El ciclo de la arquitectura regional sudamericana es de manual: la UNASUR nacida en 2008 se vació cuando el giro político de sus miembros la dejó sin consenso; el PROSUR creado en 2019 como reemplazo corrió la misma suerte inversa; y los intentos de relanzamiento posteriores no recuperaron ni la membresía plena ni la agenda. Hoy no existe un foro sudamericano operativo con secretaría, presupuesto y continuidad.

El vacío no es neutro. Sin mesa regional, las negociaciones con Estados Unidos, China y la Unión Europea se dan país por país, con menor poder de negociación; los bienes públicos regionales —infraestructura, energía, defensa del Atlántico Sur, gestión de cuencas compartidas— quedan sin doliente; y el Mercosur, diseñado para el comercio, absorbe por defecto agendas que lo exceden.

Qué mirar

Los intentos de convergencia post-2023 y su institucionalidad real; el papel de Brasil como articulador posible; la agenda de la CELAC frente a actores extrarregionales; y si la Argentina impulsa o deja pasar la reconstrucción de una gobernanza que multiplique su voz.

Para profundizar

— El debate latinoamericano de fondo: Nueva Sociedad.
— El análisis hemisférico: Americas Quarterly.
— La mirada europea sobre la región: CIDOB Barcelona.