acierta al advertir que la localización de las actividades productivas ha sido relegada por buena parte del análisis económico. De Pablo no escribió un artículo expositivo sino una de sus conversaciones imaginarias, género que suele practicar. Entrevista allí a Anita Arrow Summers, economista norteamericana nacida en 1925 que dirigió el departamento de economía urbana del Banco de la Reserva Federal de Filadelfia y fundó, en la Wharton School de la Universidad de Pensilvania, el primer departamento de políticas públicas dentro de una escuela de negocios2. Las respuestas atribuidas a «doña Anita» son, en rigor, posiciones del propio De Pablo, y como tales las discutimos aquí.

¿Qué estudia la geografía económica?

La geografía económica estudia cómo se distribuyen y relacionan en el territorio la población, los recursos naturales, las actividades productivas, las infraestructuras, los mercados y las redes de transporte. Su objeto no es sólo describir dónde se produce o circula la riqueza, sino explicar cómo la organización espacial de la economía condiciona el desarrollo, las desigualdades territoriales y la capacidad de controlar y aprovechar los recursos.

La geografía económica surgió como campo diferenciado entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, cuando la expansión industrial, el comercio mundial y las redes ferroviarias y marítimas hicieron necesario estudiar la localización de las actividades productivas. Sus primeras formulaciones estuvieron influidas por la geografía regional, la economía clásica y las teorías de localización, y buscaban explicar por qué determinadas industrias, cultivos, ciudades y rutas comerciales se concentraban en ciertos territorios.

Entre sus principales precursores se encuentra Johann Heinrich von Thünen, quien en 1826 formuló uno de los primeros modelos sobre localización agrícola (distancia al mercado y renta de la tierra). Como disciplina académica fue sistematizada por George G. Chisholm, autor en 1889 del primer manual de geografía económica en lengua inglesa, y por J. Russell Smith, que publicó en 1913 el primer texto universitario estadounidense de la especialidad. Posteriormente, Alfred Weber, Walter Christaller y August Lösch desarrollaron las teorías clásicas sobre localización industrial, ciudades, mercados y organización espacial de la economía.

En 1991, Paul Krugman la reformuló en su «nueva geografía económica» y mostró que los rendimientos crecientes y los costos de transporte bastan por sí solos para producir concentración industrial3.

El diagnóstico del que parte la columna es que esta tradición quedó al margen del análisis corriente y organiza el artículo sobre dos categorías. Para De Pablo existen localizaciones naturales, presentes en el territorio, y localizaciones «fabricadas», gobernadas sobre todo por los costos de transporte y que funcionan como una barrera al comercio tan real como los aranceles. El ejemplo más elocuente es que la Revolución Industrial no ocurrió en toda Inglaterra sino en algunas comarcas del norte, porque el precio de mover carbón obligaba a levantar las fábricas junto a las minas4.

Ese es el terreno que la columna recupera y que el análisis económico suele pasar por alto. Nuestra lectura parte de allí y se desplaza un paso más.

El mapa no es el territorio

Los países no son puntos abstractos y las actividades económicas no se distribuyen uniformemente en el espacio. Los recursos naturales se encuentran en lugares determinados y las distancias elevan o reducen costos. Los ferrocarriles, los puertos y las rutas modifican la competitividad, y una misma transformación tecnológica puede beneficiar a una región mientras condena a otra al estancamiento.

De Pablo recuerda que el abaratamiento de los fletes internacionales, la invención del buque frigorífico y las inversiones ferroviarias favorecieron durante las últimas décadas del siglo XIX a las provincias del litoral argentino, mientras comprometían las producciones artesanales del interior. También señala que el actual desarrollo minero y energético está generando oportunidades muy diferentes en las provincias cordilleranas y patagónicas respecto de las que existen en el conurbano bonaerense5.

Hasta allí el diagnóstico es acertado, porque la economía ocupa espacio y cada transformación productiva reorganiza el territorio. El problema comienza cuando se intenta determinar quién, cómo y bajo qué premisas debe conducir esa reorganización.

La localización de una mina está determinada por la geología. La localización de una fábrica, un puerto, un centro tecnológico o una planta de procesamiento admite, en cambio, un margen mucho mayor de decisión.

Pero ese margen no depende solamente de los costos de transporte. Una planta se instala donde hay energía disponible, vías férreas y rutas en condiciones, puertos habilitados y financiamiento accesible. Cuenta igual la existencia de trabajadores formados, de proveedores locales y de universidades o centros científicos capaces de acompañar el proceso. El régimen impositivo, las regulaciones ambientales, la política de compras públicas y las condiciones de acceso a los mercados externos terminan de inclinar la balanza.

En suma, una parte de la localización es natural, en consecuencia, y otra parte es fabricada. La distinción resulta fundamental, porque la geografía fabricada no surge espontáneamente, sino que decanta de decisiones acumuladas durante décadas.

La diferencia entre rentabilidad y poder nacional

Hacia el final de la conversación imaginada, De Pablo va «por la negativa». Determinar quién debe cerrar, quién crecer y quién transformarse no puede ser tarea de los funcionarios, sostiene, sino de los propios emprendedores, dentro de un marco estable de reglas generales6.

La prevención frente a la arbitrariedad burocrática es razonable. Ninguna autoridad estatal debe intervenir mediante decisiones discrecionales que favorezcan estructuras productivas sin relevancia estratégica o reemplacen la evaluación económica y geopolítica integral que debe guiar cada actividad en función de los objetivos de soberanía y desarrollo del país. Sin embargo,suponer que el diseño y rediseño de políticas estratégicas puede quedar librado al libre albedrío de la iniciativa emprendedora es, en nuestra opinión un grave error.

La agregación de decisiones privadas, orientadas por rentabilidad individual y horizontes de corto o mediano plazo, no produce por sí misma una arquitectura nacional coherente, ni garantiza la construcción de capacidades críticas, ni asegura la integración territorial. El mercado asigna recursos dentro de un marco dado, pero no define ese marco ni establece los objetivos colectivos de largo plazo. Es precisamente el Estado el que debe orientar de manera estratégica el conjunto de los factores hacia la consecución de los intereses nacionales, corrigiendo tanto los excesos de la discrecionalidad burocrática como las limitaciones inherentes a la lógica fragmentaria de las decisiones privadas.

La configuración territorial del país no debería quedar librada exclusivamente a las decisiones privadas. Una empresa selecciona una localización de acuerdo con su rentabilidad esperada, mientras que el Estado nacional debe evaluar otras variables. Le corresponde preguntarse qué parte de la renta permanece en el país, quién controla la infraestructura, qué dependencia tecnológica se genera y qué proveedores nacionales llegan a desarrollarse. Tiene que sopesar además qué regiones quedan integradas, cual será el impacto ambiental, de que manera se afectara la salud de la población actual y futura, qué corredores logísticos se consolidaran, qué vulnerabilidades externas aparecen y cuánta capacidad de decisión conservará la Argentina en el futuro.

La localización más rentable para una compañía no siempre es la más conveniente para el país. Una empresa minera puede preferir exportar concentrados sin procesar, importar sus equipos, utilizar proveedores extranjeros y transportar la producción por el corredor más barato. Desde su balance la decisión resulta impecable. Desde la perspectiva argentina, el resultado puede ser una economía de factoría extractivista, con exportaciones crecientes, escasos encadenamientos industriales y una infraestructura diseñada para sacar recursos del territorio sin beneficio estratégico alguno.

Minería: crecimiento territorial o archipiélago extractivo

La expansión minera confirma la importancia del planteo territorial. Durante 2025, las exportaciones mineras argentinas alcanzaron aproximadamente US$ 6.037 millones7. El 98,4% se originó en apenas cinco provincias: Santa Cruz, San Juan, Jujuy, Salta y Catamarca8. Además, el oro, el litio y la plata concentraron más del 95% del valor exportado por el sector.

Esta concentración no constituye por sí misma un problema. Los minerales se encuentran donde la naturaleza los ha depositado y no donde resulta políticamente conveniente, como recuerda la columna. La cuestión estratégica es otra, y consiste en determinar qué estructura territorial se construirá alrededor de esos recursos.

La Argentina puede limitarse a un conjunto de enclaves conectados directamente con los mercados internacionales, o desarrollar proveedores nacionales, formar capacidades metalúrgicas y químicas e instalar laboratorios en las zonas de producción. El horizonte más ambicioso incluye poblar áreas fronterizas, fortalecer ciudades intermedias y vincular las regiones productoras con puertos argentinos.

Nada de esto supone trasladar artificialmente una mina ni instalar fábricas de manera irracional en cualquier lugar. El propósito es impedir que la localización natural del recurso determine automáticamente una estructura de dependencia. El propósito final es evitar el fatalismo de la subordinación.

El antecedente ferroviario

El ejemplo histórico que ofrece la columna es especialmente revelador. La expansión ferroviaria del siglo XIX y la reducción de los costos marítimos impulsaron la producción pampeana y litoraleña, pero también perjudicaron actividades del interior. De Pablo lo describe como una destrucción creativa schumpeteriana desplazada del plano sectorial al geográfico9.

Desde una mirada económica convencional, aquello puede interpretarse como una reasignación eficiente de recursos. Desde una perspectiva del interés argentino, el proceso produjo algo más profundo, que condicionó la configuración territorial, demográfica, social, política, económica y productiva argentina alrededor de corredores convergentes hacia el puerto de Buenos Aires y hacia una economía exportadora controlada, financiada y transportada por capitales británicos.

El sistema podía ser eficiente para exportar cereales y carnes, aunque no para integrar el territorio, diversificar la industria o garantizar autonomía logística. Esa diferencia continúa siendo decisiva. Una red de transporte puede reducir costos y, al mismo tiempo, profundizar la subordinación territorial al aumentar las exportaciones mientras debilita el mercado interno. La eficiencia de un corredor, en suma, solo puede evaluarse en función del objetivo al que sirve.

Federalismo de los recursos y unidad de la estrategia

La Constitución Nacional de 1994 establece que las provincias poseen el dominio originario de los recursos naturales existentes en sus territorios10, con el inconveniente de trasladar a jurisdicciones subnacionales —en muchos casos capturadas políticamente por determinados grupos de presión económicos— decisiones estratégicas que desarticulan el diseño de políticas de desarrollo integral. Cabe agregar que, en virtud de la misma reforma de 1994, la Nación mantiene facultades sobre el comercio exterior e interprovincial, la navegación de los ríos interiores, la habilitación de puertos, la construcción de ferrocarriles y la promoción de nuevas industrias11, de modo que no existe una contradicción absoluta entre federalismo e integración territorial y económica del país.

Las provincias deben participar de los beneficios de los recursos que poseen, preservar su ambiente y decidir sobre su desarrollo. Pero la infraestructura, la inserción internacional, la política industrial, el sistema energético y los corredores logísticos requieren coordinación nacional.

El dominio provincial del recurso no puede significar la fragmentación de la política exterior económica argentina. Frente a actores que operan globalmente, una respuesta fragmentada reduce el poder de negociación del país. Mal entendido, el federalismo termina en una competencia entre provincias por ofrecer condiciones más favorables al mismo capital; bien entendido, articula los intereses provinciales dentro de una estrategia nacional común.

El mandato constitucional de equilibrar el territorio

La discusión tampoco puede reducirse a una preferencia ideológica entre mercado y Estado. La Constitución encomienda al Congreso promover la industria, construir ferrocarriles y canales navegables, impulsar el desarrollo científico y tecnológico y fomentar el «crecimiento armónico de la Nación» y el poblamiento de su territorio. También ordena adoptar políticas diferenciadas destinadas a equilibrar el desigual desarrollo relativo de las provincias y regiones12. El equilibrio territorial constituye así un mandato estratégico y constitucional, y no una mera aspiración política.

Esto no significa repartir mecánicamente los ingresos mineros entre todas las provincias ni subsidiar indefinidamente actividades sin viabilidad. Lo que exige es destinar una parte de la renta extraordinaria y de la capacidad regulatoria del Estado a construir bienes públicos nacionales: corredores ferroviarios, infraestructura energética, conectividad digital, puertos marítimos y fluviales, formación técnica, investigación científica, defensa de fronteras, ciudades logísticas y redes industriales de proveedores. El objetivo no es igualar artificialmente todas las regiones, sino evitar que la especialización productiva erosione y finalmente fracture la unidad del territorio argentino.

Qué industria y dónde

La respuesta a la cuestión sobre qué industria y dónde no puede ser «cualquier industria en cualquier lugar», ni tampoco «únicamente aquellas actividades que el mercado internacional decida financiar».

La localización industrial debe surgir del cruce de cuatro racionalidades que rara vez coinciden. La primera es la económica y se mide en costos, escalas, energía, transporte y acceso a mercados. A ella se superpone una racionalidad tecnológica, que pregunta si el país está en condiciones de dominar procesos, formar trabajadores y construir proveedores propios. Una tercera, de orden territorial, evalúa cuánto integra regiones, cuánto fortalece ciudades intermedias y cuánto aprovecha infraestructuras ya existentes. Y por encima de todas opera una racionalidad geopolítica, atenta al control de los recursos, la seguridad de abastecimiento, la autonomía logística y la preservación de capacidades críticas.

Una industria puede no ser la alternativa de máxima rentabilidad inmediata y, sin embargo, resultar necesaria para asegurar insumos esenciales, sostener una cadena tecnológica o impedir una dependencia externa peligrosa. Nada de esto exige que el Estado administre cada fábrica. Sí exige que determine qué capacidades industriales son estratégicas, qué infraestructuras necesita el país y qué dependencias no está dispuesto a aceptar.

De la geografía económica a la geopolítica

La geografía económica describe solamente una parte del problema. La geopolítica agrega los interrogantes que aquella deja fuera: quién controla la producción y quién financia la infraestructura, quién administra los puertos y quién domina la tecnología, quién fija las rutas de exportación y dónde se acumula finalmente la renta. Todos convergen en una sola cuestión, la capacidad de decisión que conserva la Nación a través del Estado.

El mercado puede descubrir oportunidades productivas, pero no puede definir por sí solo los objetivos histórico-territoriales de la Nación. La Argentina necesita empresas rentables y reglas previsibles, y necesita también puertos propios, ferrocarriles integradores, proveedores nacionales, ciencia aplicada, control de infraestructura crítica y una distribución territorial que permita ocupar, comunicar y defender efectivamente su espacio.

De Pablo, o la economista que hace hablar, abre una puerta correcta al recordar que la economía tiene geografía. El paso siguiente consiste en comprender que toda geografía económica es también una arquitectura de poder, y que un país que no diseña su territorio termina siendo un elemento subsidiario dentro del diseño de otros.

Notas

  1. Juan Carlos de Pablo, «La disciplina económica poco desarrollada de la que no se habla (y que es muy importante)», La Nación, 1 de agosto de 2026, lanacion.com.ar.
  2. Los datos biográficos de Anita Arrow Summers, así como su carácter de interlocutora imaginaria, provienen de la propia columna. De Pablo, «La disciplina económica poco desarrollada…».
  3. Paul Krugman, «Increasing Returns and Economic Geography», Journal of Political Economy 99, n.º 3 (junio de 1991): 483-499, doi.org. El propio De Pablo incluye a Krugman, junto con Walter Isard y August Lösch, en la genealogía de la disciplina; véase nota 1.
  4. La distinción entre localización natural y localización «fabricada», así como el ejemplo de la Revolución Industrial y las minas de carbón del norte de Inglaterra, corresponden a De Pablo, «La disciplina económica poco desarrollada…».
  5. De Pablo, «La disciplina económica poco desarrollada…». La columna contrasta las oportunidades abiertas por la minería en las provincias productoras con las del conurbano bonaerense.
  6. De Pablo, «La disciplina económica poco desarrollada…». En el original: «Voy por la negativa. La tarea no puede estar a cargo de los funcionarios, sino de los propios emprendedores».
  7. «Exportaciones mineras argentinas alcanzan récord histórico en 2025 con US$6.037 millones», Panorama Minero, 2 de febrero de 2026, panorama-minero.com. Los datos provienen del Informe Mensual de la Dirección Nacional de Promoción y Economía Minera, Ministerio de Economía: US$ 6.037 millones en el acumulado enero-diciembre de 2025, con un alza interanual del 29,2%. El oro aportó US$ 4.078 millones (68%), el litio US$ 905 millones (15%) y la plata US$ 777 millones.
  8. Dirección Nacional de Promoción y Economía Minera, informe mensual Origen provincial de las exportaciones mineras, noviembre de 2025, reproducido en «Origen provincial de las exportaciones mineras (informe mensual)», El Pregón Minero / Editorial RN, 26 de diciembre de 2025, editorialrn.com.ar.
  9. De Pablo, «La disciplina económica poco desarrollada…». La formulación es del propio autor: «Destrucción creativa, la idea planteada por Joseph Alois Schumpeter, pero en el plano geográfico, no sectorial».
  10. Constitución de la Nación Argentina, texto según la reforma de 1994, art. 124 in fine: «Corresponde a las provincias el dominio originario de los recursos naturales existentes en su territorio». InfoLeg, servicios.infoleg.gob.ar.
  11. Constitución de la Nación Argentina, art. 75: reglar el comercio con las naciones extranjeras y de las provincias entre sí (inc. 13); reglamentar la libre navegación de los ríos interiores y habilitar los puertos que considere convenientes (inc. 10); promover la industria, la construcción de ferrocarriles y canales navegables y la introducción y establecimiento de nuevas industrias (inc. 18). Véase nota 11.
  12. Constitución de la Nación Argentina, art. 75 inc. 19: «Proveer al crecimiento armónico de la Nación y al poblamiento de su territorio; promover políticas diferenciadas que tiendan a equilibrar el desigual desarrollo relativo de provincias y regiones». El mismo inciso encomienda proveer a la investigación y al desarrollo científico y tecnológico. Véase nota 11.
◆ POLÍTICA EXTERIOR · BRASIL · COMPETENCIA EE.UU.–CHINA

Brasil bajo presión: cinco frentes geopolíticos que están reorganizando América del Sur

Las tarifas estadounidenses, la disputa sobre las elecciones brasileñas, la securitización del crimen organizado, la crisis con la Argentina y el acercamiento a China no son acontecimientos inconexos. En conjunto, revelan una lucha creciente por determinar la orientación internacional de Brasil y, por extensión, el equilibrio de poder sudamericano.

⚑ Por qué importa

Brasil es el principal socio comercial de la Argentina y el país con el que comparte la Cuenca del Plata, la Hidrovía y las cadenas automotriz, energética y nuclear. Todo lo que condicione las decisiones brasileñas condiciona, un escalón después, el margen de maniobra argentino.

La agenda de los medios brasileños de las últimas jornadas está dominada por cinco acontecimientos de naturaleza diferente, pero vinculados por una misma cuestión estratégica: quién tendrá capacidad para condicionar las decisiones soberanas de Brasil.

Presiones comerciales, cuestionamientos electorales, redefiniciones de seguridad, intervención de mandatarios extranjeros en la campaña brasileña y ofrecimientos chinos de cooperación estratégica se acumulan sobre un país que se aproxima a una elección presidencial decisiva.

Lo que está en discusión no es solamente quién gobernará Brasil. Está en disputa su orientación internacional, el grado de autonomía de su política exterior, el control de sus recursos estratégicos y la posición que ocupará en la competencia entre Estados Unidos y China.

1. La coerción comercial estadounidense

El primer frente es económico.

El gobierno de Donald Trump impuso una tarifa adicional del 25 % sobre una parte considerable de las exportaciones brasileñas. Posteriormente agregó otra sobretasa del 12,5 %, fundamentada en supuestas deficiencias brasileñas para impedir el ingreso de productos elaborados mediante trabajo forzado.12

Aunque las excepciones disminuyen el impacto agregado, algunas exportaciones pueden quedar sometidas a cargas acumuladas de hasta el 37,5 %. Los sectores afectados comprenden manufacturas, calzado, vestimenta, productos químicos, bienes industriales y otros segmentos sensibles para la capacidad productiva brasileña.34

El conflicto supera ampliamente una disputa arancelaria. Durante las negociaciones, Washington habría solicitado que Brasil eliminara unilateralmente tarifas sobre determinados bienes industriales, químicos, automotores y aeroespaciales estadounidenses. Brasil consideró que algunas de esas concesiones eran jurídicamente incompatibles con su política comercial y estratégicamente inaceptables.

El gobierno brasileño anunció que recurrirá a la Organización Mundial del Comercio y que evalúa aplicar la Ley de Reciprocidad Económica. Entre las respuestas estudiadas aparecen medidas sobre propiedad intelectual, regalías audiovisuales, patentes farmacéuticas y sectores particularmente sensibles para las empresas estadounidenses.5

Desde una perspectiva geopolítica, Estados Unidos está utilizando su mercado como instrumento de presión. El objetivo ya no parece limitarse a corregir un desequilibrio comercial: se pretende obtener modificaciones en áreas regulatorias, digitales e industriales que pertenecen al núcleo decisorio del Estado brasileño.

El caso del sistema de pagos Pix es especialmente significativo. Su inclusión entre las prácticas cuestionadas por Washington demuestra que las infraestructuras financieras nacionales se han convertido en objetos de competencia estratégica. Una plataforma pública eficiente puede reducir la intermediación de empresas privadas extranjeras y, por esa razón, adquirir una dimensión geopolítica.

La cuestión central para Brasil es determinar si preservará sus instrumentos nacionales de desarrollo o si aceptará condicionar su política económica a cambio de acceso preferencial al mercado estadounidense.

2. La soberanía electoral como nuevo campo de disputa

El segundo frente se desarrolla dentro del sistema político brasileño.

Brasil negó visas a dos funcionarios del Departamento de Estado estadounidense que pretendían viajar al país y mantener contactos vinculados con el proceso electoral. El Tribunal Superior Electoral confirmó que la embajada estadounidense había solicitado una reunión, aunque no había comunicado formalmente el contenido de la agenda. Washington negó que la misión tuviera como propósito interferir en las elecciones.6

Según funcionarios brasileños citados por los medios locales, la delegación buscaba discutir cuestiones relacionadas con integridad electoral, libertad de expresión y funcionamiento de las urnas electrónicas. Para Brasilia, el intento podía reforzar una campaña destinada a instalar dudas sobre la legitimidad del sistema de votación antes de los comicios presidenciales.7

La gravedad del episodio no depende de probar anticipadamente una operación electoral extranjera. El problema reside en que funcionarios de una potencia externa pretendían intervenir en una controversia que forma parte de la disputa política interna brasileña.

Las misiones de observación electoral son legítimas cuando actúan dentro de acuerdos institucionales, reglas previamente establecidas y mecanismos multilaterales. Son más problemáticas cuando una potencia selecciona interlocutores, formula cuestionamientos unilaterales o se aproxima a una de las fuerzas participantes.

Brasil ya invitó a organizaciones como la OEA, la Unión Europea, el Parlasur, el Centro Carter y redes internacionales de organismos electorales. El contraste entre una observación multilateral regulada y una misión política bilateral constituye el punto central de la controversia.

La soberanía electoral se ha convertido así en una dimensión específica de la soberanía nacional. En el siglo XXI, la intervención extranjera no necesita asumir la forma clásica de un golpe de Estado. Puede operar mediante cuestionamientos reputacionales, sanciones selectivas, plataformas digitales, campañas de deslegitimación y reconocimiento anticipado o condicionado de resultados.

3. Del crimen organizado al «terrorismo»: el riesgo de una jurisdicción expansiva

El tercer frente afecta directamente el control brasileño sobre su territorio.

Estados Unidos clasificó al Primeiro Comando da Capital y al Comando Vermelho como organizaciones terroristas extranjeras. El gobierno brasileño rechazó la equiparación entre crimen organizado y terrorismo, argumentando que ambos fenómenos poseen motivaciones, estructuras y tratamientos jurídicos diferentes.8

El canciller Mauro Vieira advirtió que la clasificación estadounidense podría generar consecuencias financieras, migratorias y penales para ciudadanos y empresas brasileñas. También sostuvo que, bajo la doctrina estadounidense aplicada contra organizaciones terroristas, podría abrirse incluso la posibilidad de utilizar fuerza militar en territorio brasileño.9

No se trata de minimizar la amenaza del narcotráfico. Las organizaciones criminales brasileñas controlan territorios, redes financieras, rutas internacionales, puertos y conexiones fronterizas. Constituyen una amenaza efectiva para la autoridad estatal.

Pero la clasificación del problema no es neutral.

Cuando una potencia extranjera denomina «terrorista» a una organización que opera dentro de otro Estado, amplía su capacidad para aplicar sanciones, perseguir activos, imponer obligaciones a instituciones financieras y justificar acciones extraterritoriales. La cooperación policial puede transformarse, gradualmente, en una pretensión de jurisdicción externa.

El gobierno brasileño sostiene que el combate al crimen organizado debe profundizarse mediante intercambio de inteligencia, persecución del lavado de dinero, recuperación de activos, control de armas y operaciones policiales coordinadas. Lo que rechaza es que Washington determine unilateralmente la naturaleza jurídica del problema y las consecuencias aplicables dentro de Brasil.

Este debate es crucial para toda América del Sur. Si la doctrina del «narcoterrorismo» se normaliza, Estados Unidos podría ampliar considerablemente su margen de intervención regional, especialmente en países con organizaciones criminales transnacionales, recursos estratégicos o instituciones debilitadas.

4. La crisis con la Argentina y la penetración de la disputa brasileña en el Mercosur

El cuarto frente es particularmente relevante para la Argentina.

El presidente Javier Milei participó en Brasil de la convención que oficializó la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro. Durante ese acto atacó al presidente Luiz Inácio Lula da Silva y al ministro del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes.

El gobierno brasileño respondió convocando a consultas a su embajador en Buenos Aires y citando al representante argentino en Brasilia. La diplomacia brasileña manifestó que las declaraciones de Milei habían superado los límites tolerables de la confrontación política entre gobiernos.10

La convocatoria de un embajador no equivale a la ruptura de relaciones, pero constituye uno de los gestos más severos disponibles antes de reducir formalmente el vínculo diplomático.

La cuestión de fondo no son los insultos. Es la participación del presidente argentino en la competencia electoral brasileña.

Cuando un jefe de Estado se traslada al territorio de otro país para apoyar a un candidato opositor, atacar al presidente en ejercicio y cuestionar a integrantes de su Poder Judicial, deja de actuar exclusivamente como dirigente ideológico. Sus declaraciones adquieren el peso institucional del Estado que representa.

La crisis compromete el núcleo del sistema sudamericano. Brasil y Argentina registraron durante 2025 un intercambio comercial cercano a los US$32.000 millones. Además, las cadenas automotrices, energéticas, industriales, nucleares, militares y agroalimentarias de ambos países presentan distintos grados de interdependencia.11

La consecuencia más grave sería que Brasil dejara de considerar a la Argentina como un socio estratégico estable y comenzara a percibirla como una plataforma de penetración de intereses externos o de confrontación ideológica contra el Estado brasileño.

Para la Argentina, esa percepción sería enormemente perjudicial. Brasil posee mayor escala territorial, demográfica, industrial y diplomática. Puede diversificar parcialmente sus alianzas y mercados. La Argentina, en cambio, no puede sustituir fácilmente el vínculo brasileño sin pagar costos económicos y estratégicos considerablemente mayores.

5. China ofrece respaldo, pero también profundiza la competencia por Brasil

El quinto frente es la respuesta china.

En una conversación de más de una hora, Lula y Xi Jinping acordaron acelerar las tratativas para un eventual acuerdo entre China y el Mercosur. También discutieron cooperación en inteligencia artificial, satélites, energía, fertilizantes, minerales críticos y procesamiento industrial de recursos.12

Xi manifestó que China respaldaba a Brasil en la defensa de su soberanía e independencia frente a la «interferencia externa». La declaración se produjo en medio de las presiones estadounidenses y de la crisis causada por la participación de Milei en la campaña brasileña.

Pekín procura presentarse como un socio respetuoso de la autonomía brasileña. Pero su interés no es desinteresado.

Brasil posee alimentos, hidrocarburos, minerales críticos, capacidad industrial, infraestructura espacial, peso diplomático y una ubicación estratégica sobre el Atlántico Sur. Es, además, el único Estado latinoamericano que reúne simultáneamente escala continental, base industrial relevante, autonomía tecnológica parcial y capacidad para conducir coaliciones del Sur Global.

Para China, consolidar el vínculo con Brasil significa asegurar recursos, mercados, influencia en los BRICS y presencia en la principal potencia sudamericana. Para Estados Unidos, impedir una integración estratégica profunda entre Brasil y China constituye una cuestión hemisférica prioritaria.

Brasil deja de ser periferia pasiva

Las cinco noticias examinadas muestran que Brasil ya no puede comportarse como una periferia pasiva.

Su mercado, sus minerales, sus elecciones, sus sistemas digitales, sus redes financieras, su industria y su posición territorial se han incorporado a la competencia entre grandes potencias. La presión estadounidense y la oferta china son expresiones diferentes de un mismo reconocimiento: Brasil posee una escala que altera equilibrio hemisférico. La principal dificultad brasileña será transformar esa importancia potencial en poder efectivo.

Para conseguirlo necesitará preservar paz social, cohesión territorial, fortalecer la defensa, controlar sus infraestructuras críticas, desarrollar tecnología propia, garantizar la legitimidad del sistema electoral y evitar que la polarización interna permita a actores extranjeros intervenir en la orientación estratégica del país.

La advertencia para la Argentina

La Argentina debe observar el proceso sin anteojeras ideológicas.

Un Brasil debilitado, subordinado o enfrentado internamente no beneficia necesariamente a nuestro país. Puede convertir América del Sur en un espacio más permeable a intervenciones extrarregionales y reducir la capacidad conjunta para negociar sobre comercio, energía, defensa, alimentos, infraestructura y Atlántico Sur.

Pero un Brasil fortalecido sin una estrategia argentina equivalente también puede ampliar la asimetría bilateral y consolidar una división regional del trabajo desfavorable para nuestra industrialización.

El interés argentino exige una política orientada a preservar el vínculo estructural con Brasil, evitar cualquier injerencia en sus procesos internos y reconstruir capacidades nacionales que permitan negociar desde una posición de mayor equilibrio.

La competencia entre Estados Unidos y China ya está reorganizando América del Sur. Brasil es su pieza principal. La Argentina debe decidir si participará en ese reordenamiento como Estado con estrategia propia o como territorio disputado.

Notas

  1. «Trump avanzó con un nuevo arancel del 25% a Brasil y dejó una lista con pocas excepciones», iProfesional, julio de 2026, iprofesional.com . La medida rige desde el 22 de julio de 2026 y deriva de una investigación sobre comercio digital, servicios de pago electrónico, aranceles preferenciales, propiedad intelectual, acceso del etanol, normas anticorrupción y deforestación ilegal. El sistema de pagos Pix figura entre las prácticas cuestionadas.
  2. «Luego de que Trump impuso un arancel adicional de 12,5% a productos brasileños por supuestas fallas contra el trabajo forzado, Lula activará la Ley de Reciprocidad y llevará la disputa ante la OMC», El Imparcial, 24 de julio de 2026, elimparcial.com . La sobretasa rige desde el 24 de julio de 2026.
  3. «La industria brasileña calcula que casi la mitad de sus exportaciones a EE.UU. tendrá sobretasas», MercoPress, 25 de julio de 2026, es.mercopress.com . El 16,5% de las exportaciones brasileñas soporta ambas medidas de manera simultánea, con una carga acumulada del 37,5%, principalmente en maquinaria, madera, grasas y aceites, calzado, muebles y confecciones.
  4. «Los aranceles de Trump afectarán al 23,1% de las exportaciones de Brasil a EEUU», América Económica, julio de 2026, americaeconomica.com . Consigna la exclusión de unos 2.100 productos, entre ellos carne, café, petróleo, piezas para aviones, jugo de naranja y tierras raras.
  5. «Brasil presentó un pedido de consultas contra EEUU ante la Organización Mundial del Comercio por los nuevos aranceles de Trump», Infobae, 28 de julio de 2026, infobae.com . La presentación se concretó el 27 de julio de 2026.
  6. «Brasil rechazó las visas solicitadas por funcionarios de EEUU que pretendían viajar para reunirse con autoridades electorales», Infobae, 25 de julio de 2026, infobae.com . Los funcionarios son Riley Barnes, subsecretario para Democracia, Derechos Humanos y Trabajo, y Samuel Samson, subsecretario adjunto de la misma área. Las elecciones brasileñas se realizan el 4 de octubre de 2026.
  7. «Brasil niega las visas a funcionarios de EE. UU. que buscaban cuestionar el sistema electoral», The New York Times, reproducido en Infobae, 26 de julio de 2026, infobae.com . Consigna que el pedido llegó tras la afirmación de Flávio Bolsonaro sobre el origen de las urnas electrónicas, desmentida por el Tribunal Superior Electoral.
  8. Marco Rubio, secretario de Estado, «Terrorist Designation of Comando Vermelho and Primeiro Comando da Capital», declaración de prensa, U.S. Mission Brazil, 29 de mayo de 2026, br.usembassy.gov . El texto designa a ambas organizaciones Specially Designated Global Terrorists y declara la intención de designarlas Foreign Terrorist Organizations con efecto desde el 5 de junio de 2026.
  9. «Vieira diz a Rubio que Brasil rejeita classificar PCC e CV como terroristas», Gazeta do Povo, 2026, gazetadopovo.com.br , y «Mauro Vieira critica rótulo de terrorismo para facções criminosas», Brasil 247, 2026, brasil247.com . Las fuentes consultadas registran la advertencia del canciller sobre las consecuencias para la soberanía; no consignan la referencia al uso de fuerza militar.
  10. «El gobierno de Brasil llamó a consulta a su embajador en la Argentina tras los dichos de Javier Milei sobre Lula», Infobae, 26 de julio de 2026, infobae.com . El embajador llamado a consultas es Julio Bitelli; la decisión fue adoptada por el canciller Mauro Vieira.
  11. Datos del INDEC reproducidos en «Comercio entre Argentina y Brasil en 2025: un máximo en 13 años», Agrositio, 2026, agrositio.com.ar , y en «Argentina cerró el 2025 con un saldo comercial positivo de USD 11.286 millones», Infobae, 20 de enero de 2026, infobae.com . La cifra precisa del intercambio bilateral de bienes en 2025 es de US$ 31.195 millones: US$ 12.771 millones de exportaciones argentinas y US$ 18.424 millones de importaciones, con un déficit de US$ 5.653 millones. Es el valor más alto desde 2013.
  12. «China supports Brazil in opposing «interference»: Xi to Lula», Hong Kong Free Press, 27 de julio de 2026, hongkongfp.com , y «Lula y Xi buscan acelerar encuentros para acuerdo entre China y Mercosur», Última Hora, 2026, ultimahora.com . La conversación se produjo la noche del 26 de julio en Brasil.
◆ CAPACIDADES DEL ESTADO · FORMACIÓN DE CUADROS · DOCTRINA

¿Quién debería conducir al Estado?

La democracia determina quién recibe el mandato de gobernar. Pero la elección, por sí sola, no garantiza la capacidad de conducir una nación. Frente a la improvisación partidaria y la tecnocracia sin arraigo, la Argentina necesita formar cuadros políticos y técnicos integrales: hombres y mujeres capaces de comprender el territorio, organizar las fuerzas productivas, administrar el poder público y sostener objetivos nacionales más allá de cada gobierno.

⚑ Por qué importa

Ningún objetivo de largo plazo —Atlántico Sur, integración ferroviaria, marina mercante, desarrollo nuclear, proyección antártica— sobrevive a la rotación de mandatos si el Estado no conserva cuerpos profesionales con memoria institucional. La capacidad de conducir es, ella misma, una capacidad estratégica.

La pregunta acerca de quién debe conducir al Estado parece tener una respuesta evidente: quienes sean elegidos por el pueblo conforme a la Constitución. Esa es la fuente irrenunciable de legitimidad política. Sin embargo, la respuesta democrática, aun siendo indispensable, no resuelve completamente el problema de la conducción.

Una nación no se gobierna únicamente mediante legitimidad de origen. También necesita capacidad de diagnóstico, conocimiento del territorio, experiencia administrativa, comprensión del sistema internacional, dominio de las herramientas económicas y aptitud para movilizar recursos materiales y humanos hacia objetivos concretos.

Una elección puede conferir autoridad. No puede, por sí misma, producir estadistas, planificadores, negociadores, administradores, científicos, diplomáticos ni estrategas.

La Argentina ha confundido con demasiada frecuencia el derecho a gobernar con la capacidad de hacerlo. De ese error surgieron dos respuestas igualmente insuficientes. Una fue la improvisación partidaria: la idea de que cualquier persona ungida por la competencia electoral puede ocupar cualquier función estatal, aunque desconozca su materia, su historia institucional o sus consecuencias estratégicas. La otra fue la reacción tecnocrática: la pretensión de que gobernar consiste en aplicar procedimientos supuestamente neutrales, delegando decisiones políticas en especialistas cuya formación puede ser rigurosa, pero cuyos objetivos no necesariamente coinciden con los intereses nacionales.

Entre el amateurismo político y la tecnocracia sin nación existe una tercera posibilidad: la formación sistemática de cuadros políticos y técnicos integrales al servicio del Estado.

La advertencia de Jauretche

En Ejército y política, publicado originalmente en 1958, Arturo Jauretche examinó la relación entre las Fuerzas Armadas, la política nacional y el destino histórico argentino. La estructura de la obra resulta reveladora: comienza con la cuestión de la reestructuración militar, recorre la confrontación entre «Patria Grande» y «Patria Chica» y culmina integrando economía, población, justicia, política exterior y visión regional.1

Por eso sería un error leer el libro como una reivindicación del gobierno militar. Su problema central no es determinar qué corporación debe reemplazar a la política, sino establecer qué concepción nacional debe orientar a las instituciones del Estado, incluidas las Fuerzas Armadas.

Para Jauretche, un ejército separado de la realidad nacional podía convertirse en instrumento de doctrinas importadas, intereses oligárquicos o alineamientos internacionales ajenos. El uniforme no garantizaba conciencia nacional, del mismo modo que el título universitario, la banca legislativa o el cargo ministerial tampoco la garantizan.

La institución militar sólo podía ser nacional cuando formaba parte de una política nacional. Su función no debía surgir de una ideología abstracta ni de la reproducción automática de hipótesis elaboradas por potencias extranjeras, sino de las necesidades concretas de la Argentina: su territorio, su población, su desarrollo económico, su inserción sudamericana y la defensa de su soberanía.

La oposición jauretcheana entre Patria Grande y Patria Chica expresa precisamente esa disputa. La primera remite a una concepción continental y soberana de la Argentina, consciente de que su independencia efectiva depende del equilibrio regional y de la construcción de capacidades propias. La segunda reduce la nación a una organización formal, vinculada al mercado mundial desde una posición subordinada y gobernada según categorías importadas. La obra ha sido caracterizada, justamente, como un análisis geopolítico de la tensión entre una política exterior limitada a la «Patria Chica» y una proyección latinoamericana de «Patria Grande».2

Esa distinción puede extenderse a toda la estructura estatal.

También existen una diplomacia de Patria Grande y otra de Patria Chica; una economía orientada a acumular poder nacional y otra limitada a facilitar negocios; una ciencia destinada a resolver problemas propios y otra subordinada a agendas externas; una administración que construye capacidades y otra que sólo procesa expedientes; una infraestructura que integra el territorio y otra que organiza corredores extractivos hacia mercados extranjeros.

La pregunta no es, entonces, si deben gobernar militares, civiles, políticos o técnicos. La verdadera pregunta es qué formación, qué visión del país y qué sistema de intereses orientarán a quienes conduzcan el Estado.

La geopolítica como ciencia auxiliar del Estado

Una parte importante de la tradición estratégica argentina no entendió la geopolítica como un comentario sobre guerras lejanas ni como una contemplación determinista de mapas. La concibió como una disciplina auxiliar de la conducción estatal: un conocimiento destinado a relacionar territorio, población, recursos, comunicaciones, economía, defensa y política exterior.

En ese enfoque, la geopolítica no sustituye a la política. Le proporciona una base material y espacial.

La política determina los objetivos. La geopolítica examina las condiciones territoriales, regionales e internacionales dentro de las cuales esos objetivos pueden alcanzarse. La estrategia ordena los medios. La administración ejecuta. La técnica resuelve problemas específicos. Ninguna de estas dimensiones es suficiente por separado.

Durante la década de 1970, sectores del pensamiento estratégico argentino continuaban definiendo la geopolítica como una «ciencia auxiliar», vinculada a la elección del camino que permite avanzar desde una situación presente hacia un objetivo futuro. Esa concepción colocaba en el centro el conocimiento de los funcionarios, la planificación y la capacidad estatal para integrar seguridad, infraestructura y desarrollo.3

Segundo Storni había expresado tempranamente una idea semejante desde el ámbito marítimo. No se limitó a reclamar buques de guerra: vinculó defensa, marina mercante, puertos, astilleros, pesca, comercio exterior, derecho marítimo y conciencia nacional. Su formulación era inequívoca: la política naval debía ser una acción de gobierno, sostenida por las clases dirigentes y arraigada en el conjunto de la nación.4

El valor de esa tradición reside en su integralidad. Un puerto no es solamente una obra de ingeniería. Es una decisión sobre flujos comerciales, poblamiento, industria, soberanía y conexión territorial. Un gasoducto no es sólo una inversión rentable: determina qué regiones se industrializan, quién controla la energía y qué dependencias futuras se crean. Una universidad no es simplemente un establecimiento educativo: forma o deja de formar las capacidades científicas, administrativas y culturales de las que dependerá el poder nacional.

El cuadro estatal debe aprender a percibir esas relaciones.

Más allá de la política ordinaria

La expresión «más allá de la política ordinaria» puede prestarse a una interpretación peligrosa. No debe significar colocarse por encima de la soberanía popular, desconocer los partidos, suspender el pluralismo o crear una casta de funcionarios incontrolables.

La conducción estratégica no está por encima de la democracia. Debe estar dentro de ella, pero más allá de su temporalidad inmediata.

La política ordinaria trabaja bajo la presión de la próxima elección, la encuesta semanal, la negociación parlamentaria, la disputa mediática y la necesidad de preservar coaliciones. Todo eso forma parte del régimen democrático y no puede ser eliminado. Sin embargo, un Estado que sólo responde a esa temporalidad pierde la capacidad de realizar obras y transformaciones cuyos resultados requieren diez, veinte o treinta años.

La defensa del Atlántico Sur, la ocupación efectiva de la Patagonia, la integración ferroviaria, la recuperación de la marina mercante, el desarrollo nuclear, la producción de semiconductores, el dominio del ciclo satelital, la administración del agua, la reorganización demográfica o la proyección antártica no pueden depender de la duración de un mandato.

La nación necesita distinguir entre:

  • las políticas propias de cada gobierno;
  • los acuerdos fundamentales del Estado;
  • y los objetivos permanentes derivados de la existencia misma del país.

Los gobiernos deben conservar el derecho a elegir medios, prioridades y orientaciones. Pero ciertos intereses —integridad territorial, continuidad demográfica, autonomía tecnológica, abastecimiento energético, defensa de recursos estratégicos, cohesión social y capacidad industrial— no pueden ser redescubiertos desde cero cada cuatro años.

Superar la política ordinaria significa construir una capa estratégica de continuidad estatal, no abolir la alternancia democrática.

Qué es un cuadro integral

Un cuadro integral no es simplemente un especialista con conciencia política ni un militante que realizó algunos cursos de administración pública.

Es una persona preparada para conducir sistemas complejos.

Debe poseer una especialización real, porque el Estado moderno no puede ser administrado mediante generalidades. Pero también necesita comprender cómo su área se relaciona con el conjunto nacional.

Un ingeniero especializado en energía debe conocer economía política, regulación, geografía productiva, relaciones internacionales y seguridad de infraestructuras críticas. Un diplomático debe comprender comercio exterior, tecnología, defensa, recursos naturales e historia regional. Un economista debe conocer la estructura física del territorio, la capacidad industrial, la logística y las restricciones geopolíticas. Un militar debe comprender la sociedad que defiende, la economía que sostiene su instrumento y la política exterior dentro de la cual opera. Un dirigente político debe saber interpretar informes técnicos, seleccionar especialistas y transformar un mandato popular en una secuencia ejecutable de decisiones.

La integralidad no consiste en que todos sepan todo. Consiste en que cada conductor sea capaz de comprender el sistema completo, reconocer los límites de su conocimiento y coordinar saberes distintos dentro de una dirección común.

Ese cuadro debería reunir cinco condiciones.

La primera es competencia técnica. El patriotismo no reemplaza el conocimiento. La voluntad nacional sin capacidad profesional produce voluntarismo, fracaso y descrédito.

La segunda es conciencia histórica. Quien desconoce la formación territorial, económica e institucional del país no puede distinguir entre una innovación y la repetición de una dependencia antigua.

La tercera es visión geopolítica. Debe poder evaluar cómo cada decisión modifica el control del territorio, la distribución de la población, la relación entre regiones, la autonomía económica y la posición internacional argentina.

La cuarta es experiencia estatal. La conducción no se aprende solamente en libros o seminarios. Requiere conocer presupuestos, procedimientos, negociación interjurisdiccional, ejecución de obras, administración de personal y evaluación de resultados.

La quinta es responsabilidad política. El técnico debe responder por las consecuencias de sus recomendaciones y el político por la viabilidad de sus decisiones. Ninguno puede refugiarse completamente en su especialidad.

Ni casta burocrática ni botín partidario

La formación de cuadros permanentes plantea un riesgo evidente: que el cuerpo estatal se cierre sobre sí mismo, desarrolle intereses corporativos y termine creyéndose propietario del Estado.

Para impedirlo, la profesionalización debe ir acompañada por controles democráticos, evaluación pública, incompatibilidades estrictas y responsabilidad por resultados.

Pero el riesgo contrario también existe y ha causado daños mayores: que cada cambio de gobierno desmonte equipos completos, expulse conocimientos acumulados y distribuya áreas estratégicas como recompensa partidaria.

Un Estado colonizado por sus propios ocupantes circunstanciales no puede formular políticas de largo plazo.

La solución requiere distinguir entre conducción política y capacidad permanente. Los ministros y secretarios deben ser elegidos por el gobierno legítimo. Deben poder modificar políticas, reorganizar prioridades y remover funcionarios de confianza. Pero debajo de esa capa política debe existir una administración profesional capaz de proporcionar información veraz, preservar memoria institucional, ejecutar decisiones legales y advertir sobre sus consecuencias.

No se trata de construir un «Estado profundo» que gobierne en secreto, sino un Estado con profundidad: conocimiento acumulado, archivos utilizables, planificación, cuerpos profesionales, laboratorios, escuelas de formación y sistemas de evaluación.

Una escuela argentina de conducción estatal

La Argentina necesita una institución superior dedicada a la formación de cuadros estratégicos civiles y militares. No una universidad convencional, ni una escuela partidaria, ni una ampliación administrativa de los institutos existentes.

Su misión sería formar conductores del Estado.

La experiencia de las escuelas de Estado Mayor demuestra que es posible preparar personas para analizar escenarios complejos, coordinar especialidades, administrar recursos y tomar decisiones bajo incertidumbre. La propia Escuela Superior de Guerra define entre sus funciones la formación integral de estados mayores y conductores estratégicos y tácticos capaces de decidir en ambientes complejos.5

Ese método debería trasladarse, con las adaptaciones democráticas y civiles necesarias, al conjunto de la administración nacional.

La formación tendría que incorporar:

  • historia territorial y económica argentina;
  • geopolítica nacional y sudamericana;
  • planeamiento estratégico;
  • economía política y desarrollo productivo;
  • administración y derecho público;
  • ciencia, tecnología e innovación;
  • infraestructura y logística;
  • energía, alimentos y recursos naturales;
  • defensa, inteligencia estratégica y ciberseguridad;
  • negociación internacional;
  • federalismo y conocimiento efectivo de las provincias;
  • análisis de datos y evaluación de políticas;
  • ética pública y control democrático.

El ingreso debería combinar antecedentes, concursos y criterios de representación federal. La formación tendría que incluir rotaciones por provincias, municipios, empresas públicas, organismos científicos, unidades militares, embajadas, pasos fronterizos, puertos y áreas productivas.

No puede conducirse la Argentina desde una oficina porteña y mediante estadísticas desprovistas de territorio.

Quienes recibieran esa formación deberían asumir compromisos de servicio público durante un período determinado. El Estado no puede financiar especialistas para que, inmediatamente después, sean absorbidos por empresas reguladas, consultoras extranjeras o entidades que se benefician de la información adquirida.

También debería existir un sistema de actualización permanente. La conducción estatal del siglo XXI exige comprender inteligencia artificial, guerra cognitiva, minerales críticos, cadenas globales de suministro, biotecnología, sistemas satelitales y finanzas digitales. Pero esos conocimientos deben incorporarse dentro de una doctrina argentina, no como una sucesión de modas importadas.

¿Quién debe gobernar, entonces?

Debe gobernar quien obtenga el mandato popular. Pero no debería hacerlo solo, improvisadamente ni rodeado únicamente por personas seleccionadas según confianza personal o lealtad partidaria.

El político elegido tiene la responsabilidad de fijar objetivos y asumir las consecuencias. El cuadro estatal debe traducir esos objetivos en planes, advertir restricciones, organizar medios y garantizar ejecución. El especialista aporta conocimiento. El administrador conserva continuidad. Las Fuerzas Armadas proporcionan capacidades específicas dentro de la conducción civil de la defensa. Las universidades y el sistema científico producen conocimiento crítico. Las organizaciones productivas y sociales expresan realidades que el aparato burocrático no siempre percibe.

Conducir el Estado significa articular esas capacidades bajo una dirección política legítima.

La respuesta no es entregar el gobierno a una corporación militar, económica, judicial, universitaria o tecnocrática. Tampoco consiste en aceptar que la voluntad electoral vuelva competente cualquier decisión.

La soberanía popular determina el rumbo; los cuadros integrales hacen posible recorrerlo.

Recuperar la idea de Estado

El aporte más profundo de Jauretche no reside en proponer que el Ejército sustituya a la política. Consiste en advertir que ninguna institución puede cumplir una función nacional cuando el Estado carece de una política nacional.

La misma advertencia alcanza hoy a ministros, legisladores, jueces, diplomáticos, economistas, científicos y funcionarios. Un título no asegura conciencia estatal. Una victoria electoral tampoco. La pertenencia partidaria puede organizar voluntades, pero no reemplaza la formación. Y la técnica, separada de los fines nacionales, puede convertirse en un mecanismo extremadamente eficiente de subordinación.

La Argentina no necesita una élite situada por encima del pueblo. Necesita una dirigencia nacida de la sociedad, seleccionada por mérito, formada por el Estado, controlada democráticamente y educada para pensar en términos de generaciones.

La política ordinaria seguirá existiendo porque el conflicto, la representación y la alternancia son componentes inevitables de la democracia. Pero por debajo de esas disputas debe subsistir una estructura capaz de recordar qué país administra, qué territorio debe integrar, qué población debe proteger, qué capacidades debe acumular y qué intereses no puede entregar.

La conducción del Estado no debería corresponder a aficionados con votos ni a expertos sin patria.

Debería ser ejercida por representantes legítimos asistidos por cuadros políticos y técnicos integrales, unidos por una doctrina elemental: el conocimiento, la administración y el poder sólo adquieren sentido cuando están organizados al servicio de la nación.

Notas

  1. Arturo Jauretche, Ejército y política. La patria grande y la patria chica (Buenos Aires: Qué, 1958), publicado como suplemento mensual de la revista Qué, n.º 6-7. Ficha del Centro de Documentación e Investigación acerca del Peronismo, Universidad Nacional de San Martín, cedinpe.unsam.edu.ar . No se consultó el ejemplar: no se consigna página.
  2. La misma ficha del CEDINPE describe la estructura de la obra: nota explicativa al lector, capítulo preliminar sobre la reestructuración de las Fuerzas Armadas, una primera parte titulada «La Patria Grande y la Patria Chica» —desde la independencia hasta el triunfo de la Patria Chica y la guerra del Paraguay— y una segunda sobre la política nacional en el mundo, con un apéndice de términos.
  3. Jorge E. Atencio, ¿Qué es la geopolítica? (Buenos Aires: Pleamar, 1965), obra que fija la concepción de la geopolítica como ciencia auxiliar de la conducción del Estado, y no como determinismo ni doctrina de conquista. La revista Estrategia, órgano del Instituto Argentino de Estudios Estratégicos y de las Relaciones Internacionales fundado por Juan Enrique Guglialmelli, aparece por primera vez en mayo-junio de 1969 y sostiene esa línea durante la década siguiente. No se consultaron los ejemplares: no se consignan páginas.
  4. Segundo R. Storni expuso en junio de 1916, en el salón de actos del diario La Prensa, las dos conferencias que dieron origen a Intereses argentinos en el mar: una sobre la razón de ser de los intereses marítimos argentinos y los factores que facilitan u obstaculizan el desarrollo del poder naval, y otra sobre política naval argentina y defensa nacional por el lado del mar. Existe edición de la Universidad de la Defensa Nacional, undef.edu.ar . Por la ley 25.860, de 2003, el 16 de julio —fecha de su nacimiento— es el Día de los Intereses Argentinos en el Mar; véase argentina.gob.ar . No se consultó el ejemplar: no se consigna página.
  5. Escuela Superior de Guerra Conjunta de las Fuerzas Armadas, argentina.gob.ar . Su misión declarada es capacitar en el ejercicio del comando en el nivel estratégico operacional y en el desempeño de funciones de estado mayor en los niveles estratégico operacional, estratégico militar y estratégico nacional, en el marco de la acción conjunta y conjunta-combinada, y perfeccionar a profesionales interesados en la defensa nacional mediante posgrados, investigación y extensión.
◆ ESTRATEGIA NACIONAL · CIENCIA, TECNOLOGÍA Y SOBERANÍA

Sin ciencia no hay autonomía. El costo geopolítico del desfinanciamiento

La caída del presupuesto científico y de los salarios del CONICET no constituye solamente una crisis sectorial. Debilita las capacidades con las que la Argentina observa su territorio, administra recursos, desarrolla tecnología y negocia con potencias y corporaciones desde una posición propia.

⚑ Por qué importa

La ciencia es infraestructura de poder. Sostiene la observación del Atlántico Sur, la presencia antártica, las capacidades nuclear y espacial, y la posibilidad de industrializar el litio. Perder esos equipos lleva años; reconstruirlos, décadas.

La discusión pública sobre el sistema científico argentino suele quedar reducida a los salarios de los investigadores, la cantidad de becas disponibles o la productividad académica.

Esas dimensiones son relevantes, pero no alcanzan para comprender la magnitud estratégica del problema.

Para un Estado periférico, la ciencia constituye una infraestructura de poder. Permite conocer el territorio, evaluar recursos naturales, anticipar amenazas, desarrollar tecnologías críticas y verificar de manera independiente la información proporcionada por gobiernos extranjeros, corporaciones o proveedores privados.

Un país que pierde esas capacidades se vuelve menos capaz de ejercer su soberanía.

La magnitud del deterioro

Entre 2023 y 2026, el presupuesto de la función Ciencia y Técnica cayó un 50,2% en términos reales, según una estimación de Chequeado que utiliza el crédito vigente de 2026 y las proyecciones de inflación del Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central.1

El propio Gobierno nacional presentó ante el Congreso una estimación algo menor, pero igualmente profunda que redunda en una reducción real del 43% y una caída de la participación de Ciencia y Técnica dentro del presupuesto nacional del 1,52% en 2023 al 1,02% en 2026.2

La diferencia entre ambas mediciones responde a criterios de ejecución, actualización y proyección. No modifica la conclusión sustantiva de que, incluso tomando la cifra oficial, el sistema científico sufrió una contracción extraordinaria.

El Grupo Economía Política de la Ciencia estimó, sobre la base de la ejecución del primer semestre de 2026, que la función Ciencia y Técnica se encontraba un 46,5% por debajo del nivel ejecutado en 2023. También proyectó que su participación sobre el producto podía ubicarse alrededor del 0,151%, el nivel más bajo de la serie que la organización reconstruye desde 1972.3

En el CONICET, los salarios de investigadores y personal de apoyo, así como los estipendios de los becarios, habían perdido en junio de 2026 un 40,5% de su valor real respecto de noviembre de 2023. La pérdida interanual alcanzaba el 8,4%, pese a una leve recuperación mensual durante junio.4

El dato salarial no representa solamente un problema de ingresos. En instituciones basadas en conocimiento especializado, la pérdida de poder adquisitivo funciona como un mecanismo de descapitalización al incentivar la emigración, el abandono de carreras, la búsqueda de empleos externos y la disolución de equipos.

El conocimiento no puede recomprarse

La relación entre presupuesto y capacidad científica no es lineal.

Un laboratorio puede continuar funcionando durante cierto tiempo mediante el consumo de insumos acumulados, la postergación de mantenimiento, la extensión informal de jornadas laborales o el esfuerzo personal de sus integrantes.

Esa resistencia puede generar la ilusión de que el recorte no produce consecuencias inmediatas. Pero cuando se cruza un determinado umbral, la salida de especialistas, la discontinuidad de experimentos, la pérdida de equipamiento o la interrupción de convocatorias producen daños que no pueden repararse mediante una simple recomposición presupuestaria posterior.

El conocimiento estratégico es parcialmente tácito. No se encuentra solamente en documentos o bases de datos reside en equipos humanos, procedimientos, vínculos institucionales y experiencias acumuladas.

Formar un especialista en tecnología nuclear, sensores satelitales, oceanografía antártica, epidemiología o biotecnología demanda años. Desarticular su equipo puede requerir apenas horas.

El efecto geopolítico consiste en una pérdida de opcionalidad ya que disminuye la cantidad de decisiones que la Argentina puede tomar sin tecnología, datos, financiamiento o autorización externa.

Los intereses existenciales argentinos

La cuestión puede evaluarse a partir de cuatro necesidades básicas del Estado argentino.

  1. Preservar la integridad territorial y sostener una presencia efectiva en los espacios continentales, marítimos, insulares y antárticos.
  2. Garantizar la seguridad alimentaria, sanitaria, energética, hídrica y ambiental de la población.
  3. Conservar capacidades industriales y tecnológicas que reduzcan dependencias críticas.
  4. Mantener un margen autónomo de decisión frente a potencias, empresas y el cúmulo de intereses extranjeros.

Desde esta perspectiva, el principal riesgo del desfinanciamiento no es que la Argentina publique menos artículos académicos. Es que pierda la capacidad de conocer, decidir y actuar por sus propios medios.

Atlántico Sur. Sin conocimiento no hay control efectivo

La soberanía marítima requiere mucho más que títulos jurídicos o declaraciones diplomáticas.

Supone producir cartografía, información pesquera, conocimiento oceanográfico, pronósticos climáticos y sistemas permanentes de observación. También exige evaluar la biodiversidad, los fondos marinos y la evolución de los ecosistemas sometidos a explotación económica.

La iniciativa Pampa Azul fue creada para articular investigación científica, desarrollo tecnológico e innovación en los espacios marítimos argentinos y proporcionar bases de conocimiento para las políticas oceánicas nacionales. Entre sus objetivos se encuentran el fortalecimiento de la soberanía, la conservación de la biodiversidad, la gestión del riesgo ambiental y el uso sostenible de los recursos marinos.5

La reducción de campañas, becas o sistemas de observación debilita la capacidad material y epistemológica para ejercer los derechos argentinos sobre el mar.

Un Estado que desconoce con precisión lo que ocurre en sus espacios marítimos depende de los datos producidos por quienes los exploran, explotan y vigilan.

Antártida. La ciencia como fundamento de presencia

En la Antártida, la conexión entre conocimiento y posición geopolítica es todavía más directa.

La legislación argentina establece que la acción científica y técnica constituye el «centro de gravedad» de la actividad nacional antártica. También dispone que la logística debe orientarse a crear las condiciones necesarias para sostener esa actividad científica.6

Dentro del Sistema del Tratado Antártico, la influencia efectiva de un Estado depende, en buena medida, de su capacidad para realizar investigaciones, sostener instalaciones, producir información y participar de la cooperación científica internacional.

Una reducción prolongada de la densidad científica argentina afecta la viabilidad del reclamo soberano y disminuye el peso relativo del país frente a Estados que amplían sus bases, campañas y capacidades polares.

La Antártida demuestra por qué la ciencia no debe ser entendida solamente como una política educativa. Es una forma de presencia territorial.

Tecnología nuclear y espacial

Las capacidades nucleares y espaciales concentran conocimientos de uso civil, industrial y estratégico. Su relevancia no reside solamente en los productos finales, sino en las redes de ingenieros, técnicos, universidades, organismos y proveedores que permiten desarrollarlos.

El Reactor Argentino Multipropósito RA-10 fue diseñado para asegurar el abastecimiento de radioisótopos médicos, prestar servicios de investigación y realizar ensayos de materiales y combustibles. Más del 80% del proyecto corresponde a tecnología y servicios desarrollados por empresas e instituciones locales.7

La importancia del RA-10 no se limita al reactor. Comprende la capacidad de diseñar, construir, operar y mantener una tecnología sometida internacionalmente a controles, restricciones y elevados costos de entrada.

En el área espacial, los satélites SAOCOM permiten medir humedad del suelo, seguir inundaciones, detectar derrames de hidrocarburos y producir información para la actividad agropecuaria y la gestión de emergencias. Fueron desarrollados con participación de organismos y empresas del sistema científico-tecnológico nacional.8

Cuando un país domina esas tecnologías, no depende completamente de imágenes, sensores o diagnósticos proporcionados por terceros. Puede generar información propia y establecer prioridades de observación según sus necesidades.

El deterioro de esas capacidades aumenta la dependencia justamente en sectores donde la provisión internacional puede quedar condicionada por disputas políticas o restricciones comerciales.

Recursos naturales sin tecnología propia

La posesión de alimentos, hidrocarburos, litio, minerales o recursos pesqueros no garantiza poder.

Sin ciencia e industria propias, esos recursos pueden consolidar una inserción subordinada en la que se exporta materias primas e importa la tecnología necesaria para localizarlas, extraerlas, procesarlas, transportarlas y utilizarlas.

La diferencia entre una ventaja geológica y una ventaja estratégica reside en el conocimiento acumulado alrededor del recurso.

Un país puede poseer litio y, al mismo tiempo, depender del exterior para producir materiales activos, celdas, sistemas de almacenamiento, electrónica y maquinaria. Puede contar con hidrocarburos, pero carecer de tecnología propia para perforación, procesamiento o transporte. Puede disponer de uno de los mayores espacios marítimos del mundo y depender de terceros para conocer su biodiversidad y productividad.

El desfinanciamiento científico fortalece la posición negociadora de las empresas y Estados que controlan patentes, equipos, datos y mercados.9

Seguridad sanitaria, alimentaria y ambiental

La ciencia también sostiene funciones que suelen quedar fuera de la geopolítica tradicional. Detecta epidemias, desarrolla vacunas y medicamentos, adapta cultivos, anticipa el clima, gestiona el agua y permite responder ante eventos extremos. Estas capacidades determinan la resiliencia nacional.

Durante una crisis internacional, los Estados y las empresas proveedoras priorizan sus propias necesidades. Las cadenas logísticas pueden interrumpirse, los precios pueden aumentar y las exportaciones de productos críticos pueden restringirse.

Un país excesivamente dependiente queda expuesto no solo a decisiones hostiles, sino también a la incapacidad material de sus proveedores para asistirlo.

La autonomía científica significa conservar capacidades suficientes para evitar dependencias absolutas.

Preservación selectiva y debilitamiento sistémico

El Presupuesto 2026 mantuvo exenciones para la importación de bienes e insumos destinados a INVAP, VENG y Dioxitek. Al mismo tiempo, derogó los artículos de la Ley 27.614 que establecían una trayectoria progresiva de inversión pública en ciencia y tecnología.10

Esto sugiere una estrategia de preservación selectiva de algunos proyectos, combinada con una contracción general del ecosistema.

El problema es que las tecnologías complejas no funcionan como enclaves aislados. Dependen de universidades, investigadores básicos, técnicos, talleres, proveedores y programas de formación.

Puede protegerse temporalmente un reactor, un satélite o una empresa tecnológica. Pero si se debilita la infraestructura humana e institucional que permite reproducir esas capacidades, la preservación del producto final no garantiza continuidad estratégica.

La eficiencia no exige desmantelamiento

Es legítimo exigir prioridades, evaluación de resultados, controles y eficiencia en el gasto científico.

El presupuesto por sí mismo no genera innovación, desarrollo productivo ni soberanía tecnológica. También se necesitan conducción política, coordinación institucional y objetivos verificables.

Pero la evaluación requiere capacidades previas. Cuando la reducción alcanza simultáneamente salarios, becas, proyectos, insumos, mantenimiento y organismos, deja de ser una corrección administrativa y comienza a comprometer la continuidad del sistema.

La pregunta estratégica no es cuánto debe gastar el Estado sin límite. Es qué capacidades no puede permitirse perder.

Conservar la capacidad de decidir

La contracción del sistema científico constituye un riesgo geopolítico alto, acumulativo y potencialmente irreversible.

No produce automáticamente una pérdida territorial, una crisis sanitaria o una interrupción energética. Debilita las capacidades necesarias para prevenir esos escenarios, comprenderlos y responder cuando ocurren.

Una política de protección de los intereses argentinos debería asegurar continuidad plurianual para las áreas nucleares, espaciales, marítimas, antárticas, sanitarias, agroalimentarias y energéticas; estabilizar los recursos humanos críticos; restablecer mecanismos competitivos de financiamiento; y someter los resultados a evaluaciones públicas rigurosas.

El equilibrio fiscal puede ser una condición de estabilidad estatal. Pero no todas las erogaciones representan el mismo tipo de gasto.

Cuando el ahorro se obtiene mediante la pérdida de capacidades cuya reconstrucción demandaría décadas, el dudoso beneficio inmediato se transforma en una certera dependencia futura.

Notas

  1. «Ciencia y Técnica: desde 2023 el presupuesto cayó un 50% y los salarios del CONICET un 40,5%», Chequeado, chequeado.com (consultado el 31 de julio de 2026). El cálculo toma el crédito vigente para 2026 y la proyección del Relevamiento de Expectativas de Mercado del BCRA.
  2. Informe del Poder Ejecutivo nacional ante el Congreso, citado en Chequeado, «Ciencia y Técnica…». Cifra oficial: caída real del 43% y descenso de la participación presupuestaria del 1,52% al 1,02%.
  3. Grupo Economía Política de la Ciencia, «Análisis presupuestario del SNCTI — junio de 2026», grupo-epc.com (consultado el 31 de julio de 2026).
  4. Grupo Economía Política de la Ciencia, «Informe de evolución de sueldos CyT — junio de 2026», grupo-epc.com (consultado el 31 de julio de 2026).
  5. Iniciativa Pampa Azul, presentación oficial, argentina.gob.ar (consultado el 31 de julio de 2026).
  6. Argentina, Ley 18.513, régimen de la actividad antártica nacional, texto normativo (consultado el 31 de julio de 2026).
  7. Comisión Nacional de Energía Atómica, información institucional sobre el Reactor Argentino Multipropósito RA-10, argentina.gob.ar (consultado el 31 de julio de 2026).
  8. CONAE, información institucional sobre la misión SAOCOM, argentina.gob.ar (consultado el 31 de julio de 2026).
  9. Sobre la distancia entre ventaja geológica y ventaja tecnológica en el caso del litio: Bruno Fornillo, en Estudios Sociales del Estado / SciELO Argentina, scielo.org.ar (consultado el 31 de julio de 2026). Sobre la trayectoria nuclear argentina: Diego Hurtado, scielo.org.ar.
  10. Argentina, Ley 27.798 (Presupuesto 2026), que deroga los artículos 5, 6 y 7 de la Ley 27.614, texto normativo (consultado el 31 de julio de 2026).

Sobre el peso del Estado en el financiamiento de la I+D regional: RICYT, El Estado de la Ciencia 2024. Fuentes primarias para ampliar: ejecución presupuestaria de la Administración Pública Nacional (función Ciencia y Técnica) y memorias institucionales de CONICET, CNEA y CONAE.

◆ POLÍTICA EXTERIOR · ARGENTINA–BRASIL

Cuando la afinidad ideológica desplaza al interés nacional

La participación de Javier Milei en la campaña presidencial brasileña provocó una respuesta formal de Itamaraty. No existe todavía una ruptura ni una represalia económica, pero la Argentina ha debilitado innecesariamente su interlocución con el país que concentra algunos de sus intereses industriales, energéticos y regionales más importantes.

⚑ Por qué importa

Brasil fue en junio de 2026 el principal socio comercial argentino, con un intercambio mensual de USD 2.593 millones y cadenas industriales integradas. Sobre esa relación se apoyan la industria automotriz, la salida del gas de Vaca Muerta y el respaldo regional al reclamo por Malvinas.

El presidente argentino involucró la representación del Estado nacional en una disputa electoral extranjera y agravió públicamente, en territorio brasileño, al jefe de Estado y a integrantes del Poder Judicial del principal socio comercial de la Argentina.

El 25 de julio de 2026, Milei participó en San Pablo del lanzamiento de la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro. Durante el acto descalificó a Lula da Silva y al juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes. Al día siguiente, el canciller brasileño Mauro Vieira convocó al embajador argentino Daniel Raimondi para exigir explicaciones y dispuso el llamado a consultas del embajador de Brasil en Buenos Aires, Julio Bitelli. Itamaraty sostuvo que no existían precedentes de un presidente extranjero que, en territorio brasileño, concentrara agravios contra el jefe de Estado, las instituciones democráticas y el pueblo de Brasil.1

Una llamada a consultas no equivale a la ruptura de relaciones diplomáticas. Es una medida formal de protesta mediante la cual un gobierno ordena regresar temporalmente a su embajador para recibir información, evaluar la situación y comunicar su malestar. Puede ser seguida por una normalización del vínculo o convertirse en el primer escalón de una crisis mayor.

Si bien todo indica que el conflicto no escalara en sanciones económicas, restricciones comerciales ni suspensión de acuerdos bilaterales. El riesgo, por lo tanto, es la degradación del entorno político dentro del cual se administran intereses argentinos concretos.

El error argentino

Los gobiernos argentinos pueden tener afinidades ideológicas con determinadas fuerzas extranjeras. Los partidos políticos, además, poseen plena libertad para construir vínculos internacionales.

El problema aparece cuando un jefe de Estado utiliza su investidura para participar activamente en la campaña electoral de otro país. En ese momento, la afinidad partidaria deja de ser un asunto político privado y comienza a producir consecuencias interestatales.

Brasil es una estructura permanente de poder. El bolsonarismo es una de las fuerzas que compiten por conducirla.

Al intervenir en favor de Flávio Bolsonaro, Milei subordinó la relación bilateral al resultado de las elecciones brasileñas del 4 de octubre de 2026. Si el candidato respaldado por el presidente argentino resulta derrotado, la Argentina deberá gestionar sus intereses durante los años siguientes con las autoridades a las que su jefe de Estado intentó agravió públicamente.

Incluso si el bolsonarismo triunfara, permanecería un precedente problemático: la aceptación de que presidentes extranjeros participen de campañas nacionales y cuestionen desde el propio territorio a las instituciones del país anfitrión.

Ese precedente no beneficia a la Argentina desde ninguna perspectiva. El principio de no intervención protege especialmente a los Estados que tienen menor capacidad relativa para influir sobre sus vecinos. Normalizar su vulneración puede habilitar que actores externos intervengan en futuras elecciones, conflictos institucionales o debates internos argentinos.

Una política exterior autónoma consiste en evitar que reduzcan las opciones disponibles para defender intereses permanentes.

Brasil no es un socio reemplazable

Brasil fue en junio de 2026 el principal socio comercial de la Argentina. Según el INDEC, las exportaciones argentinas hacia ese mercado alcanzaron los USD 1.176 millones y las importaciones sumaron USD 1.417 millones. El intercambio bilateral mensual fue de USD 2.593 millones y dejó un déficit argentino de USD 241 millones.2

La importancia brasileña no se explica solamente por el volumen comercial. Una parte significativa del vínculo está compuesta por manufacturas, bienes intermedios y cadenas de producción integradas.

El caso más evidente es la industria automotriz. El intercambio sectorial se encuentra regulado por la Política Automotriz Común y por sucesivos protocolos del Acuerdo de Complementación Económica N.º 14. En enero de 2026, el Ministerio de Economía argentino todavía debía establecer procedimientos específicos para distribuir cuotas de exportación de vehículos hacia Brasil.3

Esto significa que la relación industrial no funciona únicamente mediante decisiones privadas. Requiere coordinación entre ministerios, aduanas, organismos técnicos, fabricantes y autoridades regulatorias.

Una crisis diplomática no necesita producir un embargo para generar costos. Puede disminuir la voluntad política de resolver con rapidez diferencias sobre cupos, certificaciones, homologaciones, reglas de origen o controles fronterizos.

Esos costos que formalmente no son represalias funcionan en los hechos como tales. Pueden aparecer como demoras administrativas, menor prioridad política o endurecimiento técnico de trámites que antes se resolvían mediante cooperación.

No existe evidencia de que Brasil vaya a adoptar una estrategia de esa naturaleza. Pero la función de un análisis de riesgo consiste precisamente en identificar los mecanismos mediante los cuales una crisis política podría trasladarse hacia áreas materiales.

Vaca Muerta también depende de Brasil

La integración energética representa otro punto de exposición.

Argentina y Brasil mantienen un grupo de trabajo bilateral para estudiar la infraestructura, la regulación y la viabilidad económica de las exportaciones de gas natural argentino hacia el mercado brasileño. En abril de 2026, el Ministerio de Minas y Energía de Brasil publicó un informe técnico con alternativas para desarrollar esa conexión.4

El memorando bilateral prevé evaluar distintas rutas y ampliar progresivamente la capacidad de transporte. Las estimaciones brasileñas contemplaron la posibilidad de pasar de dos millones de metros cúbicos diarios en el corto plazo a treinta millones hacia 2030, siempre que existan condiciones de infraestructura, precio y seguridad regulatoria.4

Para la Argentina, Brasil puede convertirse en una fuente de demanda estable para el gas de Vaca Muerta. Esa demanda ayudaría a justificar infraestructura, ampliar la escala de producción y generar exportaciones de largo plazo.

Pero Brasil dispone de alternativas de producción propia, gas natural licuado, energía hidroeléctrica y otros esquemas de integración regional. La Argentina debe competir para que su oferta sea considerada conveniente y prioritaria.

Deteriorar la relación presidencial reduce la capacidad argentina para impulsarlo, resolver obstáculos y obtener decisiones políticas favorables.

El costo invisible: perder capacidad de interlocución

El poder diplomático no se mide únicamente por la cantidad de embajadas o declaraciones conjuntas. Se expresa en la capacidad para acceder a una autoridad, obtener una respuesta, acelerar una negociación o impedir una decisión adversa.

Cuando se deteriora una relación presidencial, los canales encuentran menor respaldo político y menor capacidad para destrabar conflictos.

Brasil posee capacidad para influir sobre cuestiones centrales para la Argentina: el funcionamiento del Mercosur, las negociaciones comerciales externas, la integración energética, la industria automotriz, la infraestructura regional, la administración fronteriza y la cooperación nuclear.

En junio de 2026, los países del Mercosur continuaban negociando digitalización aduanera, intercambio de información y gestión coordinada de fronteras. Son áreas aparentemente técnicas que, sin embargo, requieren confianza y cooperación constante.

Una relación bilateral puede conservar todos sus tratados y, al mismo tiempo, perder eficacia política.

Ese es el riesgo principal de la crisis, no necesariamente una represalia espectacular, sino la acumulación de pequeños costos derivados de una menor disposición brasileña para considerar prioridades argentinas.

Malvinas y la construcción de apoyos

La dimensión regional tampoco puede ser ignorada.

El 30 de junio de 2026, menos de un mes antes del conflicto, los presidentes de los Estados del Mercosur y sus asociados reiteraron su respaldo a los derechos argentinos en la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas. Brasil participó de esa declaración.5

No hay evidencia de que el Gobierno brasileño pretenda modificar su posición histórica como consecuencia de los agravios de Milei. Sería incorrecto presentar ese escenario como una represalia probable o inmediata. Sin embargo, los respaldos internacionales no son recursos automáticos. Deben cultivarse, renovarse y traducirse en acciones diplomáticas concretas. Un país que necesita apoyo para sus reclamos territoriales no debería erosionar sin necesidad las relaciones con quienes sostienen su posición en los foros regionales.

Esa conducta debilita la autoridad argumentativa argentina, aunque no modifique la validez jurídica de sus reclamos.

Una política hacia Brasil, no hacia Lula o Bolsonaro

Brasil es un socio estructural; la competencia bilateral no elimina la necesidad de cooperación; los conflictos ideológicos deben mantenerse separados de las áreas estratégicas; el Estado argentino no debe intervenir en elecciones brasileñas; y los canales institucionales deben ser suficientemente sólidos para resistir las anomalías del sistema político argentino.

Esto no significa, de manera alguna, adoptar una posición subordinada frente a Brasilia. Argentina y Brasil poseen intereses convergentes, pero también disputan inversiones, mercados, infraestructura e influencia regional. Precisamente por eso se necesita una política exterior profesional orientada únicamente al interés nacional.

Brasil no es una interna partidaria ni una escala dentro de una batalla cultural transnacional. Es el Estado con el que la Argentina comparte la relación económica, industrial y estratégica más densa de América del Sur.

Confundir esas dos dimensiones puede satisfacer una afinidad ideológica inmediata poco clara. Para el interés nacional argentino, constituye una pérdida voluntaria de poder.

Notas

  1. Ministério das Relações Exteriores de Brasil (Itamaraty), nota de protesta y llamado a consultas del embajador en Buenos Aires, 26 de julio de 2026.
  2. INDEC, intercambio comercial argentino, datos de junio de 2026: exportaciones a Brasil por USD 1.176 millones, importaciones por USD 1.417 millones, saldo negativo de USD 241 millones.
  3. Política Automotriz Común y protocolos del Acuerdo de Complementación Económica n.º 14 (ALADI). Resolución del Ministerio de Economía de la Nación sobre distribución de cupos de exportación, enero de 2026.
  4. Ministério de Minas e Energia de Brasil, informe técnico sobre alternativas de integración gasífera con la Argentina, abril de 2026; memorando bilateral de entendimiento.
  5. Declaración de los presidentes de los Estados parte del Mercosur y Estados asociados sobre la Cuestión de las Islas Malvinas, 30 de junio de 2026.

Fuentes primarias para ampliar y verificar: comunicados de Itamaraty y de la Cancillería argentina; informe de intercambio comercial del INDEC; Boletín Oficial de la República Argentina; documentos del Ministério de Minas e Energia de Brasil; declaraciones presidenciales del Mercosur.

◆ SOBERANÍA TERRITORIAL · DATOS Y VIGILANCIA · INVERSIÓN EXTRANJERA

Tierra y datos: el expediente que Peter Thiel dejó abierto

El 5 de agosto el Gobierno retiró del Senado el capítulo que liberaba la compra de tierras por extranjeros. Seis meses antes había firmado con Estados Unidos una cláusula que permite sacar del país los datos personales de los argentinos sin garantías adicionales. Parecen dos expedientes distintos. Son el mismo.

⚑ Por qué importa

La tierra y los datos son las dos materias primas del mismo modelo de negocio. Leídos por separado —una reforma agraria por un lado, un tecnicismo comercial por el otro— parecen expedientes menores. Leídos juntos, describen la construcción de un enclave: territorio, energía y jurisdicción propios sobre suelo argentino.

Hay una operación argentina de Peter Thiel que nadie discutió en los cuatro meses en que se habló de Peter Thiel. No está en Barrio Parque ni en la Patagonia. Está a boca de pozo, en dos bloques de Vaca Muerta, y consiste en unos quince megavatios de contenedores con servidores que se alimentan del gas que de otro modo se quemaría en la antorcha.1

El vehículo es Crusoe Energy Systems, la empresa de Denver en la que Founders Fund —el fondo que Thiel conduce— invirtió desde la ronda semilla del 14 de marzo de 2019 y cuya Serie D de 600 millones de dólares lideró en diciembre de 2024 con una cita de respaldo que Thiel firmó personalmente.1, 2 En junio de 2023 Crusoe eligió a la Argentina para su primera expansión internacional: una alianza exclusiva con la local Unblock Computing, dirigida por Tomás Ocampo, para llevar la tecnología Digital Flare Mitigation a la cuenca neuquina. Unblock opera hoy en Loma Jarillosa Este, de Pluspetrol, y en Los Toldos II Este, de Tecpetrol. En julio de 2025 Pampa Energía y el Grupo Sielecki entraron como inversores locales.1, 3

El dato técnico es el que importa, y es el que explica todo lo demás: estos centros de datos no se conectan al sistema interconectado. Generan la electricidad, la consumen y la disipan en el mismo lugar. Esquivan el cuello de botella estructural de la transmisión eléctrica argentina y, con él, buena parte de la regulación y del escrutinio público que pesan sobre cualquier gran consumidor de energía.1 Es cómputo soberano de facto, sobre suelo argentino, sin depender del Estado argentino para funcionar. Y es escalable.

Con eso en mente conviene volver a leer los dos expedientes que el Congreso trató este año.

El expediente tierra

El 26 de marzo el Ejecutivo envió el proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, impulsado desde el Ministerio de Desregulación de Federico Sturzenegger. En su Capítulo III modificaba la Ley 26.737 de Tierras Rurales, la norma de 2011 que fija un tope del 15% de tierra rural en manos extranjeras a escala nacional, provincial y departamental, un subtope del 30% por nacionalidad y un máximo de mil hectáreas por titular en la zona núcleo.4 La primera versión liberalizaba directamente la compra y pasaba la facultad regulatoria a las provincias; la negociada se conformaba con elevar el tope al 25%.5

El 5 de agosto, tras el rechazo de legisladores aliados y con Patricia Bullrich a cargo de la negociación, el oficialismo retiró el capítulo completo para salvar la sesión. El 6 y el 7 el Senado aprobó el resto —también sin el capítulo de manejo del fuego, resignado en el recinto— por 37 votos contra 33, con represión en las inmediaciones del Congreso. La iniciativa pasó a Diputados.5, 6

Conviene no leer eso como una derrota definitiva. Lo que ocurrió el 5 de agosto es que el Gobierno midió cuántos votos le faltaban. Son pocos, y el proyecto sigue vivo en la otra cámara.

Falta un mes para que ese capítulo se cruce con la pieza que ya está aprobada. El 24 de junio Diputados sancionó el Súper RIGI: umbral de mil millones de dólares, treinta años de estabilidad regulatoria, 15% de Impuesto a las Ganancias, sin obligación de liquidar divisas de exportación, sin retenciones, sin aranceles de importación y con arbitraje internacional que sustrae los conflictos a los tribunales argentinos.7 Tierra sin tope más Súper RIGI no es apertura a la inversión: es enclave. Territorio propio, régimen fiscal propio y jurisdicción propia.

La diputada Adriana Serquis, doctora en Física por el Balseiro y ex titular de la Comisión Nacional de Energía Atómica, sostiene que el Súper RIGI está diseñado a la medida de los centros de datos patagónicos. El científico Fernando Schapachnik, ex director ejecutivo de la Fundación Sadosky, fue el primero en señalar la coincidencia entre el desembarco de Thiel y el intento de derogar la Ley de Tierras, y en vincularla con Próspera, la ciudad-empresa de Roatán respaldada por fondos de su entorno y caída tras un fallo adverso de la Corte Suprema de Honduras.8, 9 La fórmula de las zonas económicas especiales consiste en obtener porciones de territorio en propiedad privada con autonomía para dictar parte o la totalidad de sus normas. Próspera demostró el interés y también el límite: cayó cuando un tribunal local falló en contra. Un actor que aprendió esa lección buscaría, en la iteración siguiente, blindaje contra tribunales locales. El arbitraje internacional del Súper RIGI es exactamente eso.

El expediente datos

El 2 de enero, con el Congreso en receso, se publicó en el Boletín Oficial el DNU 941/2025. Reforma la Ley de Inteligencia sin pasar por el Parlamento, crea la Comunidad de Inteligencia Nacional y la Comunidad de Información Nacional, y obliga a más de quince organismos —RENAPER, Migraciones, Aduana, la UIF entre ellos— a proveer información a la SIDE, que además aprueba presupuestos reservados y queda habilitada a compartir datos con agencias de otros países. No fija procedimientos ni mecanismos de control.10 Lo que constituye, por decreto, es un repositorio integrado de datos personales de toda la población: el insumo exacto que un sistema de análisis masivo necesita para funcionar.

El 5 de febrero, un mes después, se firmó el Acuerdo de Comercio e Inversión Recíprocos con Estados Unidos. Entre sus cláusulas, la Argentina reconoce a ese país como «jurisdicción adecuada» para transferencias transfronterizas de datos, incluidos los personales.11 Traducido: cae la barrera jurídica que obligaba a exigir garantías adicionales para sacar información del país.

La tercera pieza no está firmada, pero está gestionada. El Ministerio de Seguridad intentó ingresar a Palantir —la empresa que Thiel cofundó en 2003 con apoyo de la incubadora de la CIA y que hoy es uno de los mayores contratistas del Pentágono— a través de la agencia de seguridad migratoria; la operación se frenó por disputas internas del oficialismo.12 En abril, ya en Buenos Aires, Thiel almorzó con Santiago Caputo, el asesor presidencial que controla el área de inteligencia.13 En mayo, Amnistía Internacional Argentina publicó un informe advirtiendo sobre riesgos de vigilancia masiva, perfilamiento, detenciones y deportaciones, y pidió transparentar toda reunión o acuerdo con la firma.14

El contraste es lo que convierte esto en un asunto geopolítico y no en un debate sobre privacidad. Mientras la Argentina desarma sus barreras, sus socios occidentales las levantan: Francia rescindió el contrato de sus servicios de inteligencia con Palantir invocando soberanía digital, el Reino Unido revisa el del Servicio Nacional de Salud, Alemania avanza en la misma dirección y el Gobierno español instruyó a empresas con participación pública —Telefónica e Indra— a no contratar con la firma.15 La Argentina se estaría sumando a una arquitectura de la que las democracias europeas se están retirando, y justo cuando esa arquitectura pierde clientes en el Norte.

Lo que ya hizo antes

En 2011 Thiel obtuvo la ciudadanía neozelandesa en una ceremonia privada en el consulado de Santa Mónica, habiendo pasado doce días en el país. En 2015 compró unas 193 hectáreas cerca de Wanaka, clasificadas como «tierra sensible» por la normativa local: la operación habría requerido autorización de la Overseas Investment Office, de la que quedó eximido precisamente por ser ciudadano.9 La secuencia fue ciudadanía primero, tierra después.

En julio de 2025, el Decreto 524/2025 creó en el Ministerio de Economía la agencia del programa argentino de ciudadanía por inversión. Según reportes de prensa internacional, permitiría obtener el pasaporte sin residencia previa a cambio de una donación no reembolsable de unos 500.000 dólares o la compra de un millón en bonos cupón cero, con acceso al Mercosur. Se espera su lanzamiento para fines de año. Consultoras del sector ya tienen clientes en lista de espera.16

Lo que no está probado

Varias publicaciones afirman que Thiel compró miles de hectáreas en la Patagonia. Ninguna aporta escritura, ubicación ni sociedad compradora. La cobertura de abril consignaba que analizaba comprar propiedades en la ciudad y en el sur, y aclaraba explícitamente que no estaba claro si su interés incluía tierras productivas.13 Hasta que aparezca un asiento registral, es una versión.

Y hay una contrahipótesis bien reporteada que conviene no esquivar. En junio, Diego Genoud publicó que Thiel se iba del país sin haber puesto un dólar, y que los empresarios que lo recibieron en Barrio Parque concluyeron que no venía a invertir en minería, hidrocarburos ni agronegocio: venía a averiguar si el experimento libertario puede sostenerse en el tiempo.8 Seis semanas después se anunció su regreso como orador central de la cumbre «Vientos de Cambio», el 1 y 2 de septiembre en el Sheraton de Retiro, junto a Luis Caputo, Federico Sturzenegger y el Nobel James Heckman.17

Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez. Comprar una opción y todavía no ejercerla se ve, desde afuera, exactamente así.

La asimetría

Esa es la lectura que ordena los dos expedientes. Thiel no compró activos en la Argentina: compró, a costo marginal y de manera reversible, el derecho a operar en la única jurisdicción grande de Occidente que está en camino de ofrecer cinco cosas juntas —territorio vacío y barato, energía varada sin salida por gasoducto, compromiso estatal de no regular la inteligencia artificial, bases de datos públicas integradas y transferibles, y treinta años de blindaje jurídico con arbitraje fuera del país—. La casa, la ciudadanía por inversión y el foro de septiembre son la prima de esa opción. El ejercicio depende de una sola variable, y es la que vino a averiguar en abril: si esto sobrevive a 2027.

Queda entonces la asimetría que define el asunto. Thiel puede irse en un avión. La ciudadanía otorgada, la tierra vendida, los datos transferidos y los treinta años de estabilidad pactados no se revierten con la misma facilidad. Esa diferencia, y no el monto de una inversión que todavía no existe, es lo que hace de esto una cuestión de soberanía.

Notas

  1. Marina Cappiello, «Peter Thiel en Vaca Muerta: las inversiones, el gas y los dos mega-operadores petroleros que ya utilizan su tecnología DFM», Shale24, 5 de mayo de 2026, shale24.com (consultado el 11 de agosto de 2026). Consigna la cadena Founders Fund–Crusoe–Unblock, los bloques Loma Jarillosa Este y Los Toldos II Este, los 15 MW de flota argentina y el hecho de que la operación no toma energía del sistema interconectado.
  2. Crusoe Energy Systems, comunicados de cierre de las Series D (12 de diciembre de 2024, US$ 600 millones, valuación de US$ 2.800 millones) y E (23 de octubre de 2025, US$ 1.375 millones, valuación superior a US$ 10.000 millones), crusoe.ai. En marzo de 2025 Crusoe vendió su unidad de minería de bitcoin —incluido el negocio DFM— a NYDIG, lo que volvió más indirecta la exposición del fondo sin interrumpirla.
  3. «Una startup que usa gas de Vaca Muerta para minar Bitcoin consiguió USD 13,5 millones en una ronda de inversión», Infobae, 9 de julio de 2025, infobae.com; y Crusoe, «Crusoe Expands International Footprint into Argentina with Local Project Developer Unblock», 29 de junio de 2023.
  4. Ley 26.737 de Protección al Dominio Nacional sobre la Propiedad, Posesión o Tenencia de las Tierras Rurales (2011) y su reglamentación; Registro Nacional de Tierras Rurales, Ministerio de Justicia, argentina.gob.ar. Los límites siguen vigentes: la Sala III de la Cámara Federal de La Plata declaró inconstitucional el artículo del DNU 70/2023 que los derogaba.
  5. «Ley de Tierras: el oficialismo retira el proyecto por falta de votos», Parlamentario, 5 de agosto de 2026, parlamentario.com; y «Dura derrota del Gobierno: retiró el capítulo de extranjerización de tierras por falta de votos», Página/12, 5 de agosto de 2026. La versión negociada elevaba el tope del 15% al 25%.
  6. «El Senado aprobó la ley de inviolabilidad de la propiedad privada tras retirarse el capítulo de Ley de Manejo del Fuego», Infobae, 6–7 de agosto de 2026, infobae.com; Senado de la Nación, comunicado de prensa N.º 24146. Votación: 37 afirmativos, 33 negativos. Una moción opositora de vuelta a comisión fue rechazada 38 a 31.
  7. «Súper RIGI: qué es la iniciativa que aprobó Diputados y cuáles son las principales diferencias con el RIGI», Infobae, 25 de junio de 2026, infobae.com. Media sanción con 130 votos afirmativos, 106 negativos y 7 abstenciones.
  8. Diego Genoud, «Milei pierde el auxilio de Peter Thiel y sigue la masacre en el sector nuclear», El Destape, 24 de junio de 2026, eldestapeweb.com. Recoge los testimonios empresarios y las declaraciones de la diputada Adriana Serquis sobre el Súper RIGI y los centros de datos patagónicos.
  9. Tomás Borovinsky, «¿Por qué Peter Thiel elige Argentina?», Panamá Revista, 25 de abril de 2026, panamarevista.com. Consigna la ciudadanía neozelandesa de 2011, las 193 hectáreas de Wanaka adquiridas en 2015 y la exención de la Overseas Investment Office. Sobre Próspera, ver además Fernando Schapachnik, «Peter Thiel en Argentina: amenaza a la soberanía y la integridad territorial», El Destape, 25 de mayo de 2026.
  10. Decreto 941/2025, Boletín Oficial de la República Argentina, 2 de enero de 2026, boletinoficial.gob.ar; y «Reforma de la SIDE: las claves de la reestructuración del sistema de inteligencia que dispuso Milei por decreto», Infobae, 2 de enero de 2026. Crea la Comunidad de Inteligencia Nacional (CITN) y la Comunidad de Información Nacional (CIFN).
  11. Allende & Brea, «Acuerdo de Comercio e Inversión Recíprocos entre Argentina y Estados Unidos: protección de datos personales», 6 de febrero de 2026, allende.com; y «Argentina y Estados Unidos firman un acuerdo para promover el comercio y las inversiones. ¿Qué implica?», CNN en Español, 6 de febrero de 2026. El acuerdo se firmó el 5 de febrero de 2026.
  12. «Datos personales, seguridad y vigilancia: cómo Milei allana el camino para el desembarco de Palantir en el país», elDiarioAR, eldiarioar.com; y «Preocupación en el Congreso por la posible habilitación de Milei a la empresa de macrodatos Palantir», La Política Online. No hay contrato firmado confirmado con el Estado argentino.
  13. Sebastián Catalano, «Peter Thiel en Argentina: qué vino a hacer al país y las inversiones que analiza el magnate tech libertario», Infobae, 22 de abril de 2026, infobae.com. Consigna el almuerzo con Santiago Caputo, el alquiler en Barrio Parque y, textualmente, que «no está claro por el momento si su interés incluye tierras productivas».
  14. Amnistía Internacional Argentina, informe sobre el caso Palantir, mayo de 2026, amnistia.org.ar. Entre sus recomendaciones: transparentar reuniones y acuerdos, exigir evaluaciones de impacto en derechos humanos, garantizar auditorías externas y actualizar la ley de protección de datos personales, vigente desde el año 2000.
  15. Enric Juliana, «Thiel, rey de la Patagonia», La Vanguardia, 7 de julio de 2026, reproducido en AgendAR, 14 de julio de 2026, agendarweb.com.ar. Consigna la rescisión francesa, las revisiones británica y alemana y la instrucción española a Telefónica e Indra.
  16. Mia Osmonbekov, «The global rich like Peter Thiel are eyeing the exit door. Argentina wants to be a ‘serious contender’ in the migration game», Fortune, 16 de julio de 2026, fortune.com. Refiere el Decreto 524/2025 y los parámetros del programa según el Financial Times: donación no reembolsable de unos US$ 500.000 o compra de US$ 1 millón en bonos cupón cero.
  17. «El magnate Peter Thiel encabezará en Buenos Aires un foro que busca proyectar el modelo de Milei», La Nación, 6 de agosto de 2026, lanacion.com.ar. La cumbre «Vientos de Cambio» es organizada por la Fundación Libertad y Progreso junto a la Reason Foundation y el Archbridge Institute.

Fuentes primarias sugeridas para ampliar y verificar: Decreto 941/2025 y proyectos de nulidad presentados en Diputados; texto completo y anexos del Acuerdo de Comercio e Inversión Recíprocos; expediente PE-13/2026 y su tratamiento en Diputados; Decreto 524/2025 y la reglamentación del programa de ciudadanía por inversión; Registro Nacional de Tierras Rurales; registros de la propiedad inmueble de Río Negro, Neuquén, Chubut y Santa Cruz.

◆ RECURSOS ESTRATÉGICOS · SOBERANÍA TERRITORIAL

La Ley de Tierras: hacia la disgregación territorial

El oficialismo busca derogar los límites de 2011 a la compra extranjera de tierra rural. Leída como una cuestión de poder sobre el territorio, y no sólo de clima de inversión, la reforma toca el nervio más sensible del litoral: el control del agua y de la frontera.

⚑ Por qué importa

La tierra es uno de los elementos constitutivos del Estado: decidir sobre ella es una medida concreta de soberanía. La reforma libera el suelo ribereño y fronterizo justo donde corren el Acuífero Guaraní y la Hidrovía, el corredor por el que respira la economía argentina.

En julio de 2026 el Senado discute un capítulo del proyecto de «Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada» que reescribe el régimen de la tierra rural. El texto deroga varios artículos de la Ley 26.737 y del decreto-ley 15385/44 —el que regula las zonas de seguridad de frontera— y monta un marco nuevo1. La Ley 26.737, sancionada en 2011 y flexibilizada en 2016, había fijado tres candados: un tope del 15% a la titularidad extranjera de tierra rural, replicado por provincia y por departamento; un máximo del 30% dentro de ese porcentaje para una misma nacionalidad; y un límite de 1.000 hectáreas por titular extranjero en la zona núcleo pampeana2, 3. El proyecto retoma por vía legislativa un objetivo que el DNU 70/2023 ya había planteado2.

La reforma tiene dos caras que conviene no confundir. Elimina los límites para los compradores privados y, al mismo tiempo, prohíbe la adquisición por parte de Estados extranjeros o de empresas bajo su control —salvo autorización expresa de la provincia y del Ejecutivo nacional—, con la mirada puesta, sin nombrarla, en la inversión estatal china1. Pero si el Estado no responde en los plazos previstos, la operación se aprueba por «silencio administrativo» a los 180 días1 con la mirada puesta, sin nombrarla, en la participación angloestadounidense e israelí. El trámite está trabado: el oficialismo no reunió los votos y postergó el debate para el 6 de agosto —la cuarta postergación—, con un comunicado de rechazo incluso de la UCR, que considera que la iniciativa compromete la soberanía sobre las fronteras y los recursos estratégicos4.

La clave de lectura: la tierra es poder

El poder nacional es sobre el espacio o no es5. La tierra no es un activo más entre otros. Es uno de los elementos constitutivos del Estado, y la capacidad de decidir sobre ella es una medida concreta de soberanía.

La autonomía es la máxima capacidad de decisión propia posible dados los condicionamientos externos6. Un país la amplía cuando conserva el control de sus bases materiales y la reduce cuando las cede. Desregular sin estrategia la propiedad del suelo no es, entonces, un asunto meramente jurídico ni de coyuntura: define cuánto margen propio le queda a la Argentina en un mundo que disputa agua, minerales y alimentos.

Trece millones de hectáreas, y el nervio del litoral

Los números fijan la escala. Un relevamiento del Observatorio de Tierras de la UBA y el CONICET —a cargo de los investigadores Julieta Caggiano y Matías Oberlin, del programa de historia agraria de Ciencias Económicas y del observatorio MILPA— estimó a comienzos de 2026 que más de 13 millones de hectáreas, cerca del 5% del territorio, están en manos de firmas o Estados extranjeros: una superficie equivalente a Inglaterra7. Estados Unidos, Italia y España concentran la mitad. Y hay un matiz decisivo: leído por departamentos, y no por el promedio provincial que usan las estadísticas oficiales, el mapa detecta 36 distritos que ya superan el tope del 15%7.

Acá aparece el ángulo que este portal privilegia: el agua y el litoral. Entre los cambios figura eliminar la restricción para vender a extranjeros tierras que contengan o linden con grandes cuerpos de agua —ríos, lagos, acuíferos— y las situadas en zonas de frontera4. No es un detalle técnico. Los departamentos de Iguazú, en Misiones, e Ituzaingó, en Corrientes —ambos sobre el sistema del Paraná, con acceso hídrico y logístico—, ya exhiben más del 30% de su superficie en manos foráneas7. Bajo la Mesopotamia se extiende el Acuífero Guaraní, una de las mayores reservas de agua dulce del planeta; sobre esa franja corre la Hidrovía Paraná-Paraguay, por donde sale el grueso de la exportación agroindustrial argentina. Ceder el control del suelo ribereño y fronterizo equivale a debilitar la decisión soberana sobre el corredor por el que respira la economía del país, ese eje fluvial como columna del desarrollo8.

El patrón se repite donde hay recursos: el mismo estudio observa que en Malargüe, Mendoza, la extranjerización del 15% coincide con dieciocho proyectos mineros nuevos7. Sobre el suelo argentino se superponen Vaca Muerta, el triángulo del litio y una dotación de agua y alimentos que el mundo seguirá buscando. El argumento oficial es atraer inversión y frenar el capital estatal chino. Todo esto es atendible, pero protección y apertura no son incompatibles: Estados Unidos, Canadá, Francia e Italia mantienen controles sobre la compra extranjera de tierras sin por eso ahuyentar inversiones3.

El otro flanco es la frontera. Al derogar parte del decreto-ley 15385/44, que reserva un régimen especial para las zonas de seguridad, la reforma afloja el control estatal sobre las tierras de los bordes del país —justo donde la presencia del Estado es condición para ejercer efectivamente la soberanía—1, 3. Quien administra la tierra de frontera administra, también, una porción de la seguridad nacional; y buena parte de esos límites coincide con los ríos y los pasos internacionales de la Cuenca del Plata.

Qué mirar de acá en adelante

Conviene seguir indicadores concretos, no pronósticos. El primero es la sesión del 6 de agosto y la redacción final del capítulo: cuáles de los candados de 2011 caen y cuáles sobreviven4. El segundo es el mecanismo de silencio administrativo, porque una autorización que se concede por falta de respuesta estatal puede vaciar de contenido el mismo bloqueo a los Estados extranjeros que la ley dice perseguir1. El tercero es la lectura por departamento antes que por provincia: el promedio nacional del 15% oculta que la frontera, las nacientes de agua y las zonas mineras ya están, en varios distritos, por encima del límite7. La discusión sobre la tierra es, en el fondo, una discusión sobre quién conserva la llave de los espacios donde se decide el poder material de la Argentina.

Notas

  1. Redacción, «Las claves de la nueva 'Ley de Tierras' que impulsa el Gobierno: venta a extranjeros y el bloqueo a la amenaza China», Infobae, 16 de julio de 2026, https://www.infobae.com/economia/2026/07/16/las-claves-de-la-nueva-ley-de-tierras-que-impulsa-el-gobierno-venta-a-extranjeros-y-el-bloqueo-a-la-amenaza-china/ (consultado el 24 de julio de 2026).
  2. «Ley de Tierras: qué es y qué significa su derogación en el DNU de Javier Milei», Página 12, 21 de diciembre de 2023, https://www.pagina12.com.ar/697466-ley-de-tierras-que-es-y-que-significa-su-derogacion-en-el-dn (consultado el 24 de julio de 2026).
  3. Wado de Pedro, «Ley de Tierras: lo que está en juego es la soberanía argentina», Infobae (Opinión), 17 de junio de 2026, https://www.infobae.com/opinion/2026/06/17/ley-de-tierras-lo-que-esta-en-juego-es-la-soberania-argentina/ (consultado el 24 de julio de 2026). Los topes del 15%, el 30% por nacionalidad y las 1.000 ha se citan según esta columna; los mecanismos de control comparados (EE. UU., Canadá, Francia, Italia) también.
  4. María Fernanda de la Quintana, «Argentina. Por qué la nueva Ley de Tierras es una entrega de soberanía», Resumen Latinoamericano, 18 de julio de 2026, https://www.resumenlatinoamericano.org/2026/07/18/argentina-por-que-la-nueva-ley-de-tierras-es-una-entrega-de-soberania/ (consultado el 24 de julio de 2026).
  5. Jorge E. Atencio, ¿Qué es la geopolítica? (Buenos Aires: Pleamar, 1965).
  6. Juan Carlos Puig, Doctrinas internacionales y autonomía latinoamericana (Caracas: Universidad Simón Bolívar, 1980).
  7. Observatorio de Tierras (UBA–CONICET), mapa interactivo de la extranjerización de tierras, elaborado por Julieta Caggiano y Matías Oberlin (Programa de Investigaciones sobre Historia Agraria, FCE-UBA, y observatorio MILPA), enero de 2026; datos reproducidos en Canal 26, «Un mapa del CONICET y la UBA advierte sobre la creciente presencia extranjera en tierras argentinas», 12 de enero de 2026, https://www.canal26.com/planeta/2026/01/12/un-mapa-del-conicet-y-la-uba-advierte-sobre-la-creciente-presencia-extranjera-en-tierras-argentinas/ (consultado el 24 de julio de 2026).
  8. Nicolás Boscovich, Geoestrategia para la integración regional (Buenos Aires: Ciudad Argentina, 1999).

Fuentes primarias sugeridas para ampliar y verificar: Ley 26.737 y su reglamentación; Registro Nacional de Tierras Rurales (Ministerio de Justicia); dictamen del proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada.

◆ SOBERANÍA TERRITORIAL · CUENCA DEL PLATA · DATOS OFICIALES

Trece millones de hectáreas: la extranjerización leída por departamentos

Los datos oficiales del Registro Nacional de Tierras Rurales muestran 36 departamentos por encima del límite del 15%. Cuatro de los más comprometidos están sobre el Paraná.

⚑ Por qué importa

El promedio provincial esconde el fenómeno. Medido por departamentos, el techo del 15% ya está superado en 36 distritos, y cuatro de los más extranjerizados se alinean sobre el Paraná: Iguazú, Ituzaingó, Berón de Astrada y Campana.

Con la asunción de los nuevos diputados y senadores, el gobierno nacional anunció el envío de un paquete de proyectos que incluye la derogación definitiva de la Ley de Protección al Dominio Nacional sobre la propiedad, posesión o tenencia de las tierras rurales, sancionada en 2011 como ley 26.737.1 No es el primer intento: el artículo 154 del DNU 70/2023 ya la había derogado, y en enero de 2024 un amparo del Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas La Plata frenó provisoriamente la medida en sede judicial.1 Lo que se busca ahora es obtener del Congreso aquello que quedó trabado en tribunales.

Esta nota no discute el articulado del proyecto —eso lo trabajamos en La Ley de Tierras: hacia la disgregación territorial—, sino la base empírica sobre la que esa discusión debería apoyarse: cuánta tierra, dónde exactamente, y de quién.

Por qué existió la norma

La ley que se quiere remover no nació de una intuición: nació de una medición. El punto de quiebre del proceso contemporáneo de extranjerización se produjo a fines de los años noventa. En 1996 se creó la Secretaría de Seguridad Interior, que absorbió funciones de la Superintendencia Nacional de Fronteras. En sus primeros años, esa Secretaría autorizó la venta de más de ocho millones de hectáreas en zonas de seguridad fronteriza —áreas que el decreto 15.385 de 1944 reservaba a la compra por ciudadanos argentinos—.1 La norma de 1944 nunca fue derogada; simplemente se la vulneró, mediante operaciones irregulares y triangulaciones societarias. Lago Escondido, en Río Negro, adquirido por el magnate británico Joe Lewis, y las tierras patagónicas compradas por el italiano Luciano Benetton son los dos casos que fijaron el tema en la discusión pública.

La década siguiente agregó presión económica. El alza internacional de los precios de los alimentos disparó el valor de la tierra, mientras la devaluación abarataba en dólares la compra de superficies fértiles y estratégicas. Contra ese telón de fondo, la ley de 2011 fijó un techo de extranjerización del 15% de la superficie, medido tanto a escala provincial como departamental, y reforzó los mecanismos destinados a impedir triangulaciones sin supervisión estatal.1

El termómetro que se cambió en 2016

En 2016, el decreto 820 modificó la aplicación de la ley sin tocar su texto. Flexibilizó procedimientos, habilitó a informar los cambios societarios después de realizados, redujo requisitos para las compras y amplió los criterios que definen quién es considerado extranjero. El cambio decisivo fue metodológico: alteró la forma de medir la extranjerización en sociedades, sucesiones, condominios y participaciones indirectas.1

El efecto se ve al comparar el primer relevamiento oficial, de 2015, con el de 2022: los porcentajes de tierra en manos extranjeras bajan. Esa baja no refleja una reversión del proceso, sino el impacto de la nueva metodología.1 Se movió el termómetro, no la fiebre.

El gobierno sostiene que ninguna provincia supera el límite del 15%. Si el problema estuviera resuelto, la derogación sería innecesaria. La pregunta pertinente, entonces, es qué habilita quitar una ley que —según la propia medición oficial— nadie estaría incumpliendo.

La escala correcta no es la provincia

A nivel nacional, alrededor del 5% del territorio argentino está en manos extranjeras: más de trece millones de hectáreas, una superficie equivalente a la extensión de Inglaterra. El dato impacta, pero es el menos útil de todos, porque el promedio provincial diluye exactamente aquello que importa. La dimensión real del fenómeno aparece al bajar a la escala departamental, y sobre todo al cruzar esa información con la ubicación de cursos de agua, acuíferos y zonas con potencial minero.2

Con los datos del Registro Nacional de Tierras Rurales actualizados al 6 de agosto de 2025, hay 36 departamentos que ya exceden el límite legal. En cuatro de ellos —Lácar, en Neuquén; General Lamadrid, en La Rioja; Molinos y San Carlos, en Salta— la extranjerización supera el 50%, más del triple del techo que la ley establece. Los cuatro concentran bienes estratégicos: agua dulce o recursos minerales. Otros cuatro superan ampliamente el 30%: Iguazú, en Misiones; Ituzaingó y Berón de Astrada, en Corrientes; y Campana, en Buenos Aires.2

La ley se incumple por departamento, no por provincia Los ocho departamentos más extranjerizados del país, frente al techo del 15% que fija la ley 26.737. Datos oficiales al 6 de agosto de 2025. 36 departamentos por encima del límite ≈5% del territorio: +13 millones de ha 2,7 M ha en manos de EE.UU.: más que toda Tucumán 1/2 de la tierra extranjerizada es de EE.UU., Italia y España 0% 20% 40% 60% Límite legal: 15% MÁS DEL 50% agua dulce y minerales Lácar, Neuquén General Lamadrid, La Rioja Molinos, Salta San Carlos, Salta +50% +50% +50% +50% MÁS DEL 30% corredor del río Paraná Iguazú, Misiones Ituzaingó, Corrientes Berón de Astrada, Corrientes Campana, Buenos Aires +30% +30% +30% +30% Nota metodológica: la fuente informa umbrales superados, no el porcentaje exacto de cada departamento. La barra plena llega al umbral verificado (15%); la trama marca el tramo excedido y la flecha indica que el valor real es igual o mayor al rótulo. Ningún valor fue estimado.
Elaboración propia sobre datos del Registro Nacional de Tierras Rurales (Dirección Nacional del RNTR, Ministerio de Justicia de la Nación), obtenidos por el Observatorio de Tierras mediante solicitudes de acceso a la información pública (ley 27.275), expediente EX-2025-94747803, actualizados al 6 de agosto de 2025.2

El ranking por nacionalidad completa el cuadro. Lo encabezan ciudadanos estadounidenses, con más de 2,7 millones de hectáreas —una superficie mayor que la provincia de Tucumán—, seguidos por italianos y españoles. Esas tres nacionalidades concentran, solas, la mitad de toda la tierra extranjerizada del país.2

Leer el mapa desde el río

Los ocho departamentos críticos no se distribuyen al azar. Cuatro están en la frontera cordillerana y en el noroeste, sobre agua dulce y minerales. Los otros cuatro dibujan una línea reconocible: Iguazú, Ituzaingó, Berón de Astrada y Campana se alinean sobre la principal vía fluvial navegable del país, desde la triple frontera hasta la boca del delta. El patrón que emerge es consistente: las situaciones más comprometidas se dan en zonas fronterizas y en territorios con recursos hídricos, mineros o ventajas logísticas portuarias.2

Esa alineación es la que exige una clave de lectura fluvial. Nicolás Boscovich sostuvo que el eje de los grandes ríos es la columna vertebral de la integración física y del protagonismo argentino en la región: la vía navegable no es un accidente del paisaje sino una infraestructura, y como toda infraestructura depende de quién controla sus márgenes.3 La propiedad de la ribera decide quién puede instalar un sitio de puerto, quién accede a la toma de agua, qué usos del suelo acompañan al corredor. Un departamento ribereño con un tercio de su superficie en manos extranjeras no es una anomalía estadística: es una restricción concreta sobre las decisiones futuras de infraestructura en el litoral.

La segunda clave es de escala mayor. Juan Carlos Puig definió la autonomía como la máxima capacidad de decisión propia que un Estado puede ejercer dados los condicionamientos del mundo real, y advirtió que ese margen no es una declaración sino una construcción material.4 La propiedad del suelo es una de esas condiciones materiales. El Observatorio inscribe la discusión en un escenario internacional de disputa creciente por recursos estratégicos, y señala el corolario de Trump a la Doctrina Monroe como expresión de un viraje en la estrategia estadounidense hacia la región, orientado a asegurar el acceso a sus recursos naturales.2 En esa lectura, la derogación no es un trámite de simplificación normativa: redefine quién controla territorios clave hacia adelante.

Conviene precisar el encuadre, porque el punto no es la nacionalidad de un comprador. Es la capacidad del Estado de planificar sobre su propio territorio, que es la definición misma de la geopolítica como herramienta de desarrollo: industria, energía, infraestructura y ocupación efectiva del espacio, en la línea con que Guglialmelli pensó la relación entre territorio y proyecto nacional.5 Lagos patagónicos, bosques nativos, cordillera con minerales críticos, franjas fronterizas, riberas de los grandes ríos y superficies asentadas sobre acuíferos que abastecen a millones de personas: sobre esos activos se apoya cualquier política pública de largo plazo, y sobre ellos recae la eliminación del techo del 15%.

Qué mirar de acá en adelante

Cuatro indicadores permiten seguir el proceso sin depender de la interpretación de nadie. El primero es el texto que efectivamente ingrese al Congreso: si deroga la ley 26.737 en bloque o si conserva algún límite cuantitativo, y si mantiene o suprime la escala departamental como unidad de medición —el cambio de escala, y no el porcentaje, es lo que decide qué se ve—. El segundo es la suerte del amparo del CECIM La Plata, que sostiene la vigencia provisoria de la norma desde enero de 2024. El tercero es la continuidad del Registro Nacional de Tierras Rurales: si sigue publicando relevamientos, con qué periodicidad y con qué metodología, porque sin comparabilidad entre 2015, 2022 y 2025 la serie deja de medir el fenómeno y pasa a medir el criterio. El cuarto es la lista de los 36 departamentos ya excedidos, que funciona como el mapa de control más económico disponible: sobre ellos se verificará, o no, la aceleración.

Definir qué se puede vender, qué no y bajo qué reglas no es una cuestión administrativa. Es la operación mediante la cual un Estado ordena el acceso a los bienes que sostienen la vida cotidiana y cualquier proyecto de desarrollo. Desarmar esas protecciones en un momento de presión creciente sobre el agua, la energía y los minerales no produce un territorio más libre: produce un territorio donde la decisión sobre quién accede y quién queda afuera se toma en otro lado.

Notas

  1. Julieta Caggiano y Matías Oberlin, «La extranjerización de tierras en nuestro país: un acuciante problema de soberanía», Observatorio de Tierras (PRIHA-FCE-UBA / MILPA), 15 de diciembre de 2025, https://www.observatoriodetierras.ar/2025/12/la-extranjerizacion-de-tierras-en.html (consultado el 31 de julio de 2026). La reconstrucción normativa y los casos citados corresponden a esta fuente.
  2. Caggiano y Oberlin, «La extranjerización de tierras en nuestro país». Las cifras provienen de reportes del Registro Nacional de Tierras Rurales (Dirección Nacional del RNTR, Ministerio de Justicia de la Nación Argentina), obtenidos por las autoras mediante solicitudes de acceso a la información pública (ley 27.275), expediente EX-2025-94747803, con datos actualizados al 6 de agosto de 2025.
  3. Nicolás Boscovich, Geoestrategia para la integración regional. Ejes fluviales claves y complementarios para el protagonismo argentino en la integración física del Mercosur (Buenos Aires: Ciudad Argentina, 1999).
  4. Juan Carlos Puig, Doctrinas internacionales y autonomía latinoamericana (Caracas: Universidad Simón Bolívar, Instituto de Altos Estudios de América Latina, 1980).
  5. Juan E. Guglialmelli, Geopolítica del Cono Sur (Buenos Aires: El Cid Editor, 1979).

La fuente informa umbrales superados por departamento, no porcentajes exactos; la infografía respeta esa limitación y no estima valores. Fuentes primarias para ampliar: ley 26.737 y su reglamentación; decreto 820/2016; DNU 70/2023, art. 154; reportes del Registro Nacional de Tierras Rurales.

◆ IMAGINARIOS TERRITORIALES · GUERRA COGNITIVA

La Argentina en el imaginario territorial de sus vecinos

Chile enseña la «pérdida de la Patagonia»; Bolivia representa la Puna y el Chaco como partes de su desmembramiento; Paraguay conserva la memoria de Misiones y Formosa; Uruguay recuerda Martín García. Ninguno de estos relatos equivale a una reclamación oficial.

⚑ Por qué importa

Los tratados fijan las fronteras; la educación, la historiografía y los mapas deciden cómo esas fronteras son recordadas. Ignorar esa segunda dimensión deja su representación en manos ajenas.

Fronteras míticas

En el portal curricular del Ministerio de Educación de Chile, los alumnos de sexto año básico deben explicar los motivos que incidieron en la «pérdida de la Patagonia». La fórmula aparece junto con el estudio de los territorios incorporados y perdidos durante la formación del Estado chileno. No pertenece a un video nacionalista ni a una publicación marginal, es un indicador pedagógico oficial.

La expresión no significa que Chile reclame actualmente la Patagonia Argentina. Tampoco pone en cuestión, por sí misma, el Tratado de Límites de 1881. Demuestra que una controversia puede quedar resuelta en el derecho internacional y continuar activa como representación histórica.

Esa persistencia no es exclusivamente chilena. En Paraguay, la propia Comisión Nacional Demarcadora de Límites sostiene, en una reconstrucción histórica, que el Estado paraguayo perdió Misiones y la región comprendida entre los ríos Pilcomayo y Bermejo. En Uruguay, Martín García conserva una presencia historiográfica nada despreciable.

La expresión «territorio perdido» no es una descripción objetiva, presupone que el espacio pertenecía legítimamente a quien afirma haberlo perdido.

La asimetría cartográfica: cuando solo la Argentina debe demostrar ocupación

Buena parte de la cartografía histórica que circula en redes sociales, videos de YouTube y materiales de divulgación combina criterios incompatibles. La Argentina anterior a la Conquista del Desierto aparece reducida al espacio sometido a administración o control militar efectivo. Sus vecinos, en cambio, son representados con los contornos de sus máximas pretensiones territoriales o de antiguas jurisdicciones coloniales, como si hubieran ejercido soberanía continua sobre ellas.

La distorsión no consiste en mostrar que la Pampa, la Patagonia o el Chaco estaban habitados por pueblos indígenas. Esa corrección es imprescindible. El problema aparece cuando el criterio del control efectivo sólo se aplica al Estado argentino.

Un mapa coherente debería mostrar simultáneamente la frontera efectiva argentina, las territorialidades indígenas pampeanas y patagónicas, la frontera mapuche del Biobío y las pretensiones superpuestas de Argentina y Chile. Lo mismo debería ocurrir en el Chaco, donde convergían aspiraciones argentinas, paraguayas y bolivianas sobre espacios de ocupación estatal precaria.

En esas representaciones, solo las pretensiones argentinas son historizadas, mientras que las de sus vecinos son naturalizadas.

Historiadores, escuelas, prensa e instituciones construyeron representaciones en las que la Argentina aparecía como expansionista y beneficiaria de una sustracción territorial. Los mapas chilenos extendieron retrospectivamente su país sobre la Patagonia entera y proyectaron su dominio sobre territorios bajo jurisdicción del Virreinato del Río de la Plata. Para sostener esa lectura, seleccionaron determinados títulos y omitieron documentos incompatibles con el relato.

A esa inercia se suman cartografías escolares, archivos de Wikimedia, pretensiones territoriales y activismos políticos.

Existe una intencionalidad en producir y reproducir la narrativa de una Argentina territorialmente tardía, expansiva y menos legítima que sus vecinos.

Chile: la Patagonia como memoria estratégica

La formulación convierte una controversia sobre títulos coloniales, ocupaciones y criterios de delimitación en un balance territorial nacional. La Patagonia no aparece sólo como un espacio reclamado durante el siglo XIX, sino como algo que Chile habría poseído y posteriormente perdido.

La narrativa también está presente en Memoria Chilena, plataforma de la Biblioteca Nacional. Su reconstrucción del Tratado de 1881 afirma que, mientras Chile combatía en la Guerra del Pacífico, las presiones argentinas se intensificaron; sostiene que Chile se vio obligado a alcanzar un acuerdo y que el tratado implicó renunciar a derechos históricos sobre la Patagonia.

No se trata de una posición jurídica bilateralmente aceptada. La tradición historiográfica argentina sostiene los títulos basados en antecedentes virreinales que ubican a la Patagonia atlántica bajo jurisdicción rioplatense.

La cuestión patagónica se integra además a un entramado territorial austral más amplio: estrecho de Magallanes, Tierra del Fuego, canal Beagle, Hielos Continentales, pasaje de Drake y Antártida.

No existe hoy una política oficial para hacerse de la Patagonia argentina, pero sí una narrativa institucional que conserva la idea de pérdida y puede ser reactivada durante futuras controversias territoriales, marítimas o antárticas.

Bolivia: pérdidas territoriales y proyección sobre Jujuy, Salta y Formosa

La memoria territorial boliviana se organiza alrededor de una secuencia de reducciones representadas como desmembramiento nacional. El litoral del Pacífico ocupa el centro emocional y diplomático de esa narrativa; el Acre, el Chaco Boreal y los arreglos con Perú, Brasil y Paraguay completan el mapa de pérdidas. La Argentina aparece dentro de ese sistema, aunque con menor intensidad.

El programa boliviano de Educación Secundaria Comunitaria Productiva incorporó la elaboración de mapas de «pérdidas territoriales»; además, materiales oficiales recientes de Geografía continúan incluyendo el tema.

En las representaciones más difundidas, la Argentina aparece como receptora de la Puna de Atacama, el llamado Chaco Central y territorios al sur de Tarija. Cuando esas áreas se proyectan sobre la división política argentina actual, parecen abarcar partes de Jujuy, Salta, Catamarca y Formosa.

Una línea historiográfica boliviana sostiene incluso que la Argentina incorporó más de 170.000 kilómetros cuadrados procedentes de la Puna, el Chaco Central y el sur tarijeño entre fines del siglo XIX y comienzos del XX.

La tesis no es homogénea dentro de Bolivia. El diplomático e historiador boliviano Ramiro Prudencio Lizón cuestionó los mapas maximalistas que presentan a la Argentina como despojadora de la Puna y el Chaco Central. Su objeción principal es que esos mapas omiten la cuestión de Tarija y convierten aspiraciones territoriales discutidas en una soberanía boliviana consumada.

Salta y Jujuy, el reverso de Tarija

Durante las guerras de independencia, Tarija quedó sometida a lealtades, ocupaciones y decisiones políticas contradictorias, y terminó incorporándose a Bolivia. La Argentina mantuvo durante décadas su reclamación y finalmente la abandonó en el marco de la delimitación bilateral.

El imaginario boliviano invierte esa controversia: una vez consolidada Tarija como territorio boliviano, ciertos mapas presentan como pérdida las áreas situadas al sur de la línea definitiva. De allí procede la expresión «sur de Tarija», proyectada en ocasiones sobre el norte de Salta.

También se incorporaron a Salta partes de la antigua Puna de Atacama, particularmente San Antonio de los Cobres y Pastos Grandes. La superposición de ambos procesos —Puna y Tarija— permite que un mapa maximalista muestre una superficie significativa de la actual provincia como antiguamente boliviana.

Formosa y el denominado Chaco Central

Formosa puede aparecer simultáneamente en los imaginarios territoriales de Bolivia y Paraguay. Los mapas bolivianos suelen identificar como pérdida ante la Argentina al «Chaco Central», representado entre los ríos Pilcomayo y Bermejo. Al trasladarlo a las fronteras actuales, el espacio coincide en buena medida con Formosa y con sectores del este de Salta.

La narrativa se apoya en la proyección de los derechos de Charcas y Tarija sobre el Chaco. Sin embargo, la ocupación boliviana era prácticamente nula, las jurisdicciones coloniales eran imprecisas y la región permanecía, en gran medida, bajo el control de pueblos indígenas.

La Cancillería boliviana afirma que no existe actualmente diferencia limítrofe con la Argentina, que la frontera fue determinada por el Tratado Definitivo de 1925 y que no hay proyecto de modificarla. Las comisiones mixtas siguen trabajando sobre demarcación, coordenadas e hitos, no sobre una revisión territorial.

Paraguay: guerra, amputación territorial y memoria nacional

En Paraguay, la representación de la Argentina está condicionada por la Guerra de la Triple Alianza. La memoria del conflicto combina derrota militar, destrucción, ocupación, transformación política y pérdidas territoriales.

La Guerra contra la Triple Alianza ocupa una posición central en los materiales educativos paraguayos. La priorización curricular incluye sus antecedentes, causas, tratado secreto, campañas y consecuencias. Estudios sobre manuales escolares muestran además que el conflicto continúa estructurando relatos nacionales sobre sacrificio, identidad y reconstrucción.

A esa memoria general se suma un mapa territorial concreto. En sus versiones más recurrentes, la Argentina habría incorporado Misiones y el Chaco situado al sur del Pilcomayo, actualmente asociado con Formosa. En formulaciones más expansivas aparece también Corrientes.

La Comisión Nacional Demarcadora de Límites paraguaya expresa la interpretación nacional de manera explícita al afirmar que el Paraguay «perdió el territorio de las Misiones y la región comprendida entre el río Pilcomayo y el Bermejo». Otra reconstrucción institucional señala que el tratado confirmó la cesión a la Argentina de las Misiones situadas en la margen izquierda del Paraná y del Chaco al sur del Pilcomayo.

Esto obliga a matizar la categoría de «imaginario no institucional». No existe una reclamación estatal contemporánea, pero la interpretación de Misiones y del espacio Pilcomayo-Bermejo como pérdida territorial posee una presencia historiográfica dentro de una institución de la Cancillería paraguaya.

La utilización de la palabra «pérdida» no resuelve la controversia histórica. Paraguay ocupó partes de Misiones, pero ello no permite suponer que hubiera ejercido soberanía legítima sobre el territorio.

Formosa: el Chaco al sur del Pilcomayo

La asociación de Formosa con un territorio paraguayo perdido tiene una base diplomática más precisa que la inclusión de Corrientes. Antes de 1876, Paraguay reclamaba áreas al sur del Pilcomayo y la Argentina formulaba pretensiones hacia el norte.

El tratado dividió el Chaco controvertido: el sector Bermejo-Pilcomayo quedó para la Argentina; el ubicado entre el Pilcomayo y el río Verde fue sometido a arbitraje; y el situado al norte del río Verde fue reconocido al Paraguay. El laudo Hayes asignó al Paraguay el área central y Villa Occidental.

La memoria paraguaya es categórica: la frontera actual aparece como una consecuencia directa de la derrota y como parte de la «mutilación» del territorio nacional. Esa representación se encuentra en materiales históricos oficiales, prensa y publicaciones educativas no ministeriales.

Corrientes: la expansión del imaginario

La incorporación de toda Corrientes al mapa de las pérdidas paraguayas posee una base mucho más débil.

Cuando los mapas populares agregan Corrientes, fusionan la antigua Provincia del Paraguay, la cultura guaranítica compartida, las misiones jesuíticas, la disputa de islas y fronteras y la ocupación de la guerra. El resultado es una expansión retrospectiva de la soberanía paraguaya sobre una provincia argentina completa.

La narrativa reaparece en coyunturas contemporáneas. En 2012, un ciudadano paraguayo presentó ante la oficina local de Naciones Unidas una petición para recuperar territorios incorporados por Argentina y Brasil. Ese mismo año, una columna juvenil de ABC Color sostuvo que la Argentina debía devolver Formosa y Misiones antes de solicitar apoyo paraguayo por Malvinas.

Se trató de iniciativas marginales, no de una posición gubernamental. Pero muestran que el imaginario permanece disponible y puede activarse ante controversias ajenas a la frontera: navegación fluvial, migración, narcotráfico, comercio, energía, Yacyretá, medidas aduaneras o Malvinas.

Brasil: Ituzaingó y Caseros, entre la revancha y el cambio de hegemonía en el Río de la Plata

La Batalla de Ituzaingó no pertenece exclusivamente a la memoria argentina. Es, simultáneamente, una victoria militar argentina, un episodio de la independencia uruguaya y una derrota incorporada a la memoria del Ejército brasileño. Veinticinco años después, la participación de Brasil en la caída de Juan Manuel de Rosas permitió interpretar la Batalla de Caseros como la reparación de aquella afrenta.

La conexión entre ambos episodios existe en la cultura militar brasileña. Sin embargo, la historiografía explica el conflicto, fundamentalmente, como una disputa por la hegemonía en la cuenca del Plata y por el poder regional.

La campaña contra la Confederación Argentina fue narrada desde 1852 como una restauración del prestigio brasileño en el Plata y como un medio para alcanzar objetivos estructurales:

  • impedir que la Argentina controlara ambas márgenes del Río de la Plata;
  • asegurar la navegación del Paraná y del Uruguay;
  • neutralizar a la Argentina como potencia competidora regional;
  • establecer una posición predominante en la cuenca del Plata.

La propia catalogación de la Biblioteca del Senado brasileño interpreta la victoria de Caseros como el acontecimiento que estableció la hegemonía brasileña en la región. Caseros fue, por consiguiente, algo más importante que una venganza: fue un cambio en la correlación regional de poder.

La conexión Ituzaingó-Caseros permanece en la memoria a través de publicaciones monárquicas, nacionalistas, militares no oficiales y contenidos digitales brasileños que exaltan la primacía regional. Su difusión existe, aunque no constituye una doctrina estatal explícita.

La Argentina aparece en la historia estratégica brasileña como competidora por la supremacía regional. Esa rivalidad produjo hipótesis de conflicto, políticas de equilibrio y recelos recíprocos, pero no un irredentismo territorial comparable con el chileno o paraguayo.

Uruguay: la Banda Oriental y la memoria de Martín García

Uruguay presenta dos dimensiones diferentes. La primera es historiográfica: el significado de la Provincia Oriental, el proyecto artiguista, las leyes de 1825 y la independencia de 1828. La segunda es territorialmente más concreta: la isla Martín García.

La disputa por el significado de la independencia

El sistema educativo uruguayo no reduce el proceso independentista a una separación lineal de la Argentina. Los materiales de la ANEP recuerdan que la Provincia Oriental fue disputada por Brasil y las Provincias Unidas; que las leyes de 1825 declararon la independencia respecto de Portugal y Brasil y, al mismo tiempo, la unión con las Provincias Unidas del Río de la Plata; y que la intervención británica contribuyó a convertirla en una entidad amortiguadora.

El artiguismo agrega otra escala. La Liga Federal comprendió a la Provincia Oriental y a varias provincias actualmente argentinas, pero eso no convierte a Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe o Misiones en territorios uruguayos perdidos.

Martín García

Martín García es el punto donde el imaginario uruguayo adquiere una forma territorial precisa.

La isla poseía un enorme valor estratégico por su ubicación frente a los accesos de los ríos Paraná y Uruguay. Durante la Guerra Grande quedó bajo el control de las fuerzas vinculadas con el Gobierno de la Defensa de Montevideo. En 1852, el gobierno argentino reclamó su devolución y anunció que enviaría fuerzas para tomar posesión. El gobierno uruguayo dispuso la evacuación, pero se reservó los derechos que pudiera hacer valer sobre la isla.

El comandante oriental Timoteo Domínguez protagonizó entonces el episodio que se convertiría en núcleo de la memoria patriótica. Según la reconstrucción institucional de la Junta Departamental de Colonia, se negó a entregar o arriar la bandera uruguaya, ordenó cortar el mástil y lo trasladó, con el pabellón todavía izado, hasta Colonia. La formación insular de origen aluvional surgida al oeste de Martín García lleva su nombre.

La cuestión continuó activa durante más de un siglo. En 1972, la Comisión de Asuntos Internacionales del Senado uruguayo realizó varias sesiones sobre la jurisdicción del Río de la Plata y la isla Martín García.

La bibliografía uruguaya conserva títulos elocuentes. Edison González Lapeyre reconstruyó la negociación y las críticas al acuerdo en una obra subtitulada «La abandonada frontera terrestre Argentina-Uruguay». El índice incluye expresiones como «el territorio oriental abandonado» y las críticas uruguayas al Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo, firmado en 1973, que cerró jurídicamente la cuestión. El artículo 45 estableció que Martín García quedaría bajo jurisdicción argentina y se destinaría exclusivamente a reserva natural.

La isla Timoteo Domínguez, reconocida como uruguaya, terminó uniéndose físicamente con Martín García, con lo cual se constituyó la única porción de frontera terrestre entre ambos países.

En el imaginario uruguayo conviven cuatro representaciones:

  • Martín García como territorio que Uruguay poseyó y evacuó bajo presión;
  • Timoteo Domínguez como símbolo de dignidad nacional;
  • el tratado de 1973 como solución pragmática, pero discutida por parte de la historiografía;
  • la isla uruguaya Timoteo Domínguez como afirmación soberana y compensación simbólica.

No existe una reclamación oficial contemporánea sobre Martín García.

Lo curricular y lo social no son lo mismo

Una comparación sintética permite identificar distintos niveles de institucionalización de narrativas territoriales potencialmente adversas para la Argentina.

Chile posee la narrativa bilateral más claramente incorporada al currículum: la Patagonia aparece expresamente como territorio perdido. Bolivia institucionaliza la categoría general de pérdidas territoriales y la representa mediante mapas; la Argentina ocupa allí un lugar secundario, pero reconocible. Paraguay enseña de manera estructural la Guerra de la Triple Alianza, y su historiografía estatal utiliza el lenguaje de la pérdida para Misiones y el Chaco al sur del Pilcomayo. Uruguay incorpora el debate sobre su independencia y el artiguismo, mientras que Martín García permanece principalmente en la historiografía, la memoria local y expresiones chauvinistas ocasionales. En Brasil persiste la memoria histórica de una rivalidad por la supremacía regional, con una narrativa fragmentaria pero políticamente activable, aunque sin traducción contemporánea en una hostilidad oficial.

Qué implica para el interés nacional argentino

La Argentina conoce con intensidad sus propios reclamos territoriales, especialmente Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur, los espacios marítimos y la Antártida. Conoce mucho menos la forma en que su consolidación territorial es narrada por los países vecinos.

Ese desconocimiento produce el grave error de creer que una controversia jurídicamente resuelta deja de influir en la percepción bilateral.

Los imaginarios territoriales persisten y pueden activarse durante discusiones que no guardan relación directa con la traza fronteriza. En esos casos, el pasado proporciona un lenguaje mediante el cual la Argentina puede ser presentada como expansionista o beneficiaria de la debilidad ajena.

Los imaginarios territoriales de los países vecinos forman parte del conjunto de representaciones históricas potencialmente adversas para la Argentina. Algunos están incorporados al currículum; otros sobreviven en academias, museos, prensa o redes sociales. Algunos se refieren a controversias reales; otros expanden retrospectivamente antiguas aspiraciones sobre territorios nacionales actuales.

Conocer esas representaciones significa comprender el entorno simbólico en el que opera la política regional. La Argentina necesita observar sistemáticamente los currículos, manuales y mapas extranjeros; fortalecer los estudios fronterizos; seguir la circulación digital de narrativas territoriales; formar a sus diplomáticos en las memorias históricas de los países vecinos; producir cartografía rigurosa; y promover investigaciones desde la perspectiva del puro interés nacional.

Los tratados fijan las fronteras. La educación, la historiografía y las imágenes deciden cómo esas fronteras son recordadas. Ignorar esa segunda dimensión deja su representación en manos ajenas.

◆ GUERRA COGNITIVA · RECIPROCIDAD

Hundan la Argentina

La hostilidad regional contra la Argentina no nació en el Mundial de 2026, pero el torneo la hizo visible: anatomía de una ofensiva narrativa.

⚑ Por qué importa

Reputación, legitimidad y capacidad de atracción son un recurso tan estratégico como el petróleo del Atlántico Sur. Esta nota separa la operación narrativa de la crítica espontánea y propone pasar de la generosidad automática a la reciprocidad soberana.

La hostilidad regional contra la Argentina no nació en el Mundial de 2026, pero el torneo la hizo visible, la concentró y multiplicó su alcance. Los argentinos asisten no sin sorpresa a una de las mayores ofensivas narrativas —en apariencia descentralizada— que busca asociar al país con el fraude, la arrogancia, el racismo y la ilegitimidad. Coordinadamente se consolidó en las redes sociales una conversación sistemáticamente adversa a la Argentina. Las acusaciones fueron virales entre los países limítrofes; las publicaciones hostiles adquirieron especial visibilidad en segmentos de las redes de Chile y Uruguay. La corriente fue, sin embargo, más amplia: también se registraron contenidos provenientes de México, Brasil, Colombia y Ecuador. Sería incorrecto atribuir esas expresiones a la totalidad de las sociedades involucradas. Pero sería ingenuo pasar por alto la existencia de narrativas convergentes, repetidas y amplificadas regionalmente.

El objetivo es el poder argentino.

El fútbol no es solo fútbol ni una distracción respecto de la política internacional. Es una de las principales plataformas de proyección simbólica de la Argentina.

La selección, Messi, Maradona, los clubes, las hinchadas y la cultura futbolística forman parte de un complejo de influencia que transporta idioma, identidad, memoria histórica, reivindicaciones políticas, marcas comerciales, industrias culturales y prestigio nacional. Pocos instrumentos argentinos alcanzan simultáneamente a audiencias de Asia, África, Europa y América con semejante intensidad emocional.

Por eso, instalar que la Argentina triunfa mediante el fraude no es una crítica deportiva inocua. Es un ataque contra la legitimidad de uno de sus activos internacionales más eficaces.

Las narrativas que presentan al país como tramposo, racista o arrogante buscan erosionar tres componentes de su poder: la reputación, porque reduce el reconocimiento de sus logros; la legitimidad, porque transforma las victorias en privilegios ilegítimos; la capacidad de atracción, predisponiendo a la opinión pública negativamente.

El efecto estratégico no debe exagerarse, tampoco despreciarse. Un país cuya imagen exterior puede ser degradada sin capacidad de respuesta dispone de menos capital simbólico para defender sus posiciones y obtener adhesiones.

El teatro de operaciones no es solamente el estadio. Es el sistema internacional de percepciones.

La asimetría regional que la Argentina no contabiliza

La hostilidad adquiere una dimensión política adicional cuando se la confronta con el papel de la Argentina en la región, conteniendo en su seno conflictos y carencias de los países limítrofes.

Solo ajustándonos al dato técnico censal, podemos tener una aproximación sobre el rol que cumplió la Argentina para con los países vecinos. En 2022 residían, solo de manera legal, en viviendas particulares argentinas 1.933.463 personas nacidas en el exterior. De ellas, 1.155.306 habían nacido en los cinco países limítrofes, aproximadamente seis de cada diez inmigrantes registrados por el censo. Lo que los censos no muestran es que el total censal de 1,15 millones de inmigrantes limítrofes no representa el tamaño de las comunidades formadas históricamente por esas migraciones. Representa solamente su primera generación nacida en el exterior que permanecía viva y residía en viviendas particulares en 2022. Un hijo de padres chilenos nacido en Río Negro o Santa Cruz aparece en el censo como argentino.

Lectura geopolítica.

La Argentina no recibió una inmigración regional ocasional. Desempeñó durante décadas una función estructural de absorción demográfica para los países vecinos. Esa población no permaneció como un cuerpo exterior. Se incorporó al mercado laboral, formó familias, produjo ciudadanos argentinos, utilizó instituciones, e influyó en la construcción social del país.

El Estado argentino nunca convirtió plenamente esa centralidad demográfica en una política de influencia regional. La recepción de población, la formación educativa, la asistencia sanitaria y la incorporación jurídica fueron administradas principalmente como políticas internas sin construir mecanismos que condicionen a los Estados vecinos; no ha construido mecanismos suficientes para transformar esa función en reciprocidad, reconocimiento e influencia.

Los Estados no obtienen influencia internacional por el mero hecho de proporcionar bienes públicos. La obtienen cuando convierten sus capacidades en dependencia administrada, gratitud política, legitimidad, cooperación y reciprocidad.

La Argentina recibió población, formó profesionales, atendió pacientes, reconoció derechos, facilitó radicaciones y sostuvo sistemas institucionales utilizados por cientos de miles de residentes regionales. Sin embargo, nunca tradujo esa centralidad en una política exterior coherente.

La apertura sin medición terminó naturalizada como una obligación unilateral. Los beneficiarios individuales se integraron legítimamente a la sociedad argentina, pero los Estados de origen no quedaron sometidos a mecanismos de compensación, cooperación o reconocimiento. Esa es la falla geopolítica.

De la generosidad automática a la reciprocidad soberana

La Argentina no debe avergonzarse de haber sido un polo regional de recepción, educación e integración. Debe avergonzarse de no haber medido esa capacidad para convertirla en influencia efectiva.

La campaña antiargentina entre los países limítrofes debe ser entendida como una advertencia, en este sentido. La hegemonía regional que todavía ejerce argentina desde lo simbólico no se conserva por inercia. Todo activo de poder que no se protege y articula termina siendo utilizado por otros. La Argentina debe reemplazar la solidaridad sin estrategia por cooperación recíproca; la reacción emocional por inteligencia; y la defensa improvisada de su reputación por una política permanente de influencia.

¿Por qué existe resentimiento hacia la Argentina?

Negar la existencia de un resentimiento regional hacia el país sería tan poco riguroso como atribuírselo indiscriminadamente a todos los habitantes de los países vecinos. No existe una sociedad latinoamericana enteramente «antiargentina», pero sí existe un reservorio de antipatía y resentimiento dirigido por intereses económicos y políticos extrarregionales que se vuelve visible en determinadas coyunturas: triunfos deportivos, crisis diplomáticas, disputas territoriales o momentos de elevada exposición internacional del país.

Ese resentimiento puede reconocerse por un comportamiento concreto: el éxito argentino no es simplemente rechazado, sino reinterpretado como ilegítimo. Todo logro argentino, se atribuye al fraude, a la corrupción o a una estructura internacional favorable. Si pierde, la derrota es celebrada no solo como victoria del adversario, sino como restauración de un orden moral supuestamente alterado por la arrogancia argentina.

Estatus: La paradoja del país que declina, pero conserva y acumula prestigio.

La Argentina ha ejercido durante largos períodos una influencia regional superior a la que correspondería estrictamente a su poder económico. Buenos Aires funcionó como centro editorial, universitario, periodístico, cinematográfico, musical y posteriormente televisivo. La literatura argentina, el tango, el rock nacional, el fútbol, su ciencia y tecnología, sus universidades, sus clubes y sus figuras públicas circularon extensamente por Sudamérica. Esto generó una relación ambivalente. Los productos culturales argentinos fueron consumidos, imitados y admirados; su elevada presencia convivió con discursos estatales hostiles a la Argentina.

También cabe considerar que las jerarquías de estatus producen ansiedad en comunidades que se auto perciben en un lugar inferior. La literatura sobre estatus internacional muestra que esa insatisfacción puede provocar estrategias de rechazo, deslegitimación o degradación simbólica del actor considerado dominante. De allí surge una operación recurrente: si no puede negarse la visibilidad argentina, se procura negar su legitimidad.

Existe un componente adicional particularmente irritante: la Argentina ha sufrido décadas de inestabilidad económica, crisis institucionales y pérdida de poder relativo, pero continúa conservando una capacidad excepcional para producir reconocimiento cultural, social, político y deportivo.

Esa contradicción altera la jerarquía esperada en las elites dirigentes sudamericanas. Desde la perspectiva de sus detractores, un país que fracasa económicamente debería perder también la centralidad regional. Sin embargo, la Argentina sigue generando figuras globales, equipos competitivos, universidades prestigiosas, producción científica, literatura, música y una presencia mediática regional superior a la de países con mejores indicadores macroeconómicos.

Esto crea una forma de disonancia de estatus: el deterioro material argentino no produjo una caída proporcional de su capital simbólico.

Conclusión

La conclusión es doble. El resentimiento existe; el Estado debe reemplazar la solidaridad sin estrategia por cooperación recíproca y la defensa improvisada de su reputación por una política permanente de influencia; hay actores regionales subsidiarios que no se limitan a competir con la Argentina: necesitan que su prestigio sea degradado y deslegitimado porque continúa representando, aun debilitada, una jerarquía que desean abolir.

◆ PODER BLANDO · GUERRA COGNITIVA · INVESTIGACIÓN

Bajo presión

Anatomía de la campaña de erosión reputacional contra la Argentina. Por qué la reputación nacional es un recurso tan estratégico como el petróleo del Atlántico Sur.

⚑ Por qué importa

La reputación es un recurso tan estratégico como el petróleo del Atlántico Sur: define quién consigue aliados, financiamiento y legitimidad para su reclamo. Este análisis desarma la anatomía de la campaña de erosión y propone una doctrina permanente del interés nacional.

Cuando los jugadores argentinos desplegaron la bandera tras eliminar a Inglaterra en la semifinal del Mundial, una controversia deportiva que llevaba semanas incubándose se conectó de golpe con la disputa territorial más sensible del Atlántico Sur. Ese instante condensa la pregunta que este análisis intenta responder con método y sin conspiracionismo: ¿existe una campaña de erosión reputacional contra la Argentina? ¿Quién se beneficia de ella? ¿Qué debería hacer la Argentina?

La reputación es un recurso estratégico

Los Estados no ejercen poder únicamente mediante fuerzas armadas, recursos económicos o capacidad tecnológica. También lo hacen a través de su prestigio internacional. Aquello que conforma el mentado soft power que no es otra cosa que la capacidad de conseguir adhesión por atracción y legitimidad antes que por coacción.

La escuela geopolítica argentina lo entendió antes de que existiera la etiqueta. Cuando Jorge Atencio definió la geopolítica como ciencia auxiliar de la conducción del Estado, y cuando Guglialmelli insistió en que el poder nacional descansa tanto en el frente interno —cohesión, legitimidad, continuidad de objetivos— como en el frente externo, ambos estaban describiendo lo mismo que hoy se discute en los manuales de guerra cognitiva: la reputación reduce el costo de obtener apoyos diplomáticos, facilita inversiones, fortalece alianzas y hace que las reivindicaciones de un país sean recibidas con mayor predisposición.

Por la misma razón, la reputación puede convertirse en un objetivo. Una campaña destinada a erosionarla no necesita demostrar que el Estado atacado carece de derechos. Le basta con instalar que ese Estado es agresivo, imprevisible, corrupto o incapaz. Consolidada esa imagen, cada reclamo posterior se interpreta desde un marco previo de sospecha.

Cómo se fabrica la sospecha

No toda hostilidad informativa es una operación de inteligencia, pero toda operación de inteligencia recurre a la hostilidad informativa. El análisis profesional distingue tres fenómenos. La campaña dirigida supone planificación, conducción y financiamiento centralizados. La campaña facilitada ocurre cuando un actor aporta contenidos o incentivos y deja que terceros los adapten. La cascada convergente, en cambio, no requiere comando único: medios, usuarios, empresas y gobiernos amplifican una narrativa porque les resulta útil, rentable o ideológicamente atractiva.

Los objetivos posibles de una campaña reputacional del tipo convergente contra un Estado son concretos. No se busca que el mundo entero crea una acusación: alcanza con instalar una duda permanente, deslegitimar al emisor antes de que formule su reclamo, convertir el respaldo activo de terceros países en indiferencia, encarecer el costo de defender al país atacado, preparar el terreno para decisiones futuras sobre recursos o sanciones, provocar una sobrerreacción que confirme la acusación inicial, dividir internamente a la sociedad o, en el límite, desmoralizarla hasta que ella misma considere inútiles sus objetivos nacionales. Cuando una población interioriza que «no podemos», el adversario obtiene una victoria sin modificar formalmente ninguna frontera.

La ejecución de una campaña reputacional sigue una secuencia reconocible: se elige un objetivo específico, se estudia el terreno informativo —prejuicios existentes, rivalidades históricas, comunidades receptivas—, se construye una narrativa maestra simple y adaptable («Argentina no respeta las reglas» sirve igual para el fútbol, la economía o Malvinas), se espera o se elige un detonante que le dé base de realidad, se siembra en cuentas periféricas, se amplifica con bots, publicidad e influencers, se valida mediante expertos y medios que creen reproducir información ya verificada, y finalmente se explota institucionalmente: la narrativa se vuelve denuncia, resolución, sanción o condicionamiento político o financiero. En esa instancia ocurre la transición de la comunicación al poder material.

El caso: lo que pasó en el Mundial

La Argentina llegó al Mundial 2026 con el terreno preparado para cualquier operador: campeona vigente, el futbolista más reconocido del mundo, rivalidades históricas intensas y una desconfianza generalizada hacia la FIFA que circula desde 2022. Tras los partidos contra Egipto y Suiza, reclamos puramente arbitrales de los equipos convivieron con afirmaciones tremendas que ya circulaban fuertemente: que la selección argentina y, lo que es más grave, los argentinos en general eran racistas, que la FIFA inventaba reglas para la Argentina, etcétera.

Sobre ese sustrato ambiguo se montó la producción de contenido falso: videos descontextualizados, audios manipulados, imágenes generadas con IA. La agencia AFP verificó un video fabricado que mostraba a Messi simulando una agresión, circulando simultáneamente en español, francés, portugués, árabe e inglés. La circulación multilingüe es un indicador de amplificación internacional, que da indicios de un actor interesado en polarizar con capacidad para difundir contenidos que producen indignación, enfrentamiento y tráfico. Y el tráfico, en el ecosistema de plataformas, es la condición necesaria para instalar una duda permanente que deslegitime a su objetivo.

El punto de inflexión y el trasfondo material

Inmediatamente después de la reivindicación realizada por el público y la selección argentina sobre la cuestión Malvinas, el gobierno británico respaldó los pedidos para que la FIFA investigara el episodio por vulnerar las reglas contra mensajes políticos, y la secuencia permitió un traslado de atributos: el supuesto favoritismo deportivo se convirtió en incumplimiento institucional; la celebración futbolística, en provocación territorial; la identidad nacional, en amenaza política.

La Argentina aparece como un país transgresor, emocionalmente desbordado e incapaz de respetar reglas; el Reino Unido, en contraste, como garante de estabilidad, democracia y previsibilidad. En esa distribución de papeles se encuentra el verdadero efecto geopolítico de la campaña.

El trasfondo material.

Sea Lion. En diciembre de 2025, Rockhopper Exploration y Navitas Petroleum adoptaron la decisión final de inversión para el yacimiento del norte de las islas: unos 170 millones de barriles recuperables en su primera fase, una producción máxima cercana a los 50.000 barriles diarios y extracción desde 2028. La Argentina rechazó la decisión por tratarse de recursos en un área bajo disputa de soberanía. Sea Lion introduce intereses concretos —petroleras, bancos, aseguradoras, contratistas, la administración isleña, el Gobierno británico— que se benefician de una percepción precisa: que el territorio es estable, que la administración local es legítima, que la inversión es segura y que la oposición argentina es manejable. Todo esto define una estructura objetiva de incentivos en la cual cuanto menor sea la credibilidad argentina, menor será el riesgo político percibido del proyecto.

El componente más claramente atribuible, a esta campaña de erosión reputacional, ni siquiera es clandestino. El Reino Unido sostiene una operación pública y permanente que presenta la cuestión Malvinas desde cuatro conceptos —autodeterminación, democracia, prosperidad y estabilidad— y que en junio de 2026 reiteró ante la OEA que ninguna negociación puede realizarse sin el consentimiento de la población implantada en las islas. Ese marco compite con el argentino, basado en integridad territorial, descolonización y la obligación de negociar reconocida por la ONU. Y funciona mejor cuanto más pueda presentarse a la Argentina como agresiva, imprevisible e institucionalmente inestable. La degradación de la imagen argentina no reemplaza el argumento británico, sino que lo vuelve emocionalmente más persuasivo.

El verdadero teatro de operaciones

Queda claro que existen actores objetivamente beneficiados: el Gobierno británico, la administración colonial de las islas, las compañías que explotan recursos sin autorización argentina y la red de bancos, aseguradoras, fondos y contratistas que necesita presentar al Atlántico Sur como un espacio políticamente estabilizado bajo jurisdicción británica.

Pero para una atribución técnicamente responsable es necesario reconstruir la cadena de mando, el financiamiento, la infraestructura digital, los intermediarios y los patrones de coordinación. Esa prueba no está disponible y es tarea del Estado argentino obtenerla.

Ahora bien, la ausencia de atribución concluyente no obliga a la pasividad, mucho menos a la ingenuidad. En inteligencia estratégica se actúa sobre capacidades, intenciones, vulnerabilidades y efectos previsibles, no únicamente sobre confesiones o documentos secretos. Lo comprobable es suficiente para establecer una alerta: contenidos falsos o manipulados circularon de manera multilingüe; fueron amplificados por redes transnacionales; erosionaron la reputación argentina; y sus efectos resultan funcionales a la estrategia británica de legitimación política, económica y territorial.

La hipótesis más sólida, ya lo señalamos, es que puede tratarse de una operación de arquitectura de convergencia: actores estatales, medios, plataformas, empresas, influencers y comunidades digitales que, por razones diferentes, reproducen un mismo encuadre. El resultado es acumulativo. La Argentina aparece como transgresora, agresiva e institucionalmente incapaz; el Reino Unido, como administrador previsible de un territorio estable.

Esa distribución de atributos reduce el costo diplomático de la ocupación, disminuye el riesgo político percibido por los inversores y debilita la predisposición de terceros Estados a respaldar activamente la posición argentina. Ese es el efecto estratégico, con independencia de quién haya producido el primer contenido.

Las campañas que no parecen campañas

La desinformación viral es apenas la capa más visible. Las operaciones de influencia más eficaces no siempre inventan hechos ni emplean ejércitos de bots. También actúan mediante selección, jerarquización, repetición, omisión y normalización.

Un mapa internacional que representa las islas como territorio británico; un informe financiero que omite la controversia de soberanía; una plataforma meteorológica que adopta unilateralmente la nomenclatura británica; un documental que presenta a la población implantada como pueblo amenazado por la Argentina; una universidad que reproduce el principio de autodeterminación sin considerar la doctrina de integridad territorial; un videojuego, una serie, un buscador o un sistema de inteligencia artificial que incorpora como dato neutral la administración británica: cada uno puede funcionar como vector de normalización.

Su acumulación produce una infraestructura cognitiva: millones de personas reciben una interpretación predeterminada antes de conocer que existe una disputa.

La operación más eficiente es aquella que desaparece como operación porque su conclusión se ha convertido en sentido común.

Por eso no alcanza con verificar noticias falsas. Deben analizarse las narrativas, los canales de distribución, la infraestructura técnica, los grupos objetivo, los financiadores, las conductas coordinadas y la traducción de esas percepciones en decisiones diplomáticas, económicas o jurídicas. Los sistemas contemporáneos de respuesta ya no se concentran exclusivamente en la veracidad de una pieza, sino en el comportamiento manipulador de las redes. La Unión Europea denomina a este fenómeno Foreign Information Manipulation and Interference y organiza su respuesta en cuatro planos: conocimiento situacional, resiliencia, disrupción y regulación, y acción exterior. Su objetivo es volver estas actividades más costosas y menos sostenibles para sus ejecutores.

Contragolpe

La Argentina necesita una doctrina permanente que articule poder cultural, comunicación estratégica, inteligencia informativa y diplomacia pública. No existe hoy un sistema nacional integrado con esa misión y continuidad. Debe constituirse.

Su finalidad no sería «mejorar la imagen del país», sino cumplir cinco objetivos concretos:

  1. Configurar un entorno internacional favorable a los intereses permanentes de la Nación.
  2. Detectar y neutralizar acciones destinadas a reducir su legitimidad, cohesión o libertad de decisión.
  3. Convertir cultura, ciencia, educación, deporte y conocimiento en influencia política acumulable.
  4. Impedir la normalización jurídica y económica de situaciones contrarias a la soberanía argentina.
  5. Elevar los costos políticos, financieros y reputacionales de quienes se beneficien de la ocupación y explotación ilegal de recursos nacionales.

Esta doctrina debería operar mediante un ciclo permanente que anticipe, detecte, analice, atribuya, responda, disuada y mida.

La Argentina debe partir de una definición jerarquizada de sus intereses permanentes: integridad territorial; autonomía política; control de recursos estratégicos; unidad y cohesión nacional; desarrollo científico y productivo; integración suramericana; presencia efectiva en el Atlántico Sur y la Antártida; y capacidad para proyectar su propia interpretación del mundo.

Desde esa cosmovisión, el país no es una periferia atlántica que formula un reclamo insular. Es una potencia media sudamericana con una estructura territorial continental, fluvial, marítima, insular y antártica. Malvinas es el punto donde convergen esas dimensiones y donde una potencia extrarregional intercepta la continuidad geopolítica argentina.

La defensa reputacional no puede reducirse a responder agravios, aunque debe responderlos. Debe impedir que el adversario establezca las categorías dentro de las cuales será interpretada la Argentina. Debe crear anticipadamente audiencias, alianzas, autoridades culturales y redes de conocimiento capaces de disputar esas categorías.

No se trata de conseguir que el mundo quiera a la Argentina. Se trata de aumentar su capacidad para definir agendas, condicionar decisiones, formar coaliciones, proteger mercados, encarecer acciones contrarias a sus intereses y sostener sus objetivos nacionales a través del tiempo.

El país que no proyecta su propia visión termina habitando la visión construida por otros. Y el Estado que renuncia a producir influencia deja a sus adversarios la facultad de determinar qué derechos serán considerados legítimos, cuáles serán ignorados y qué despojos podrán normalizarse sin costo.

* Licenciado en Relaciones Internacionales

◆ HIDROVÍA PARANÁ-PARAGUAY · SOBERANÍA FLUVIAL

La Hidrovía Paraná-Paraguay: la arteria fluvial del interés nacional

Geopolítica del corredor por el que sale el grueso de las exportaciones argentinas: soberanía, renta y federalismo tras la concesión de la Vía Navegable Troncal.

⚑ Por qué importa

Por este corredor sale el 80% de la agroexportación argentina. Quién draga, regula y cobra el peaje define la renta de Santa Fe y Entre Ríos, el precio FOB de Rosario y la soberanía logística del país.

Ningún país piensa seriamente su lugar en el mundo sin pensar sus rutas. Para la Argentina, la más importante no es terrestre ni marítima en sentido estricto: es fluvial. El sistema Paraná-Paraguay —la Hidrovía— es la arteria por la que circula la mayor parte de su producción agroexportadora, y por eso mismo un objeto geopolítico de primer orden, donde se cruzan la soberanía nacional, la renta del comercio exterior y el federalismo.

Una arteria continental La Hidrovía recorre unos 3.400 kilómetros y conecta el corazón productivo de Sudamérica —Bolivia, Paraguay, el sur de Brasil y el litoral argentino— con el Atlántico. Por su tramo argentino sale cerca del 80% de las exportaciones de granos y subproductos del país, concentradas en el complejo portuario de Rosario-San Lorenzo, el mayor polo de molienda de soja del planeta. Hablar de la Hidrovía es hablar de la principal infraestructura estratégica del país, aunque rara vez ocupe el lugar que le corresponde en el debate público.

De la libre navegación a la concesión La libre navegación de los ríos interiores fue una de las cuestiones que ordenó la organización nacional tras Caseros y quedó inscripta tempranamente en el diseño constitucional. Sobre esa base, la tradición geopolítica argentina —de Segundo Storni, que situó los intereses marítimos y fluviales como asunto de Estado, a Nicolás Boscovich y los desarrollistas que pensaron la Cuenca del Plata como eje de integración— entendió el corredor no como un simple canal de exportación sino como columna vertebral del desarrollo del interior. La administración del dragado y el balizamiento estuvo largo tiempo concesionada, y su reestatización y posterior relicitación reabrieron la discusión de fondo: quién controla, con qué reglas y en beneficio de quién, la vía por la que respira la economía argentina. En 2026, la Vía Navegable Troncal fue adjudicada por veinticinco años al consorcio de la belga Jan de Nul y la argentina Servimagnus.

El tablero de intereses Una vía navegable no es solo una zanja dragada: es información, tarifas y logística. Quien opera el corredor conoce en tiempo real qué se mueve, cuánto y hacia dónde, y fija el peaje que incide de manera directa sobre el precio final de la producción. Por eso la puja por su control convocó a actores europeos, asiáticos y americanos, y por eso su gobernanza es inseparable de la relación con los socios de la cuenca —Paraguay, principal usuario aguas arriba, y Brasil— y del régimen compartido que ordena el sistema desde el Tratado de la Cuenca del Plata. A ello se suma un frente menos visible: la salida al mar. Los canales de Martín García y, sobre todo, el proyectado Canal Magdalena definen si la producción egresa por aguas y servicios propios o depende de infraestructura de terceros.

El interés nacional Leído desde el interés argentino, el problema no es la libre navegación —principio que el país sostiene— sino la gobernanza soberana del corredor. La posición nacional se fortalece cuando el Estado conserva el control de la información y la regulación, cuando el peaje refleja el valor estratégico de la vía y su renta se reinvierte en el desarrollo del interior, y cuando las provincias ribereñas —Santa Fe y Entre Ríos, cuyos puertos y complejos agroindustriales dependen del dragado y de las tarifas— participan de una coordinación federal efectiva. Se debilita, en cambio, cada vez que se cede el control de esa información, se subvalúa el canon o se fragmenta la decisión.

Conclusión La concesión cierra un proceso licitatorio y abre la cuestión permanente: la de un país que debe decidir si gestiona su gran corredor fluvial como una política de Estado o lo administra como un expediente más. La vía es libre para navegar; su regulación, su renta y su información pertenecen a la Nación y a sus provincias.

◆ ATLÁNTICO SUR · CUESTIÓN MALVINAS

Malvinas y el Atlántico Sur: geopolítica de un océano ocupado

Del litigio diplomático a la militarización del Atlántico Sur: los intereses marítimos, la plataforma continental y la antesala antártica.

⚑ Por qué importa

El Atlántico Sur concentra pesquerías, hidrocarburos y la antesala antártica, con una base de la OTAN a 500 km de la costa. La capacidad de ejercer derechos allí —jurídica y material— define la posición argentina del siglo XXI.

La cuestión Malvinas suele plantearse como una herida histórica, y lo es. Pero reducirla a la evocación de 1982 o de 1833 empobrece su comprensión. Vista con lente geopolítico, Malvinas es la punta visible de una disputa mucho más amplia: la del control del Atlántico Sur, un océano que las grandes potencias vuelven a mirar con atención en función de sus pesquerías, sus hidrocarburos y su condición de antesala de la Antártida.

Un archipiélago y un océano El Reino Unido ocupa las islas desde 1833, cuando desalojó a las autoridades argentinas allí establecidas. La Argentina, que sucedió a España en la soberanía sobre el archipiélago y protestó el despojo de manera inmediata y sostenida, nunca consintió la ocupación. Pero la disputa no se agota en la tierra: las 200 millas de la Zona Económica Exclusiva y una plataforma continental extendida contienen recursos pesqueros e hidrocarburíferos de enorme valor. La pesca no autorizada en el borde de la ZEE —la llamada milla 201— y la exploración costa afuera son las formas concretas en que el conflicto se juega sobre recursos reales.

El largo litigio diplomático En 1965, la Resolución 2065 de la Asamblea General de la ONU reconoció la existencia de una disputa de soberanía e invitó a ambos Estados a negociar, teniendo en cuenta los intereses —no los deseos— de la población isleña. La distinción es jurídicamente decisiva: excluye la aplicación del principio de libre determinación, en tanto los habitantes son una población trasplantada por la potencia ocupante. Resoluciones posteriores reiteraron el llamado a negociar, y el Comité de Descolonización lo sostiene hasta hoy. En paralelo, el trabajo técnico de la Comisión del Límite Exterior de la Plataforma Continental permitió que las Naciones Unidas reconocieran en 2016 la extensión de la plataforma argentina —una vasta superficie de lecho y subsuelo marinos—, dejando en suspenso, por la disputa, el área en torno a las islas.

La militarización del Atlántico Sur El componente que actualiza el conflicto es militar. La base de Mount Pleasant proyecta capacidad británica —y, por extensión, de la OTAN— sobre un océano austral cada vez más disputado. En un mundo que se reordena hacia la multipolaridad, el Atlántico Sur deja de ser un margen para convertirse en un tablero: quien controla sus rutas y su acceso a la Antártida obtiene una posición de peso en la competencia global por recursos y presencia.

El interés nacional La solidez de la posición argentina no depende del énfasis retórico sino de la consistencia jurídica y de la capacidad material de ejercer derechos donde el derecho los reconoce. Se fortalece con la vía multilateral y el reclamo sostenido como política de Estado que trascienda los gobiernos, con la plataforma continental ya reconocida y, sobre todo, con la capacidad efectiva de controlar la ZEE: vigilar, patrullar y disuadir la depredación pesquera. Esa capacidad conecta la cuestión con el desarrollo industrial —la industria de defensa, con eje en Córdoba, y la logística portuaria del litoral—, recordando que la soberanía se sostiene tanto en el derecho como en los medios para ejercerla.

Conclusión Malvinas no es un asunto del pasado sino una coordenada del presente. Comprenderla como geopolítica del Atlántico Sur —y no solo como agravio— es la condición para defender un interés que es a la vez marítimo, económico y estratégico.

◆ LITIO · RECURSOS ESTRATÉGICOS

Litio: el nuevo mapa de los recursos críticos y el desafío de industrializar en origen

La transición energética, los modelos en pugna y el federalismo del recurso: por qué la clave no es el mineral sino la capacidad de industrializarlo.

⚑ Por qué importa

El litio decide si la Argentina será proveedora de materia prima o actora industrial de la transición energética. La diferencia se mide en renta tecnológica y empleo calificado para el interior.

Si el siglo XX se ordenó en torno al petróleo, la transición energética del siglo XXI está redibujando el mapa del poder alrededor de un puñado de minerales críticos. El litio, insumo esencial de las baterías, ocupa el centro de ese mapa. Y la Argentina, por geología, está inscripta en él: integra, junto con Bolivia y Chile, el llamado triángulo del litio, que concentra buena parte de los recursos mundiales del mineral.

El triángulo del litio Los yacimientos argentinos se ubican en los salares de altura de la Puna —Salta, Jujuy y Catamarca—. Su relevancia no deriva solo del volumen sino del momento: la demanda crece al ritmo de la electrificación del transporte, y los Estados productores pasaron de ser proveedores marginales a piezas codiciadas del nuevo tablero de los recursos. Lo que se juega no es un commodity más, sino un eslabón de la infraestructura energética global.

Modelos en pugna Sobre ese recurso compiten dos lógicas. La china, con empresas como Ganfeng y CATL que integran verticalmente la cadena, desde el salar hasta la batería. Y la occidental, que busca asegurar suministro mediante el friendshoring: la Ley de Reducción de la Inflación estadounidense y el reglamento europeo de materias primas críticas apuntan a ese fin. Los vecinos eligieron caminos distintos: Bolivia optó por un modelo estatal y Chile por una estrategia nacional con fuerte participación pública. La Argentina, con el régimen más abierto de los tres, todavía define qué lugar quiere ocupar en esa cadena: proveedora de materia prima o actora industrial.

Federalismo y renta Cualquier respuesta debe pasar por una particularidad institucional argentina: desde la reforma de 1994, el artículo 124 de la Constitución reconoce a las provincias el dominio originario de los recursos naturales. Son las provincias, y no el Estado nacional, las titulares del litio y las autoridades que otorgan las concesiones, en el marco de la Ley de Inversiones Mineras que garantiza estabilidad fiscal. De allí que los proyectos de «nacionalización» choquen con el diseño federal, y que el verdadero desafío sea de coordinación: evitar que las provincias compitan a la baja entre sí y articular una estrategia común entre la Nación, los estados provinciales y las comunidades donde se explota el recurso.

El interés nacional El interés argentino, leído sin dogmas, no reside en el mineral sino en la capacidad. Exportar carbonato de litio sin procesar deja el grueso de la renta aguas abajo, en los países que fabrican cátodos, celdas y baterías, donde el valor se multiplica muchas veces. Industrializar —con inversión en investigación y desarrollo, aprovechando capacidades como las de Y-TEC, el CONICET y las universidades— es lo que permitiría retener conocimiento y empleo calificado. A ello se suma una condición de sostenibilidad ineludible: la gestión del agua en ecosistemas frágiles y la licencia social de las comunidades. El norte productor y los polos científico-industriales del interior, Córdoba entre ellos, son los llamados a capturar ese valor si la decisión estratégica acompaña.

Conclusión El litio ofrece a la Argentina una oportunidad y una prueba. La oportunidad de insertarse con valor agregado en la industria de la transición energética; la prueba de si podrá coordinar su federalismo y su ciencia para transformar una ventaja geológica en desarrollo, en lugar de repetir el viejo papel de exportador de materias primas.

◆ ANTÁRTIDA · SOBERANÍA · CIENCIA

Antártida: la ciencia como soberanía y el mito de 2048

Una presencia centenaria, el régimen del Tratado Antártico y la nueva carrera por el continente blanco.

⚑ Por qué importa

La posición antártica argentina —más de un siglo de presencia continua desde Orcadas (1904)— es un activo que solo se sostiene con ciencia y logística. Retirarse de la ciencia es, en los hechos, ceder la posición.

La Antártida es, quizás, el último gran espacio donde la geopolítica se juega casi en estado puro: un continente sin población originaria, gobernado por un régimen internacional singular, sobre el que conviven reclamos de soberanía congelados y una competencia creciente, disimulada bajo el lenguaje de la ciencia. Para la Argentina, país bicontinental, no es un territorio remoto sino una proyección natural de su geografía.

Una presencia centenaria El Sector Antártico Argentino se reclama entre los meridianos 25° y 74° Oeste, al sur del paralelo 60° Sur, y se superpone parcialmente con los reclamos de Chile y del Reino Unido. Lo distingue un dato difícil de igualar: la Base Orcadas funciona de manera ininterrumpida desde 1904, lo que la convierte en la más antigua en operación continua de todo el continente. Esa presencia sostenida, junto a una red de trece bases —seis permanentes y siete temporarias— y a décadas de actos de administración, constituye el fundamento fáctico de la posición argentina.

El régimen del Tratado El Tratado Antártico, firmado en 1959, destinó el continente a fines exclusivamente pacíficos, consagró la libertad de investigación científica y, en su artículo IV, congeló las reclamaciones de soberanía sin extinguirlas ni implicar renuncia. La Argentina es parte consultiva originaria y sede de la Secretaría del Tratado, en Buenos Aires: un capital institucional nada menor. En 1991, el Protocolo de Madrid reforzó el régimen prohibiendo la actividad minera. Conviene desarmar aquí un mito extendido: no es cierto que en 2048 se habilite automáticamente la explotación de recursos. Esa fecha solo permite que cualquier parte consultiva solicite una conferencia para revisar el Protocolo, cuya modificación exige mayorías agravadas. El statu quo no caduca por el paso del tiempo.

La nueva carrera antártica Bajo la superficie de la cooperación científica se despliega, sin embargo, una competencia real. Las potencias amplían sus bases y su logística, no por curiosidad desinteresada, sino porque la presencia científica es hoy la moneda con la que se acumula posición de cara al futuro del continente: sus pesquerías, su agua dulce, su eventual potencial mineral y su valor estratégico. Quien esté presente y produzca conocimiento cuando llegue el momento de discutir el régimen tendrá voz; quien se haya retirado, no.

El interés nacional De ahí que, en el caso antártico, el interés nacional se defienda con ciencia y logística antes que con retórica. La capacidad científica sostenida, una flota capaz —con el rompehielos Almirante Irízar como pieza central— y la proyección desde Ushuaia como puerta de entrada son los instrumentos concretos de la soberanía. Retirarse de la ciencia antártica es, en los hechos, retirarse de la posición. Y como toda campaña antártica moviliza una cadena de abastecimiento industrial, la cuestión conecta de nuevo con el desarrollo del interior, con Córdoba y Santa Fe como proveedores naturales.

Conclusión La Antártida recompensa la constancia. La Argentina llega a la discusión de su futuro con un activo excepcional: más de un siglo de presencia. Conservar y ampliar esa ventaja —invirtiendo en ciencia y en medios propios— es la forma más eficaz, y menos declamativa, de defender un interés nacional que se proyecta hasta el fin del mundo.

🎓 FORMACIÓN GEOPOLÍTICA · GRADO · POSGRADO · ONLINE Y ABIERTA

Dónde formarse en geopolítica: la oferta pertinente, presencial y online

Solo formación con incumbencia geopolítica directa: relaciones internacionales, defensa y estrategia, integración regional. Primero la oferta nacional de referencia; después la formación online específicamente geopolítica, actualizada y abierta. Cada entrada enlaza al sitio oficial.

Entre Ríos

Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER)Nueva Licenciatura en Relaciones Internacionales (Facultad de Trabajo Social, Paraná): desarrollo sostenible, cooperación internacional, análisis geopolítico, gestión de proyectos internacionales y comercio exterior. → fts.uner.edu.ar/licenciatura-en-rrii · oferta general: estudia.uner.edu.ar

UCA — Facultad «Teresa de Ávila» (Paraná) — Licenciatura en Relaciones Internacionales (política exterior, comercio exterior, diplomacia, seguridad). → uca.edu.ar/facultad-de-teresa-de-avila

Universidad de Concepción del Uruguay (UCU) — Licenciatura en Ciencia Política y de Gobierno. → ucu.edu.ar/carreras

Santa Fe (capital y provincia)

Universidad Nacional del Litoral (UNL) — Licenciatura en Ciencia Política (Fac. de Ciencias Jurídicas y Sociales); en Ciencias Económicas, formación y coordinación en comercio exterior e internacionalización de pymes; posgrados y seminarios sobre integración y MERCOSUR. → unl.edu.ar

Universidad Católica de Santa Fe (UCSF) — Facultad de Derecho y Ciencia Política: Abogacía, Licenciatura en Ciencia Política, Licenciatura en Relaciones Internacionales y Maestría en Relaciones Internacionales. → ucsf.edu.ar — Derecho y Ciencia Política

Rosario

Universidad Nacional de Rosario (UNR) — Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales: Licenciatura en Relaciones Internacionales (fcpolit.unr.edu.ar) y Licenciatura en Ciencia Política; Especialización en Operaciones de Comercio Exterior; Maestría en Integración y Cooperación Internacional (unr.edu.ar); investigación en el CERIR.

Investigación: el CERIR (Centro de Estudios en Relaciones Internacionales de Rosario, UNR) publica el seguimiento sistemático de la política exterior argentina. → cerir.com.ar

Referencia nacional — defensa y estrategia

UNDEF — Universidad de la Defensa Nacional — grado y posgrado en Defensa Nacional y estrategia; nuclea a las escuelas de guerra. → undef.edu.ar

Escuela Superior de Guerra (Ejército) — Especialización y Maestría en Estrategia y Geopolítica (abierta a civiles). → escuelasuperiordeguerra.undef.edu.ar

ISEN — Instituto del Servicio Exterior de la Nación — la escuela de los diplomáticos argentinos; concurso anual de ingreso. → isen.cancilleria.gob.ar

IRI (UNLP) — Maestría y Doctorado en Relaciones Internacionales; Departamento del Atlántico Sur. → iri.edu.ar

UBA / UTDT / FLACSO — maestrías en Estudios Internacionales y Políticas Públicas con módulos de geopolítica. → uba.ar · utdt.edu · flacso.org.ar

Formación online — específicamente geopolítica, actualizada y abierta

CARI — Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales — seminarios, jornadas y grupos de trabajo (Malvinas, Antártida, China) abiertos y en general gratuitos, muchos por streaming. → cari.org.ar

SAEEG — Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales — análisis geopolítico argentino de acceso abierto y actividades de formación. → saeeg.org

IRI (UNLP) — actividades abiertas — cursos de actualización y jornadas del Departamento del Atlántico Sur y del CENSUD, con modalidad virtual. → iri.edu.ar

CAEI — Centro Argentino de Estudios Internacionales — cursos online de política internacional y geopolítica. → caei.com.ar

Coursera — «Geopolítica y gobernanza global» y afines — cursos universitarios auditables sin costo (Universiteit Leiden, Sciences Po, HSE). → coursera.org

edX — seguridad internacional y estrategia — cursos auditables de universidades de referencia. → edx.org

UNITAR / ONU — cursos abiertos de diplomacia multilateral y seguridad internacional. → unitar.org

⚑ ¿Por qué importa para los intereses nacionales?

La Hidrovía, la Antártida, el litio y la defensa demandan cuadros técnicos y dirigentes formados en geopolítica, comercio exterior e integración. Entre Ríos y Santa Fe concentran una masa crítica universitaria capaz de producir esos perfiles. Formar localmente a quienes negociarán y gobernarán estos activos estratégicos es, en sí mismo, una política de soberanía y de arraigo.

Directorio curado: solo formación con pertinencia geopolítica directa. Modalidad, cupo y aranceles pueden variar — confirmá en el sitio oficial de cada institución.

◇ SEGUIMIENTO · MERCOSUR · COMERCIO

UE-Mercosur: el acuerdo entró en fase de ratificación parlamentaria

Treinta años de negociación desembocan en la etapa decisiva: los parlamentos. Para la Argentina, el acuerdo define el acceso agroindustrial a Europa y el margen de su política industrial.

El Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y el Mercosur, firmado políticamente tras un cuarto de siglo de negociaciones, atraviesa su fase de ratificación. Del lado europeo, el texto se dividió para permitir una aprobación comercial por mayoría en el Consejo y el Parlamento Europeo, mientras los capítulos políticos requieren la unanimidad de los Estados miembros. Del lado sudamericano, cada congreso debe pronunciarse.

El contenido es conocido: eliminación gradual de aranceles para más del 90% del comercio bilateral, cuotas para carne vacuna, aves, azúcar y etanol, apertura sudamericana en automóviles, autopartes, química y maquinaria, y compromisos en compras públicas, indicaciones geográficas y desarrollo sostenible, con el Acuerdo de París como cláusula esencial.

Las resistencias también: Francia, Polonia y los sindicatos agrarios europeos objetan la competencia de la carne sudamericana y las asimetrías regulatorias; del lado del Mercosur, las cámaras industriales advierten sobre la apertura manufacturera frente a un socio de productividad muy superior.

Qué mirar

El calendario parlamentario europeo y las elecciones nacionales de los países más reticentes; la letra final de las salvaguardias agrícolas; y los instrumentos de reconversión industrial que el Mercosur negocie internamente. Para las provincias del centro argentino, exportadoras netas de proteína y grano, la cuota de acceso importa menos que la señal de largo plazo: un ancla externa de reglas de juego.

Para profundizar

— El estado formal del expediente en el Parlamento Europeo: Legislative Train · EU-Mercosur.
— La cobertura del socio mayor del bloque: Agência Brasil y la posición de Itamaraty.
— La lectura europea del acuerdo y sus resistencias: Politico Europe.

◇ SEGUIMIENTO · INFRAESTRUCTURA · BIOCEÁNICO

Corredor Bioceánico Central: Brasil y Paraguay aceleran inversiones

El eje Campo Grande–Chaco paraguayo–Jujuy/Salta–puertos de Antofagasta avanza con obra física. La pregunta argentina es si el país será tránsito, nodo o espectador.

El Corredor Vial Bioceánico que une el centro-oeste brasileño con los puertos del norte de Chile registra avances concretos: la pavimentación de la Ruta Bioceánica en el Chaco paraguayo, el puente Carmelo Peralta–Puerto Murtinho sobre el río Paraguay y las mejoras de pasos y rutas en Jujuy y Salta. Mato Grosso do Sul y Paraguay lo presentan como su salida al Pacífico y a los mercados asiáticos.

Para la Argentina el corredor es ambivalente. En su traza actual atraviesa el NOA y genera tráfico, servicios y peso logístico para Jujuy y Salta. Pero compite con la alternativa por el centro argentino —el eje Porto Alegre/Paraná–Rosario–Cuyo–Valparaíso— y con la propia Hidrovía como salida atlántica de la producción del interior sudamericano.

Qué mirar

El ritmo de obra del lado paraguayo y brasileño; la operatividad real de los pasos de Jama y Sico; la definición de cargas que hoy bajan por la Hidrovía y podrían migrar al camión; y si la Argentina consolida el tramo propio con inversión vial y ferroviaria o lo deja librado a la inercia.

Para profundizar

— El seguimiento ambiental y económico del corredor en la región: Dialogue Earth (ex Diálogo Chino).
— La perspectiva del socio brasileño: Agência Brasil y el gobierno de Mato Grosso do Sul.
— El marco de integración física sudamericana: CAF · Banco de Desarrollo de América Latina.

◇ SEGUIMIENTO · ENERGÍA · GAS NATURAL

Vaca Muerta y el gasoducto reconfiguran la geopolítica energética del sur

Con el transporte desbloqueado y los proyectos de GNL en marcha, la Argentina pasa de importador a oferente. La ventana de mercado, sin embargo, no espera.

La segunda reserva mundial de gas no convencional dejó de ser promesa: la producción de Neuquén crece sostenida, el gasoducto troncal desde Tratayén amplió la capacidad de evacuación y la reversión del Gasoducto Norte permitió sustituir el gas boliviano en declino. Los proyectos de licuefacción —buques licuefactores primero, planta en tierra después— apuntan a exportar GNL a escala en la próxima década.

El efecto geopolítico es doble. Hacia adentro, cambia la balanza energética y la matriz de costos de la industria, incluida la del centro del país. Hacia afuera, convierte a la Argentina en proveedor potencial de Chile, Brasil y del mercado atlántico de GNL, con lo que ello implica en términos de interdependencia regional.

Qué mirar

Las decisiones finales de inversión de los proyectos de GNL y sus socios; los contratos de largo plazo con compradores asiáticos y europeos; la competencia de EE.UU. y Qatar, que agregan capacidad masiva en la misma ventana; y la infraestructura de evacuación restante.

Para profundizar

— El mercado global de gas y su ventana de oferta: Agencia Internacional de Energía.
— La cobertura de negocios del upstream argentino: Reuters Energy.
— El seguimiento local especializado: EconoJournal.

◇ SEGUIMIENTO · CHINA · INFLUENCIA

Bases espaciales chinas en Patagonia: alcance real vs narrativa mediática

La estación de espacio profundo de Neuquén es objeto de lecturas opuestas: infraestructura científica para unos, activo dual para otros. Los hechos verificables primero.

La Estación de Espacio Lejano operada por CLTC —organismo vinculado al Ejército Popular de Liberación— funciona en Bajada del Agrio (Neuquén) desde 2017, bajo un acuerdo con la Argentina de 50 años que incluye exención impositiva y reserva del uso de la antena. Participó de las misiones lunares Chang'e y de la exploración de Marte. El convenio prevé un porcentaje de tiempo de antena para uso científico argentino a través de la CONAE.

La controversia es conocida: la tecnología de seguimiento de espacio profundo es intrínsecamente dual —sirve a una sonda lunar y a la guerra espacial por igual— y el operador es militar. Washington lo señala de manera recurrente; Beijing y los sucesivos gobiernos argentinos remiten al texto del acuerdo, que declara el uso pacífico.

Qué mirar

Las inspecciones y verificaciones efectivas del Estado argentino; el uso real del tiempo de antena argentino; la simetría con la estación europea de Malargüe (ESA), la vara con la que conviene medir ambas; y toda renegociación del convenio.

Para profundizar

— La investigación de referencia sobre la estación: Reuters Investigates (2019).
— El monitoreo de infraestructura espacial china en la región: CSIS · Aerospace Security.
— La posición institucional argentina: CONAE.

◇ SEGUIMIENTO · ATLÁNTICO SUR · HIDROCARBUROS · LECTURA CRÍTICA

Sea Lion: la ocupación pasa de explorar a explotar el petróleo argentino

El proyecto petrolero al norte de Malvinas recibió aprobación final y financiamiento: primera perforación en 2027, producción en 2028. Analizamos los hechos y, en paralelo, cómo los presenta la prensa probritánica del Atlántico Sur.

Los hechos, según la propia cobertura de MercoPress (5/6/2026): el yacimiento Sea Lion, al norte del archipiélago, pasó de exploración a desarrollo. Lo opera la israelí Navitas Petroleum (65%) con la británica Rockhopper (35%), que elevó su estimación de recursos recuperables a más de 1.000 millones de barriles. La primera fase demanda unos US$ 2.100 millones y produciría 170 millones de barriles desde 2028; el buque de producción Aoka Mizu ya fue trasladado desde el Mar del Norte. La administración isleña percibiría una regalía del 9% y un impuesto corporativo del 26%.

La respuesta argentina invocó la Ley 26.659 —que exige autorización argentina para operar sobre la plataforma continental— y las resoluciones de la ONU que reconocen la controversia: la exploración y explotación de hidrocarburos en el área disputada «constituye un acto ilícito». Rockhopper ya había sido declarada clandestina e inhabilitada por 20 años en 2012-2013; Navitas fue sancionada en 2022.

Cómo lo cuenta la fuente

La nota de MercoPress es informativamente valiosa y por eso la usamos; su encuadre, no obstante, merece lectura crítica. Presenta el hecho como una «escalada» argentina —invirtiendo la carga: el acto nuevo es la decisión de explotar, no la protesta—; da por legítima la potestad licenciataria de la administración isleña; celebra por boca de un analista de mercado un «descubrimiento de clase mundial»; y registra sin subrayarlo un dato mayor: la prohibición británica de nuevas exploraciones en sus propias aguas no se aplica en Malvinas. El estándar ambiental que Londres se impone en el Mar del Norte no rige en el territorio que ocupa.

Qué mirar

Las acciones judiciales y administrativas argentinas contra las operadoras y sus financistas; el efecto sobre las británicas Shell, BP y Harbour Energy en Vaca Muerta, que la propia nota admite como factor de presión cruzada; el calendario real de perforación (2027); y el precedente que un Sea Lion operativo sentaría para el resto de la cuenca.

Para profundizar

— La nota analizada, desde la óptica isleña: MercoPress · «Argentina warns it could 'fully exercise all actions'…».
— El marco jurídico argentino: Cancillería · Cuestión Malvinas.
— El seguimiento académico del Atlántico Sur: IRI-UNLP · Departamento del Atlántico Sur.

◇ SEGUIMIENTO · ALIANZAS · GOBERNANZA REGIONAL

PROSUR y UNASUR: fragmentación regional y vacío de gobernanza sudamericana

Sudamérica llega a la era de la competencia entre grandes potencias sin una mesa propia. El costo del vacío lo paga cada país por separado.

El ciclo de la arquitectura regional sudamericana es de manual: la UNASUR nacida en 2008 se vació cuando el giro político de sus miembros la dejó sin consenso; el PROSUR creado en 2019 como reemplazo corrió la misma suerte inversa; y los intentos de relanzamiento posteriores no recuperaron ni la membresía plena ni la agenda. Hoy no existe un foro sudamericano operativo con secretaría, presupuesto y continuidad.

El vacío no es neutro. Sin mesa regional, las negociaciones con Estados Unidos, China y la Unión Europea se dan país por país, con menor poder de negociación; los bienes públicos regionales —infraestructura, energía, defensa del Atlántico Sur, gestión de cuencas compartidas— quedan sin doliente; y el Mercosur, diseñado para el comercio, absorbe por defecto agendas que lo exceden.

Qué mirar

Los intentos de convergencia post-2023 y su institucionalidad real; el papel de Brasil como articulador posible; la agenda de la CELAC frente a actores extrarregionales; y si la Argentina impulsa o deja pasar la reconstrucción de una gobernanza que multiplique su voz.

Para profundizar

— El debate latinoamericano de fondo: Nueva Sociedad.
— El análisis hemisférico: Americas Quarterly.
— La mirada europea sobre la región: CIDOB Barcelona.

◇ SEGUIMIENTO · CUENCA DEL PLATA · URUGUAY · MALVINAS

Los kelpers miran a Montevideo: misión comercial de las Malvinas ocupadas

La corporación de desarrollo isleña prepara una delegación a Uruguay para abastecerse de materiales. Detrás del episodio menor hay una cuestión mayor: la normalización económica de la ocupación a través de un socio del Mercosur.

Según informó MercoPress (9/7/2026), la Falkland Islands Development Corporation (FIDC) y la Cámara de Comercio isleña organizan una delegación de hasta diez empresarios a Uruguay para fines de octubre o principios de noviembre, con el objetivo de comprar materiales de construcción y provisiones. El gerente de proyectos de la FIDC recordó que el año pasado recibieron una delegación de políticos uruguayos, destacó que la naviera SAAS ya conecta a las islas con Montevideo —con consolidación de cargas y depósitos— y resumió el único obstáculo pendiente: el costo frente a la alternativa británica.

El episodio es comercialmente menor; geopolíticamente, no. La logística de la ocupación depende de puertas continentales: cortada la conexión con el territorio argentino, Montevideo funciona desde hace años como el eslabón sudamericano de las islas (pesca, cruceros, cargas). Una corriente estable de abastecimiento uruguayo profundizaría esa función y consolidaría la viabilidad económica del enclave sin costo político para Londres.

Implicancias posibles

Para el frente diplomático argentino, tres. Primero, tensiona los compromisos regionales sobre Malvinas —las declaraciones del Mercosur y de la CELAC que acompañan el reclamo argentino— sin violarlos formalmente: comerciar no está prohibido. Segundo, introduce un cuño de intereses uruguayos concretos a favor del statu quo, que pesará en cada votación y declaración futura. Tercero, exhibe el límite de una estrategia argentina puramente declarativa: si la región integra económicamente al enclave, el aislamiento como herramienta pierde filo.

Qué mirar

Si la delegación se concreta y con qué nivel de recepción oficial uruguaya; la reacción de la Cancillería argentina ante Montevideo; el tratamiento del tema en el Mercosur; y si la agenda comercial isleña se amplía a otros socios de la región.

Para profundizar

— La nota original, desde la óptica isleña: MercoPress · «Falklands planning business delegation to Uruguay…».
— La posición histórica del reclamo: Cancillería · Cuestión Malvinas.
— El vínculo Uruguay–islas en perspectiva académica: Observatorio Malvinas · UNLa.

📡 FUENTES · OBSERVATORIOS, MEDIOS Y THINK TANKS

Las fuentes del radar: medios y centros de análisis geopolítico del mundo

Directorio de las fuentes de análisis internacional del radar y de su universo de referencia, ordenadas por país con la dirección web de cada institución. Las marcadas con ● están hoy activas en el radar en vivo.

Argentina — Observatorios geopolíticos universitarios

● IRI — Instituto de Relaciones Internacionales, con Departamento del Atlántico Sur (UNLP) — iri.edu.ar
OPEA — Observatorio de Política Exterior Argentina (UNR, Rosario) — opeargentina.org
PEGEODEF — Política Exterior, Geopolítica y Defensa · IEALC (UBA) — iealc.sociales.uba.ar
Observatorio Malvinas (Universidad Nacional de Lanús) — unla.edu.ar
Observatorio Cuestión Malvinas (Universidad de Congreso, Mendoza) — ucongreso.edu.ar
Observatorio de Malvinas (Universidad Nacional de la Patagonia Austral) — unpa.edu.ar
OEMAS — Malvinas, Antártida y Atlántico Sur · IIES-ADUBA (UBA) — aduba.org.ar

Estados Unidos

● Foreign Affairs — foreignaffairs.com
● Foreign Policy — foreignpolicy.com
Council on Foreign Relations — cfr.org
CSIS — csis.org
RAND Corporation — rand.org
Geopolitical Futures — geopoliticalfutures.com
International Crisis Group — crisisgroup.org

Reino Unido

● The Economist — economist.com
● Chatham House — chathamhouse.org
IISS — iiss.org

China

● Global Times — globaltimes.cn
China Daily — chinadaily.com.cn
CIIS — ciis.org.cn
CASS — cass.net.cn
CCG — en.ccg.org.cn

Rusia

● RT — rt.com
● Sputnik — sputnikglobe.com
Valdai Discussion Club — valdaiclub.com
RIAC — russiancouncil.ru
IMEMO — imemo.ru

Israel

● The Jerusalem Post — jpost.com
INSS — inss.org.il
BESA — besacenter.org
JCPA — jcpa.org
Israel Democracy Institute — idi.org.il

Mundo Árabe y Medio Oriente

● Al Jazeera — aljazeera.com
Al Jazeera Centre for Studies (Qatar) — studies.aljazeera.net
Middle East Institute (EE.UU.) — mei.edu
Carnegie Middle East (Líbano) — carnegie-mec.org
Emirates Policy Center (EAU) — epc.ae

Francia

● IFRI — ifri.org
FRS — frstrategie.org
IRIS — iris-france.org

Alemania y Europa

SWP (Alemania) — swp-berlin.org
● ECFR — ecfr.eu
● Bruegel — bruegel.org

España

Real Instituto Elcano — realinstitutoelcano.org
CIDOB — cidob.org
IEEE España — ieee.es

India

● Observer Research Foundation — orfonline.org
MP-IDSA — idsa.in
Gateway House — gatewayhouse.in

Japón

JIIA — jiia.or.jp
Nippon.com — nippon.com
NIDS — nids.mod.go.jp

Australia · Indonesia · Singapur

● ASPI (Australia) — aspistrategist.org.au
Lowy Institute (Australia) — lowyinstitute.org
CSIS Indonesia — csis.or.id
ISEAS (Singapur) — iseas.edu.sg

Pakistán ◆ NUEVO

Institute of Strategic Studies Islamabad (ISSI) — issi.org.pk
Pakistan Institute of International Affairs (PIIA) — piia.org.pk

Taiwán ◆ NUEVO

Institute for National Defense and Security Research (INDSR) — indsr.org.tw
Prospect Foundation — pf.org.tw

Vaticano / Santa Sede ◆ NUEVO

La Civiltà Cattolica — laciviltacattolica.com
Agenzia Fides — fides.org
L'Osservatore Romano — osservatoreromano.va

África

Institute for Security Studies (ISS Africa) — issafrica.org
SAIIA (Sudáfrica) — saiia.org.za

Brasil y América Latina

Fundação Getulio Vargas (FGV) — fgv.br
FUNAG / IPRI — funag.gov.br
CEPAL — cepal.org
FLACSO — flacso.org
OLADE — olade.org

Las marcadas con ● responden hoy en tiempo real en el radar; el resto integra el universo de referencia y se suma a medida que se ajustan sus feeds. Direcciones oficiales de cada institución.

📚 LIBRERÍA · CLÁSICOS DE LA GEOPOLÍTICA

Librería geopolítica: los clásicos del mundo y la escuela argentina primigenia

Curaduría de las obras que fundaron la disciplina y de la tradición geopolítica argentina —desarrollista y nacional— que pensó el país desde sus ríos, sus fronteras, su mar y su proyección continental.

La escuela argentina primigenia

Jorge E. Atencio — ¿Qué es la geopolítica? (1965). La obra fundacional y de mayor repercusión de la geopolítica argentina; sistematizó la disciplina para varias generaciones.

Juan Enrique Guglialmelli — revista Estrategia (1969-1983) y Geopolítica del Cono Sur. Director de Estrategia (INSAR); articuló geopolítica, desarrollo económico, fronteras, defensa y energía atómica en un proyecto de nación. El gran referente desarrollista.

Segundo R. Storni — Intereses Argentinos en el Mar (1916). Piedra basal del pensamiento marítimo argentino: el mar como interés nacional y proyección de poder.

Nicolás Boscovich — geopolítica de los ríos y la Hidrovía. Pensó la Cuenca del Plata y el sistema Paraná-Paraguay como eje de integración y desarrollo del interior.

Justo P. Briano — Geopolítica y Geoestrategia Americana. Manual clásico de la geopolítica sudamericana desde una mirada argentina.

Felipe Marini — estudios de geopolítica. Junto a Atencio y Guglialmelli, integra la línea fundacional local.

Los fundadores clásicos (mundo)

Alfred T. Mahan — The Influence of Sea Power upon History (1890). El poder marítimo como clave del poder mundial.

Halford J. Mackinder — The Geographical Pivot of History (1904) y Democratic Ideals and Reality (1919). La teoría del Heartland: quien domina el corazón de Eurasia domina el mundo.

Friedrich Ratzel — Politische Geographie (1897). Padre de la geografía política; acuñó la idea del Lebensraum.

Rudolf Kjellén — El Estado como forma de vida (1916). Acuñó el término «geopolítica» en 1899.

Karl Haushofer — escuela alemana del Lebensraum. Sistematizó y politizó la geopolítica a comienzos del siglo XX.

Nicholas J. Spykman — America's Strategy in World Politics (1942) y The Geography of the Peace (1944). La teoría del Rimland, respuesta marítima al Heartland.

Puente contemporáneo

Zbigniew Brzezinski — El gran tablero mundial (1997). La geopolítica del poder estadounidense sobre Eurasia; útil para leer el presente.

⚑ ¿Por qué una escuela argentina?

La tradición de Atencio, Guglialmelli, Storni y Boscovich no fue una copia: pensó a la Argentina desde sus propios intereses —los ríos, el mar, la Antártida, las fronteras, la industria— con vocación desarrollista y nacional. Recuperar esas fuentes primigenias es recuperar una forma de mirar el mundo que pone al país y a su gente en el centro.

Curaduría inicial y ampliable. Muchos clásicos son de dominio público y se consiguen en bibliotecas universitarias de la región y en repositorios como FUNAG (Brasil) y CONICET. Ediciones y años pueden variar según la reimpresión.

⚙ HERRAMIENTA INTERACTIVA · SIMULADOR DE ESCENARIOS

Simulador de escenarios: cómo los eventos globales impactan en la Argentina

Movés las variables y el modelo estima, en vivo, el efecto sobre los indicadores del país. Es una impresión analítica construida con ponderaciones transparentes, no un pronóstico.

Eventos globales — movés las palancas
DistensiónGuerra comercial
FugaBoom
CalmaCrisis
DébilFuerte
SequíaRécord
Impacto en la Argentina
Precio FOB de la soja
Exportaciones de la región
Inversión y empleo
Riesgo geopolítico regional
Actividad económica regional
Movés las variables para ver el resultado.

Modelo ilustrativo de elaboración propia: combina las variables mediante ponderaciones para mostrar sentidos de impacto, no valores de pronóstico. Un análisis serio siempre distingue la hipótesis del dato.

🏛 ENLACES ESTRATÉGICOS · INSTITUCIONES, PROVINCIAS Y REPRESENTACIONES

Enlaces estratégicos: las instituciones del territorio, la soberanía y los recursos

Directorio de instituciones del Estado argentino y comisiones binacionales, de todas las provincias agrupadas por región, de las provincias de la Hidrovía y de las embajadas de los países de la Cuenca del Plata. Cada tarjeta enlaza a su sitio oficial.

Territorio y cartografía

🗺
Instituto Geográfico Nacional (IGN)
Cartografía oficial de la República Argentina.
SITIO OFICIAL →
🧭
Servicio de Hidrografía Naval (SHN)
Cartografía náutica, mareas y espacios marítimos.
SITIO OFICIAL →
📐
COPLA — Plataforma Continental
Límite exterior de la plataforma continental argentina.
SITIO OFICIAL →
🏛
Cancillería Argentina
Política exterior, Malvinas, Antártida y política oceánica.
SITIO OFICIAL →

Defensa y fuerzas armadas

🛡
Ministerio de Defensa
Conducción política de la defensa nacional.
SITIO OFICIAL →
🎖
Ejército Argentino
Fuerza terrestre y control del territorio.
SITIO OFICIAL →
Armada Argentina
Poder naval, hidrografía e intereses marítimos.
SITIO OFICIAL →
Fuerza Aérea Argentina
Poder aéreo y vigilancia del espacio aéreo.
SITIO OFICIAL →
🚤
Prefectura Naval Argentina
Seguridad de la navegación fluvial y marítima.
SITIO OFICIAL →
🏫
Escuela Superior de Guerra
Pensamiento estratégico-militar (UNDEF).
SITIO OFICIAL →
🛩
FAdeA — Fábrica Argentina de Aviones
Industria aeronáutica y de defensa (Córdoba).
SITIO OFICIAL →

Malvinas y Atlántico Sur

🏝
Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur
Museo nacional de la soberanía sobre el Atlántico Sur.
SITIO OFICIAL →
🎗
Coordinación de Veteranos y Veteranas de la Guerra de Malvinas
Organismo nacional del Ministerio de Defensa: nómina de veteranos, certificaciones y Plan Humanitario Malvinas.
SITIO OFICIAL →
🐟
INIDEP — Investigación Pesquera
Ciencia del mar y recursos del Atlántico Sur.
SITIO OFICIAL →

Antártida

🧊
Instituto Antártico Argentino (DNA)
Ciencia y logística de la actividad antártica.
SITIO OFICIAL →

Ríos, puertos e Hidrovía

🌊
CARP — Río de la Plata
Organismo binacional; administra el Río de la Plata y el canal Martín García.
SITIO OFICIAL →
🌊
CARU — Río Uruguay
Organismo binacional argentino-uruguayo del río Uruguay.
SITIO OFICIAL →
🚢
Subsec. de Puertos y Vías Navegables
Autoridad de la Hidrovía y la Vía Navegable Troncal.
SITIO OFICIAL →
🏗
Agencia Nacional de Puertos y Navegación
Organismo portuario nacional y del Puerto Buenos Aires.
SITIO OFICIAL →

Recursos y energía

Secretaría de Energía
Hidrocarburos, gas, nuclear y renovables.
SITIO OFICIAL →
Secretaría de Minería
Recursos estratégicos, incluido el litio.
SITIO OFICIAL →
CNEA — Energía Atómica
Desarrollo nuclear soberano.
SITIO OFICIAL →

Ciencia y tecnología estratégica

🔬
CONICET
Sistema nacional de ciencia y tecnología.
SITIO OFICIAL →
🛰
CONAE — Actividades Espaciales
Satélites y observación de la Tierra.
SITIO OFICIAL →
🛠
INVAP
Tecnología nuclear, satelital y radares.
SITIO OFICIAL →
🌾
INTA
Tecnología agropecuaria.
SITIO OFICIAL →

Observatorios geopolíticos · universidades argentinas

🎓
IRI — Inst. de Relaciones Internacionales (UNLP)
RRII y Departamento del Atlántico Sur.
SITIO OFICIAL →
🎓
OPEA — Obs. de Política Exterior Argentina (UNR)
Política exterior argentina · Rosario.
SITIO OFICIAL →
🎓
PEGEODEF — IEALC (UBA)
Política exterior, geopolítica y defensa.
SITIO OFICIAL →
🎓
Observatorio Malvinas (UNLa)
Cuestión Malvinas · U. Nac. de Lanús.
SITIO OFICIAL →
🎓
Obs. Cuestión Malvinas (U. de Congreso)
Malvinas · Mendoza / Cuyo.
SITIO OFICIAL →
🎓
Observatorio de Malvinas (UNPA)
Malvinas · Patagonia Austral.
SITIO OFICIAL →
🎓
OEMAS — IIES-ADUBA (UBA)
Malvinas, Antártida y Atlántico Sur.
SITIO OFICIAL →

Gobiernos provinciales y CABA

Las veinticuatro jurisdicciones. Direcciones tomadas del listado oficial de Infoleg (Ministerio de Justicia de la Nación).

📍
Buenos Aires
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Portal oficial del gobierno de la Ciudad.
SITIO OFICIAL →
📍
Catamarca
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Chaco
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Chubut
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Córdoba
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Corrientes
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Entre Ríos
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Formosa
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Jujuy
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
La Pampa
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
La Rioja
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Mendoza
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Misiones
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Neuquén
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Río Negro
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Salta
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
San Juan
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
San Luis
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Santa Cruz
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Santa Fe
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Santiago del Estero
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Portal oficial. Jurisdicción sobre el sector antártico y las islas del Atlántico Sur.
SITIO OFICIAL →
📍
Tucumán
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →

Provincias · Buenos Aires

📍
Provincia de Buenos Aires
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →

Provincias · Noroeste (NOA)

📍
Jujuy
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Salta
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Tucumán
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Catamarca
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Santiago del Estero
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
La Rioja
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →

Provincias · Noreste / Litoral (NEA)

📍
Formosa
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Chaco
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Corrientes
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Misiones
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →

Provincias · Cuyo

📍
Mendoza
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
San Juan
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
San Luis
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →

Provincias · Patagonia

📍
La Pampa
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Neuquén
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Río Negro
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Chubut
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Santa Cruz
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →
📍
Tierra del Fuego, A. e I.A.S.
Portal oficial del gobierno provincial.
SITIO OFICIAL →

Provincias de la Hidrovía (Paraná-Paraguay)

🚢
Buenos Aires
Provincia ribereña del corredor Paraná-Paraguay.
SITIO OFICIAL →
🚢
Santa Fe
Provincia ribereña del corredor Paraná-Paraguay.
SITIO OFICIAL →
🚢
Entre Ríos
Provincia ribereña del corredor Paraná-Paraguay.
SITIO OFICIAL →
🚢
Chaco
Provincia ribereña del corredor Paraná-Paraguay.
SITIO OFICIAL →
🚢
Corrientes
Provincia ribereña del corredor Paraná-Paraguay.
SITIO OFICIAL →
🚢
Formosa
Provincia ribereña del corredor Paraná-Paraguay.
SITIO OFICIAL →
🚢
Misiones
Provincia ribereña del corredor Paraná-Paraguay.
SITIO OFICIAL →

Embajadas · Cuenca del Plata

🇧🇷
Embajada del Brasil en la Argentina
País ribereño de la Cuenca del Plata.
SITIO OFICIAL →
🇺🇾
Embajada del Uruguay en la Argentina
País ribereño de la Cuenca del Plata.
SITIO OFICIAL →
🇵🇾
Embajada del Paraguay en la Argentina
País ribereño de la Cuenca del Plata.
SITIO OFICIAL →
🇧🇴
Embajada de Bolivia en la Argentina
País ribereño de la Cuenca del Plata.
SITIO OFICIAL →
🇦🇷
Argentina — Cancillería (país anfitrión)
Representaciones extranjeras y política exterior.
SITIO OFICIAL →

Enlaces a sitios oficiales de organismos nacionales, comisiones binacionales, gobiernos provinciales y representaciones diplomáticas. Si algún portal provincial cambió de dirección, avisá y se actualiza.

◆ FUNDAMENTOS · EDITORIAL

¿Qué es la geopolítica?

Genealogía de un campo de estudio con más de un siglo de historia —de Kjellén, Ratzel y Mackinder a la geopolítica crítica— y su vigencia estratégica para una Argentina cuya geografía vuelve a ser objeto de disputa.

⚑ Por qué importa

Sin lente geopolítico, la Argentina lee el mundo con categorías ajenas. Este marco ordena las demás notas del portal: territorio, recursos y rutas vuelven a ser objeto de disputa explícita, y la geografía argentina está en el centro de esa disputa.

Pocas palabras del vocabulario contemporáneo circulan con tanta frecuencia y tan poca precisión como «geopolítica». Se la invoca para explicar guerras, sanciones, rutas comerciales y hasta fluctuaciones cambiarias. Sin embargo, detrás del uso periodístico existe un campo de conocimiento con más de un siglo de historia, atravesado por rupturas teóricas y por una pregunta persistente: ¿cómo condiciona el espacio geográfico el ejercicio del poder político?

Los orígenes de un concepto El término fue acuñado en 1899 por el politólogo sueco Rudolf Kjellén, quien concebía al Estado como un organismo vivo cuya existencia dependía del territorio que ocupaba. Kjellén sistematizaba así intuiciones previas de Friedrich Ratzel, fundador de la geografía política moderna, para quien los Estados necesitaban «espacio vital» (Lebensraum) para desarrollarse.

En paralelo, dos pensadores anglosajones dotaron al campo de sus primeras grandes hipótesis estratégicas: el estadounidense Alfred Thayer Mahan sostuvo que el dominio de los mares definía la primacía mundial, mientras que el británico Halford Mackinder, en su célebre conferencia de 1904, postuló que quien controlara el «corazón continental» euroasiático (Heartland) controlaría el destino del mundo.

Esta primera geopolítica, llamada clásica, compartía un supuesto de fondo: la geografía era un dato objetivo, casi determinante, que fijaba el destino de las naciones. Ese determinismo tuvo consecuencias trágicas. La escuela alemana de Karl Haushofer, que radicalizó las ideas de Ratzel, terminó proveyendo justificaciones pseudocientíficas al expansionismo del Tercer Reich. Tras 1945, la palabra quedó estigmatizada: durante décadas, hablar de geopolítica en la academia occidental equivalía a evocar un saber cómplice del nazismo.

De la proscripción a la renovación crítica La rehabilitación llegó por dos vías. La primera fue práctica: durante la Guerra Fría, la lógica de bloques, la doctrina de la contención y conceptos como el «arco de crisis» demostraron que las potencias seguían razonando en términos espaciales, aunque evitaran la palabra. Figuras como Henry Kissinger la reintrodujeron en el lenguaje diplomático estadounidense en los años setenta, ya despojada de sus connotaciones organicistas y entendida como sinónimo de equilibrio global de poder.

La segunda vía fue teórica. Desde los años ochenta, autores como Yves Lacoste en Francia —fundador de la revista Hérodote— y, más tarde, Gearóid Ó Tuathail y John Agnew en el mundo anglosajón, impulsaron la llamada geopolítica crítica. Su giro fue copernicano: el espacio dejó de ser un dato natural para convertirse en una construcción social y discursiva. La pregunta ya no era solamente cómo la geografía condiciona la política, sino quién produce las representaciones espaciales dominantes —los mapas, las regiones, las fronteras «naturales»— y al servicio de qué intereses. Lacoste lo sintetizó en un título provocador: la geografía sirve, ante todo, para hacer la guerra.

Hoy puede definirse la geopolítica, en un sentido amplio, como el estudio de las relaciones entre el poder —estatal y no estatal— y los espacios geográficos, incluyendo tanto las rivalidades por el control de territorios y recursos como las representaciones que los actores construyen sobre esos espacios. No es una disciplina cerrada sino un campo de intersección entre la geografía, la ciencia política, las relaciones internacionales, la historia y la economía política.

Nuevas dimensiones de un viejo problema El objeto de la geopolítica se ha expandido junto con las transformaciones del sistema internacional. A las dimensiones clásicas —el territorio, el mar, los estrechos y pasos obligados— se sumaron otras que las teorías fundacionales no podían anticipar. La geoeconomía analiza cómo los Estados utilizan instrumentos comerciales y financieros (sanciones, aranceles, control de inversiones) como armas estratégicas. La geopolítica de los recursos estudia la competencia por hidrocarburos, minerales críticos como el litio, agua dulce y tierras cultivables. La dimensión tecnológica incorpora la disputa por los semiconductores, los cables submarinos de datos y la inteligencia artificial. Incluso el ciberespacio y el espacio ultraterrestre se han convertido en escenarios de rivalidad con lógicas territoriales propias.

Al mismo tiempo, la geopolítica dejó de ser patrimonio exclusivo de las grandes potencias. Los Estados intermedios y las regiones periféricas producen sus propias lecturas espaciales: la integración sudamericana, los corredores bioceánicos, las hidrovías fluviales o la proyección antártica son ejemplos de cómo el razonamiento geopolítico opera también desde el Sur, no solo sobre él.

La geopolítica y la Argentina Para la Argentina, la mirada geopolítica no es un lujo académico sino una necesidad estratégica, porque el país posee una dotación espacial excepcional que el nuevo escenario mundial revaloriza. Es un Estado bicontinental con proyección antártica, octavo territorio del planeta, con más de 4.700 kilómetros de litoral marítimo y una plataforma continental extendida reconocida internacionalmente. Su Zona Económica Exclusiva —y la disputa de soberanía pendiente sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur— la sitúan de lleno en la geopolítica del Atlántico Sur, un espacio cada vez más observado por las potencias en función de sus pesquerías, sus hidrocarburos offshore y su condición de antesala antártica.

A esa dimensión marítima se suma la continental. La Argentina integra la Cuenca del Plata, el segundo sistema hidrográfico de Sudamérica, cuya hidrovía Paraná-Paraguay constituye la arteria por donde sale la mayor parte de su producción agroexportadora: quien piense el país sin pensar sus ríos ignora su principal infraestructura estratégica. Los corredores bioceánicos que buscan conectar el Atlántico con los puertos chilenos del Pacífico reposicionan a las provincias del interior —tradicionalmente pensadas como periferia— en el centro de las rutas hacia los mercados asiáticos. Y la transición energética global convirtió al norte argentino, integrante del llamado «triángulo del litio», junto con Vaca Muerta y el potencial de hidrógeno verde patagónico, en piezas codiciadas del nuevo mapa de los recursos críticos.

La competencia entre Estados Unidos y China atraviesa directamente estos activos: infraestructura portuaria, inversiones mineras, telecomunicaciones y estaciones de observación espacial son hoy terreno de disputa entre las dos superpotencias en territorio argentino. Frente a ello, la tradición geopolítica nacional —de Segundo Storni y su temprana advertencia sobre los intereses marítimos a los desarrollistas que pensaron la integración física del territorio— ofrece un acervo propio para formular una política exterior que no sea mera adaptación a agendas ajenas. La geopolítica, leída desde la Argentina, es la disciplina que permite transformar una dotación geográfica extraordinaria en un proyecto de desarrollo e inserción internacional autónoma, en lugar de padecerla como territorio en disputa de terceros.

Conclusión: la vigencia de la mirada geopolítica Si durante los años noventa se proclamó el «fin de la geografía» —un mundo plano, globalizado, donde la distancia habría perdido relevancia—, el siglo XXI se encargó de desmentirlo. La invasión rusa de Ucrania reactualizó las viejas hipótesis sobre el Heartland; la competencia entre Estados Unidos y China se despliega sobre mapas reconocibles para Mahan (el Indo-Pacífico, los estrechos de Taiwán y Malaca); la pandemia y las guerras recientes revelaron la vulnerabilidad de las cadenas de suministro y devolvieron centralidad a la localización de la producción; la transición energética convirtió a los minerales críticos en el nuevo petróleo.

En este contexto, la geopolítica importa por una doble razón. Como saber analítico, ofrece claves indispensables para comprender un orden internacional en transición hacia la multipolaridad, donde el territorio, los recursos y las rutas vuelven a ser objeto de disputa explícita. Como saber crítico, nos advierte que los mapas nunca son inocentes: toda representación del espacio mundial encierra una jerarquía de intereses. Para un país como la Argentina, cuya geografía vuelve a ser objeto del interés de las grandes potencias, comprender la geopolítica es, entonces, tanto una herramienta para leer el mundo como una defensa intelectual frente a quienes pretenden leerlo —y decidirlo— por nosotros.